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 Capítulo 138



- ¿Qué demonios paso…?


Yeo-rok, desconcertado, miró a Ji-ho, que yacía en la cama del hospital. Tenía una venda alrededor del cuello, el rostro lleno de moretones y parches, los ojos hinchados y su complexión amarillenta. Apenas parecía respirar; solo movía débilmente los labios como si le costara mantenerse con vida. Do-won había regresado a la habitación apenas dos horas después de haber salido. Dijo que Ji-ho había sufrido un accidente y que ahora estaba ingresado en otra sala del hospital. Desde el momento en que Yeo-rok se enteró de que Kang Chan-woo estaba involucrado, se preocupó profundamente por el estado de Ji-ho y quiso comprobarlo por sí mismo. Por eso le pidió a Do-won que lo llevara hasta allí.


- ¿Qué le pasó al jefe?


Yeo-rok bajó la cabeza como si fuera el culpable. Do-won dudó un momento antes de responder.


- ¿Recuerdas que Ji-ho hyung dijo que vendría a verte hoy?

- Sí…

—Parece que fue agredido por alguien de camino aquí.

—¿Fue Chan-woo?


Yeo-rok apenas pudo pronunciar el nombre. Do-won trató de ocultarlo, pero al ver la expresión de Yeo-rok, asintió, rindiéndose.


- Sí… eso dice. Pero cuando llegué al lugar, él ya estaba inconsciente. Así que no sé exactamente qué pasó.

- ¿Está muy herido? ¿Tendrá que operarse?

- Según el médico, por poco no afectó órganos vitales, así que no necesitará cirugía. Está dormido por efecto de la medicación.

- Yo… fue por mi culpa…

- No.


Do-won tomó con firmeza ambos hombros de Yeo-rok.


- El culpable es ese bastardo de Kang Chan-woo. No fuiste tú quien dejó a Ji-ho hyung así.

- P-pero puede que haya descargado su rabia contra el jefe por culpa mía…

- Aunque así fuera, no entiendo por qué eso sería culpa tuya. El que está mal es ese hijo de puta de Kang Chan-woo por hacer algo tan violento.

- …

- No te conviertas en tu propio verdugo. Tú no has hecho nada malo, Yeo-rok.


Poco a poco, los ojos de Yeo-rok se llenaron de lágrimas. Apretó los labios para no sollozar como un niño, pero las lágrimas brotaban sin parar. Do-won no dijo nada más; simplemente lo abrazó con fuerza y le dio suaves palmadas en la espalda. De él emanó un dulce aroma a feromonas que ayudó a calmar a Yeo-rok poco a poco.


- El médico dijo que la vida de Ji-ho hyung no corre peligro, así que no te preocupes.

- Está bien…


Do-won secó las lágrimas de Yeo-rok con su dedo índice, y luego ambos salieron lentamente de la habitación. Entonces, Do-won tomó su mano con fuerza. Era una calidez reconfortante, como si le estuviera transmitiendo su propio calor.



***



Así, Yeo-rok regresó a su habitación del hospital, se lavó la cara y se sentó en la cama. Había llorado a mares, por lo que sus ojos estaban hechos un desastre. Afuera, la noche ya había caído, y gracias a la luz tenue del interior, la habitación tenía un ambiente acogedor. En medio de esa atmósfera, Do-won, sentado en la cama, le hizo un gesto con la mano para que se acercara. Esa noche, él parecía aún más tierno que de costumbre. Yeo-rok se acercó con cuidado, se metió en la cama y se recostó en los brazos de Do-won.


- ¿Mi Yeo-rok se lavó bien la carita?


La forma en que lo susurró, como si hablara con un niño, hizo que a Yeo-rok se le encogieran los dedos de los pies por la cosquilla emocional.


- No hable así… Yo… soy un adulto.

- Lo sé. Un adulto al que le encanta el pastel de fresa.

- No me moleste.


Yeo-rok hizo un puchero, sacando los labios como un pato y girando la cabeza. Do-won lo abrazó más fuerte y sonrió.


- Está bien.


Do-won acarició suavemente la espalda de Yeo-rok, con una ternura similar a la de una madre con su bebé. Sin darse cuenta, Yeo-rok se apoyó en él como si realmente fuera un niño, a pesar de que unos segundos antes había dicho con seguridad que era un adulto.


- Tengo miedo de que le pase algo al jefe Ji-ho…

- No te preocupes. Ji-ho hyung ha estado al frente del equipo de Private Care durante mucho tiempo. Está acostumbrado a este tipo de cosas.

- ¿Le ha pasado muchas veces?

- Sí. Se encarga de proteger la vida privada de los actores. Curiosamente, nuestros artistas tienen más acosadores o fans obsesivos que en otras agencias, así que siempre pasan cosas raras. A menudo reciben amenazas o chantajes. También hay actores irresponsables que abandonan rodajes o causan problemas.

- Ah… ¿en serio?

- Sí. Pero Joo-bin —es decir, mi padre— cuida mucho la imagen pública. Por eso, todo lo desagradable se mantiene oculto. Creó el equipo de Private Care para proteger la vida privada de los actores y contrató a muchos talentos para ello. Gracias a esta gestión, la imagen de los actores de Seed Entertainment es impecable. Aunque la realidad sea un caos. El caso de Ji-ho también se manejará en silencio. Pero eso no significa que el culpable se vaya a quedar sin consecuencias. Solo quieren evitar que se convierta en un escándalo mediático.


- Pero en la agresión al jefe Ji-ho, también intervino la policía, ¿no?

- Haremos todo lo posible para que no trascienda.

- ¿C-cómo?

- La familia de Joo-bin es increíblemente rica en Estados Unidos. Tienen varios negocios, y entre sus miembros hay políticos. Joo-bin es uno de esos casos en los que alguien triunfa como actor por hobby. Además, su madre es hija de un congresista, y sus hermanos también están en la política, la policía, la medicina o dirigen medios de comunicación. Con ese tipo de conexiones y poder económico, pueden ejercer presión fácilmente.

- Eso es… impresionante…


Para Yeo-rok, todo sonaba como una historia de película, muy distante de su realidad. Pero Do-won hablaba con total serenidad.


- Por eso me esforcé tanto para caerle bien a mi padre. Pensé que sería muy útil tener a alguien así bajo mi control.


Por un momento, Do-won le dio la impresión de no estar hablando de un padre, sino de una bestia domesticada a sus pies. Le pareció tan frío que se preguntó si de verdad era humano. Pero ese pensamiento se desvaneció cuando Do-won le acarició la cabeza con una expresión tierna.


- Yeo-rok, vamos a dormir ya.

- Sí…


También podía sentir la dulzura tranquilizadora de sus feromonas, lo que poco a poco hizo que sus párpados se volvieran pesados. Cerró los ojos lentamente.Do-won, escuchando su respiración, miró el reloj digital. Cuando los números cambiaron significativamente, se levantó de la cama. Su silueta era la de una bestia nocturna, activa solo bajo la oscuridad. Con suavidad, soltó el cuerpo dormido de Yeo-rok de entre sus brazos, salió de la cama y se dirigió al vestidor. Se cambió de ropa con movimientos elegantes y entró a la despensa. Entre el fregadero y los utensilios de cocina, se encontraba una caja de herramientas. La abrió y tomó el mazo más grande y pesado. Con la mirada de un monstruo que ha recuperado una parte perdida de su cuerpo, salió de la habitación. Ahora, Do-won ya no era el tierno y amable Joo Do-won para Yeo-rok. Era un despiadado Beret. Con pasos amenazantes, caminó por el pasillo.


***


Desde algún lugar se oyó una vibración. Yeo-rok, que estaba profundamente dormido, abrió los ojos al escucharla. La luz tenue aún iluminaba acogedoramente la habitación, pero Do-won, que había estado a su lado, había desaparecido como si se hubiera desvanecido. El hecho de no verlo, cuando antes estaban tan juntos, despejó de golpe su mente nublada por el sueño.


- ¿Actor…?


¿Habrá ido al baño?, se preguntó mientras se frotaba los ojos. Entonces, la vibración sonó una vez más. Pensó que tal vez Do-won había dejado su teléfono o que podría ser el suyo. Revisó. Su móvil estaba sobre la mesita, conectado al cargador, pero el de Do-won no estaba por ninguna parte. Inquieto, Yeo-rok siguió el sonido. Provenía de debajo de la cama. Se agachó y recogió el teléfono. Al principio pensó que era el de Do-won, pero su rostro se tornó pálido al instante. Era el móvil de Chan-woo. Recordó que antes de enterarse del intento de asesinato contra Ji-ho, Do-won le había dicho que iba a deshacerse de ese teléfono. Parecía que, al salir apresuradamente, se le cayó y rodó bajo la cama. El teléfono estaba recibiendo una llamada, y debajo del número emisor aparecía una vista previa de los mensajes recientes:


<¿Por qué no apareciste en el centro comercial?>


Era la respuesta al mensaje que Do-won le había enviado a Chan-woo en nombre de Yeo-rok, diciendo que no podría asistir a la cita en Saliet. Ver ese mensaje en ese número confirmaba que el contacto era Chan-woo. Yeo-rok sintió que no debía contestar. Quería reclamarle por la agresión a Ji-ho, quería decirle muchas cosas, pero sabía que nada se resolvería por teléfono. Mientras pensaba en cómo reaccionar, la llamada terminó y llegó un mensaje:


<¿Es cierto que Joo Do-won es en realidad Beret Briss?>

<¿Es el hijo de un asesino serial? Qué sorprendente, ¿no?>


- ¿C-cómo…?


El corazón de Yeo-rok se hundió. Un sudor frío le empapó la frente y las palmas. ¿Cómo podía Chan-woo saber sobre el pasado de Do-won? En ese momento, el teléfono volvió a vibrar. Sintió un impulso incontrolable de contestar. Con manos resbalosas por el sudor, respondió.


—Kang Chan-woo… tú…


[Hace tiempo que no escuchaba tu voz, Yeo-rok. Es agradable.]


La voz animada de Chan-woo hizo que el corazón de Yeo-rok se hundiera aún más.


—Ese… ese mensaje… ¿qué significa?


[¿No tienes curiosidad de cómo supe algo tan impresionante?]


—N-no… no es cierto…


Yeo-rok lo negó de inmediato. Si daba siquiera una pista de que era verdad, podría perjudicar gravemente a Do-won. Aunque moría de ganas por saber cómo lo había descubierto, tenía que ocultarlo.


[Claro que lo es. Fue ese tal Kim Ji-ho, el jefe del equipo, quien lo soltó todo.]


—¡Tú…!


[Yeo-rok, quiero verte. ¿Por qué no sales un momento?]


—¿Qué?


[Si no quieres, está bien. Pero entonces puedo esparcir por internet toda la relación entre Beret Briss y Ju Do-won.]


Era una amenaza en toda regla. Las pupilas de Yeo-rok temblaron.


[Hay una panadería llamada Clancier frente al hospital. Te espero en el estacionamiento.]


Chan-woo cortó la llamada sin darle tiempo a responder. Yeo-rok se sujetó la cabeza con ambas manos. Sentía que no podía respirar ante la idea de que, por su culpa, el pasado de Do-won estuviera a punto de ser expuesto. Ya estaba siendo arrastrado por rumores de matrimonio, y si se sumaba esa revelación, todo sería un caos. Ya agobiado por el ataque a Ji-ho, Yeo-rok se levantó de la cama sintiéndose como un criminal.



***



Do-won giró con fuerza el picaporte de metal y abrió la puerta. Se reveló un espacio oscuro en el sótano, y él buscó y presionó un botón en la pared. Con la luz brillante encendiéndose, el interior se hizo visible. Había una pequeña cómoda, un televisor antiguo, y una cama donde yacía un hombre con bata de paciente. Este abrió los ojos.


- ¿Q-qué es esto…?


Do-won cerró la puerta tras de sí, la cerró con llave y se acercó. El hombre, desconcertado, no era otro que Jang-hu, quien había intentado asesinar a Yeo-rok en el centro comercial Salut, pero fue brutalmente golpeado por Do-won. Después de ser llevado en ambulancia, había logrado sobrevivir gracias a cirugía y tratamiento.


- Tú…


Al ver a Do-won aparecer de repente, Jang-hu retrocedió como si hubiera visto un fantasma. Pero Do-won se acercó sin dudar, le torció el brazo como si fuera a romperlo y lo empujó contra la pared para luego golpearle el dorso de la mano con el martillo.


- ¡Aaahhh!


El grito desgarrador llenó la habitación.


- Qué voz tan débil. ¿Así esperas que alguien venga a ayudarte?


Do-won esbozó una sonrisa perfecta. Jang-hu, temblando, miró su mano. Los dedos estaban doblados en ángulos grotescos, y los huesos parecían haber atravesado la carne, dejando una imagen espantosa.


- ¿P-por qué… de repente… por qué haces esto…?

- Porque el bastardo que te contrató hizo una mierda de las grandes. Por eso estoy aquí.

- ¿Qué? ¿Qué hizo Kang Chan-woo ahora?

- Maldito… nada sale bien por culpa de ese imbécil. ¿Lo sabías?


Do-won maldijo y luego lo golpeó con el martillo en el abdomen. Jang-hu gimió y se dobló hacia adelante de dolor.


- Levántate.


Con una voz más afilada que una cuchilla, Do-won lo obligó a incorporarse temblorosamente.


- Y… yo no tengo nada contra esa tal Eun Yeo-rok. Solo… solo estaba tratando de sobrevivir. No creas que me agrada ese psicópata de Kang Chan-woo…

- …

- Este tipo de trabajo no lo solicita alguien en su sano juicio. Todos están rotos por dentro, como una caja de música dañada. Kang Chan-woo es el más raro de todos. Me contrató para matar a la persona que dice amar.

- ¿Que ama?

- Sí. Ese loco está enamorado de Eun Yeo-rok. Lo ve como pareja, de forma romántica.

- Ha…


Do-won frunció el ceño, completamente incrédulo, y levantó de nuevo el martillo.


- ¿No es Kang Chan-woo un omega? ¿Cómo puede un omega sentir eso por otro omega?

- Hoy en día, hasta los alfas están con otros alfas. ¿Quién dice que los omegas no pueden?

- No trates de confundirme con estupideces para salvarte.

- No, te digo lo que me dijo cuando me contrató: “Mata a Eun Yeo-rok y tráeme su cuerpo. Quiero poseerlo por siempre.”

- ¿Qué?

- Y… y has visto la cara de Kang Chan-woo, ¿cierto? Es idéntica a la de Eun Yeo-rok. Eso es porque se operó. Ya sabes… a veces, cuando uno ama a alguien, intenta parecerse a esa persona.

- ¿Q-qué…?


Do-won lo miró con ojos llenos de confusión. ¿Kang Chan-woo… estaba enamorado de Eun Yeo-rok?



***



Los pasos de Yeo-rok, enfundado en su abrigo, estaban cargados de tensión. Incluso su respiración era agitada.


- Viniste, Eun Yeo-rok.


La voz de Chan-woo se apoderó con nitidez de los oídos de Yeo-rok, quien movió los ojos con nerviosismo. Aunque el estacionamiento estaba oscuro, la tenue luz de una farola permitía ver ligeramente el rostro de Chan-woo. Su mirada, que parecía diferente de la de antes, le provocó un escalofrío. Él se acercó y le extendió una caja de pastel.


- Es un trozo de pastel de Crancier, tu favorito. Lo compré hace un rato.

- Q-quítalo.


Yeo-rok le apartó rápidamente la mano. La caja del pastel cayó al suelo.


- Vaya… ¿por qué mi querido Yeo-rok se pone tan difícil?


Chan-woo se acercó más. A medida que la distancia entre ambos se acortaba, los rasgos de su rostro se hicieron más claros, y el corazón de Yeo-rok se oprimió con fuerza incontrolable. Aunque Chan-woo siempre se le había parecido, su mirada era distinta, y por eso Yeo-rok solía maquillarse. Pero el Chan-woo frente a él ahora… tenía exactamente el mismo rostro que él.


- T-tu… ¿por qué tu cara…?

- Ahora soy completamente igual a ti. ¿Verdad?


Chan-woo esbozó una sonrisa torcida. Luego tomó el mentón de Yeo-rok… y lo besó en los labios.


Capítulo 139


El inesperado beso de Chan-woo hizo que el circuito mental de Yeo-rok se detuviera, su cuerpo se quedó completamente inmóvil. No, más bien sentía como si el mundo entero se hubiera detenido. Pero cuando la lengua de Chan-woo intentó abrirse paso entre sus labios, recobró el sentido de golpe. Rápidamente lo empujó agarrándolo de los hombros. Un rayo en un cielo despejado habría sido menos impactante. Yeo-rok se cubrió los labios con la mano de inmediato.


- ¿P-por qué haces esto de repente...?


Ya era espeluznante ver un rostro tan igual al suyo, pero ese beso lo había sobrepasado todo. Chan-woo se acercó a Yeo-rok con una actitud desafiante. Aunque sus complexiones eran similares, al mirar con detalle, Chan-woo era un poco más alto.


- Tengo una pregunta... ¿me la puedes responder?

- ¿Qué...?

- ¿Es cierto que no fuiste al centro comercial Saliet ese día?


Se refería al día que Chan-woo lo había citado allí, exigiendo que le devolviera su teléfono. En realidad, Yeo-rok sí fue, pero Do-won, haciéndose pasar por él, le había enviado un mensaje a Chan-woo diciendo que no había asistido. Era una mentira para atraerlo, según Do-won. Aunque Yeo-rok no quería que él se pusiera en peligro por su culpa, pensó que desmentirlo ahora podría arruinar su plan, así que decidió seguirle el juego.


- Las cosas se complicaron… y no pude ir.

- Ha... ¿Por qué no me haces caso?


La voz de Chan-woo se volvió gélida. Yeo-rok guardó silencio. De pronto, Chan-woo se inclinó como si quisiera volver a besarlo. Yeo-rok rápidamente giró el rostro para evitarlo.


- No lo hagas... ¡No quiero!

- ¿No quieres...?


Los ojos de Chan-woo se volvieron vacíos y luego se alejó de Yeo-rok.


- Eras un desastre como doble.

- ¿Qué...?

- Gracias al "Kang Chan-woo" que tú creaste, odio aún más este mundo.

- ¿Qué hice mal...?


La respiración de Yeo-rok temblaba. Al principio, aceptó ser su doble por la deuda del hospital de su madre, pero también lo hizo porque sentía compasión por la débil salud de Chan-woo. No fue perfecto, pero se esforzó al máximo. Tanto Kang Ji-tae como Han Mi-ja quedaron satisfechos con el Chan-woo que Yeo-rok interpretó. Entonces, ¿qué era exactamente lo que Chan-woo quería de él?


- Al principio nos parecíamos. Pero Dios me dio un cambio que no deseaba.

- ¿Q-qué cambio...?

- Mi rostro empezó a cambiar, poco a poco, y dejó de parecerse al tuyo.


Yeo-rok no entendía lo que decía. Tal vez sus ojos eran distintos, pero en general sus rostros eran similares.


- Así que decidí rebelarme contra la voluntad de Dios.


Los ojos de Chan-woo se volvieron más turbios, como si disfrutara de la oscuridad. Yeo-rok sentía que la persona frente a él ya no era el Chan-woo que conocía. Desde el inicio, lo eligieron como doble por el parecido físico.


- Moldeé mi rostro como si esculpiera una estatua.

- ¿Q-qué estás diciendo...?


Yeo-rok intentó calmar su creciente desconcierto para poder pensar. De repente, Chan-woo había dicho que se iba a Estados Unidos por problemas de salud. Pero ahora había regresado con el mismo rostro que él. Era absurdo al punto de parecer que algún doppelgänger estaba actuando como Chan-woo. Pero pensándolo de forma realista, la respuesta era sencilla.


- ¿El motivo por el que fuiste a Estados Unidos... fue por cirugía estética?

- Así es. Bueno, de hecho, ya me venía operando desde antes.

- ¿Qué...?


Yeo-rok no veía a Chan-woo todos los días mientras era su doble. A veces pasaban tres semanas o se veían una vez por semana. Chan-woo siempre estaba enfermo y en cama, pero salvo por los ojos, sus rostros eran parecidos. ¿Significaba eso que, durante todo ese tiempo en que no lo vio, se había estado operando? El desconcierto dejó a Yeo-rok aturdido. Sentía las manos y pies helados, y el Chan-woo frente a él comenzaba a parecer un monstruo. Estaba a punto de huir, convencido de que no podía enfrentarlo por más tiempo.


«¿Joo Do-won es en realidad Beret Brice?»

«¿El hijo de un asesino en serie? Eso sí que es impactante...»


El mensaje que había recibido hace un momento de Chan-woo le vino a la mente. Era como si esas palabras se hubieran convertido en grilletes que ataban sus tobillos.


- Yeo-rok, si huyes de mí ahora mismo, ¿estás bien con que el mundo se entere del pasado de Joo Do-won?


Yeo-rok lo miró con furia, respirando agitadamente.


- ¿Qué es lo que quieres?


Si había una amenaza, significaba que también había una condición. Chan-woo sonrió ampliamente, como si hubiera estado esperando esa pregunta. Su mirada se posó en el vientre de Yeo-rok. Aunque llevaba puesto un abrigo que disimulaba su figura, su cuerpo había cambiado lo suficiente como para notarse.


- Como doble, cruzaste la línea.

- ¿Qué...?

- Yo nunca te dije que tuvieras el hijo de Joo Do-won.


El corazón de Yeo-rok se desplomó. Chan-woo lo observó con una expresión turbia y apretó el puño. Las venas de su mano sobresalían con claridad.


- No lo niegas, así que... ¿es verdad?

- ……

- Ese jefe de equipo llamado Kim Ji-ho me lo contó todo. Eres un omega de extrema dominancia, ¿cierto?


El rostro de Yeo-rok se oscureció. Inconscientemente intentó tocarse el vientre, pero se contuvo, sabiendo que solo confirmaría más su embarazo. ¿Debería negarlo? Pero ya no había marcha atrás. Aunque Ji-ho lo hubiera revelado, el mundo ya asumía como un hecho que Yeo-rok y Do-won estaban casados.


- Si no quieres que el mundo se entere del pasado de Joo Do-won, aléjate de él.


Finalmente, el verdadero propósito de Chan-woo salió a la luz. Los ojos de Yeo-rok temblaban con fuerza, sintiendo un nudo en la garganta.


- ¿Qué...?

- Si estás a su lado, yo no puedo convertirme en un omega de extrema dominancia, así que desaparece.

- ……

- Considera esto el precio por no haber ido al centro comercial Salut.


Yeo-rok apretó los labios con fuerza. Sus hombros comenzaron a temblar. Chan-woo lo miró fijamente y le puso una mano sobre el hombro.


- Ya tengo preparado el lugar donde deberás esconderte. No te preocupes. Solo tienes que alejarte de Joo Do-won.


Con una voz suave, Chan-woo acarició la mejilla de Yeo-rok. Sus palabras eran crueles, pero sus dedos eran delicados. Esa contradicción empujaba aún más a Yeo-rok al borde del abismo.


- Como compartimos tiempo juntos, te daré algo de margen para que te prepares. Ven al almacén Burim, al lado del aeropuerto de Incheon, el próximo jueves a las dos de la tarde.


Ese jueves era el día de la ceremonia de los Premios de las Artes de Corea, en la que Do-won asistiría.


- ……

- Será mejor que vengas sin que Joo Do-won se entere. A menos que quieras destrozar su futuro con tus propias manos...


Yeo-rok no quería alejarse de Do-won. Justo ahora que por fin veía claro un futuro a su lado, tener que renunciar era insoportablemente doloroso. Pero la propuesta de Chan-woo era algo a lo que no podía negarse. Desde un inicio, había ocultado su embarazo a Do-won por miedo a arruinar su carrera.


- ¿De verdad quieres que el mundo se entere de que Joo Do-won es hijo de un asesino en serie?


Era una amenaza tan cruel que parecía mejor ser apuñalado. Do-won había abandonado su identidad para poder vivir como un ser humano. Aunque ocultara su pasado, vivía entre constantes amenazas, convirtiéndose lentamente en un monstruo, cargando con la culpa. Yeo-rok no podía arrastrarlo al abismo. Cuando sus piernas flaquearon y estuvo a punto de desplomarse, Chan-woo lo sostuvo y lo abrazó. Fue un contacto húmedo, lascivo. Entonces, sacó el teléfono del bolsillo del abrigo de Yeo-rok. Era su propio móvil, el que tenía instalada la aplicación Lover. Borró el mensaje que le había enviado hace un momento y luego volvió a meter el teléfono en su bolsillo.


- Este teléfono es el lazo entre tú y yo. Así que hasta que volvamos a vernos, cuídalo bien.

- ……

- Siempre fuiste muy obediente. Por eso me gustas.


Una confesión oscura como el humo salió de los labios de Chan-woo.



***



- Maldito hijo de puta, Kang Chan-woo… 


Do-won maldijo por lo bajo mientras dejaba atrás a Jang-hoo y salía de la habitación del hospital. Era una sensación sucia, distinta a la vez anterior cuando Kang Chan-beom había intentado sobrepasarse con Yeo-rok. La razón por la que Kang Chan-woo deseaba a Yeo-rok provenía de un mecanismo de imitación. Así como Do-won sentía una conexión con Yeo-rok por ser su doble, Kang Chan-woo también había creado un lazo similar a través de esa suplantación. Pensar que ese afecto seguía una dirección parecida a la suya hacía que la sangre se le subiera aún más a la cabeza. No podía permitir que se lo arrebataran.


Sus ojos se tornaron más fríos. Si Chan-woo estuviera justo frente a él, le destrozaría el cráneo con un mazo sin pensarlo. Crujiendo los dientes, Do-won abrió la puerta de la habitación. Pero Yeo-rok, que debería estar durmiendo en la cama, no estaba. Una mala corazonada lo invadió y frunció el ceño. Se acercó para comprobar si aún quedaba algo de calor en las sábanas. Estaban frías, como si hubiese pasado un buen rato desde que Yeo-rok se había ido. Ya de por sí estaba nervioso por culpa de Chan-woo, y pensamientos inquietantes le cruzaron la mente. Rápidamente sacó su teléfono y llamó al número de Yeo-rok.


Para su sorpresa, el teléfono vibraba sobre la mesa de noche. No se lo había llevado. Do-won sintió que el mundo se le nublaba. Si ese cabrón de Kang Chan-woo había hecho algo sucio con Yeo-rok mientras él no estaba… Sus ojos se volvieron amenazantes y estaba a punto de salir disparado cuando escuchó el sonido del agua viniendo del baño. Un aroma dulce, de su gusto, también le rozó suavemente la nariz. Do-won se dirigió al baño. Vio que el pijama del hospital estaba cuidadosamente doblado a un lado. Se agachó y lo observó con una mirada seria.


- ……


Y luego se incorporó y abrió la puerta del baño.


- ¡Ah...! ¡Qué susto…!


Yeo-rok estaba duchándose dentro de la cabina. Con una esponja de baño y jabón corporal en la mano, su piel blanca estaba cubierta de espuma. Do-won, que había temido que Yeo-rok hubiera desaparecido, por fin se tranquilizó. La avalancha de emociones que lo había alterado comenzó a calmarse, pero con ello también llegó una oleada de sentimientos que lo desbordaban. Sus ojos se humedecieron y una calidez le subió hasta el pecho. Abrió la puerta de la cabina y entró.


- Ah... un momento, por favor.


Yeo-rok, apresurado, abrió la regadera y comenzó a enjuagarse el rostro dándole la espalda a Do-won. Pero este lo abrazó desde atrás. Aunque el agua de Yeo-rok mojaba su camisa y pantalón, no le importó en absoluto. Le encantaba la suavidad de su piel, la calidez de su cuerpo. Lo amaba tanto que no podía soportarlo.


- Pensé que habías escapado otra vez.

- No...


Yeo-rok negó con la cabeza y sostuvo firmemente la mano de Do-won.


- Desperté con el cuerpo un poco pesado, y pensé que una ducha caliente me ayudaría a sentirme mejor.


Mientras el agua le corría por el rostro, Yeo-rok se dio la vuelta y abrazó a Do-won. Apoyó su barbilla sobre su hombro, pegándose completamente a él. Era un abrazo sin espacio entre ellos, como si no quisiera dejar ni una rendija. Aunque transmitía paz, también había algo inestable en ese calor. Do-won no quería soltarlo y lo besó. Pero en ese momento, Yeo-rok apartó sus labios.


- ¿Qué pasa?

- ……


Yeo-rok no respondió, solo parpadeó con sus grandes ojos.


- ¿No quieres besarme?


Debido al estrés por culpa del maldito Kang Chan-woo, incluso una pequeña reacción de Yeo-rok lo afectaba profundamente.


- Ah, no, no es eso...

- Si no es así, entonces acéptalo.


Do-won susurró con intensidad y empujó a Yeo-rok contra la pared, iniciando un beso que rozaba lo forzado. Yeo-rok soltó un leve gemido antes de abrir los labios. La saliva húmeda se entremezcló mientras sus lenguas se enredaban con ardor. Yeo-rok también chupó con avidez la lengua de Do-won. El beso, compartido en un lugar húmedo, era aún más profundo. Los dos seguían explorándose mutuamente los labios, una y otra vez. Los grandes ojos de Yeo-rok temblaban, perdidos.



*** 


El Benz negro entró por las puertas abiertas de una mansión de estilo occidental. Pasó por un jardín lleno de árboles desnudos hasta detenerse frente a la gran casa. La puerta del conductor se abrió y el chófer bajó para abrir la puerta trasera. Chan-woo descendió con porte altivo y se dirigió hacia la mansión. ¿Será que la primavera por fin estaba llegando? El aire se sentía más suave y cálido que antes. ¿O tal vez era porque había visto a Eun Yeo-rok?


- Quién diría que Do-won tenía ese pasado... Si lo hubiera sabido desde el principio, habría usado eso como su punto débil...


Fue pura suerte encontrarse con el jefe de equipo Kim Ji-ho al ir al hospital a ver a Yeo-rok. Ya sospechaba que tenía alguna conexión con Yeo-rok, pero no imaginó que obtendría información tan explosiva y útil para chantajear: el pasado de Do-won, el cambio genético de Yeo-rok, su embarazo, e incluso el número de la habitación del hospital. Por eso esperó a que Do-won saliera de la habitación antes de mandar el mensaje a Yeo-rok. Además, como Ji-ho fue golpeado justo en los puntos vitales, era poco probable que sobreviviera. Matar a alguien seguía siendo divertido. Como un videojuego. Mientras reía para sí, la expresión de Chan-woo se volvió repentinamente pálida.


- Ya que Eun Yeo-rok se convirtió en una omega de tipo extremo, yo también debo serlo… también debo...


Chan-woo murmuró como si estuviera recitando un hechizo. Luego sacó su teléfono. Abrió la agenda de contactos y llamó al número guardado como “Jang Jin-seop”. Tras unos segundos de tono, una voz masculina, madura y grave respondió:


- ¿Cómo está, joven maestro Kang?

- Necesito que me prepare algo.

- ¿Qué necesita?

- Un arco compuesto.

- ¿Un arco?

- Sí. Uno que pueda usar yo.

- Entendido. Le avisaré en cuanto esté listo.


Tras colgar, Chan-woo esbozó una sonrisa enigmática y abrió la puerta principal, entrando en la sala de estar. En ese momento, escuchó pasos apresurados bajando desde el segundo piso. Con la mirada vacía, dirigió sus ojos hacia el sonido. Han Mi-ja, con el cabello recogido en un moño alto, bajaba jadeando como si fuera a colapsar. El vestido blanco que llevaba estaba arrugado por todas partes.


- Ch-Chan-woo… ¿qué vamos a hacer?


El rímel corrido de sus ojos se deslizaba en lágrimas negras que ya no podían contenerse.


- ¿Qué pasa?

- La policía llamó… dicen que Chan-beom atacó a la periodista Choi Ha-jin.

- ¿Qué?


Chan-woo abrió los ojos sorprendido. ¿Choi Ha-jin? El nombre le sonaba de algo, pero no podía recordar quién era exactamente.


- ¿Y quién es ese periodista?

- No lo sé con detalle. Solo sé que fue apuñalada en un club y está en el hospital, inconsciente...

- ¿Y Chan-beom? ¿Dónde está?

- Dicen que hay indicios de que huyó al extranjero…

- ¿Qué?


Chan-woo estaba desconcertado. En ese momento, Kang Ji-tae también llegó corriendo a la entrada con una expresión igualmente confusa.


- Vamos a ir a la comisaría primero. Te avisaremos según lo que pase.


Ella también se fue. Chan-woo, intrigado por quién era esa Choi Ha-jin, sacó su teléfono y la buscó en internet. Descubrió que era una periodista de tipo “cyber-lecca”, conocido por destapar y escarbar en la vida privada de celebridades. Recientemente había ganado atención al hablar del padre biológico de Do-won, pero luego fue atacada en un club y ahora estaba en coma.


- ¿Qué es todo esto?


Frunció el ceño.


Capítulo 140 



Yeo-rok entró a la habitación del hospital junto a Do-won. Bajo un cálido rayo de sol, Ji-ho les saludó moviendo la mano.


- Eh, ¿vinieron?


Su voz era enérgica. Gracias a eso, Do-won y Yeo-rok mostraron un rostro de alivio. Acto seguido, Do-won miró a su alrededor y sacó dos sillas del rincón de la habitación, colocándolas una al lado de la otra frente a la cama. Incluso sacó un pañuelo de su bolsillo y lo colocó delicadamente sobre una de las sillas, como si fuera un cojín. Era un pañuelo grande, cubriendo por completo la superficie del asiento.


- Yeo-rok, siéntate aquí.


La silla estaba limpia. No había razón alguna para colocar un pañuelo. Confundido, Yeo-rok miró a su alrededor. Ji-ho también lo miró con la misma expresión, preguntándose por qué estaba haciendo tanto alboroto.


- Estas sillas improvisadas las usa mucha gente, así que están llenas de bacterias y son sucias. Además, no estás solo, ¿cierto? Siéntate, por favor.


Defendiendo su lógica peculiar, le ofreció la silla. Yeo-rok intentó rechazarla, pero al ver los ojos de Do-won, curvados con una sonrisa pero llenos de una firme obstinación, prefirió no discutir frente a un paciente y simplemente se sentó. Solo entonces Do-won también tomó asiento junto a él.


- Despertaste sin problemas, hyung.

- Por supuesto. ¿No soy yo un inmortal?


Ji-ho agitó el brazo con un movimiento exagerado, pero se quejó de dolor enseguida. Do-won chasqueó la lengua.


- No te esfuerces tanto ahora que estás cerca de los cuarenta.

- ¡Aún me faltan tres años para eso! No me trates como a un viejo.


Ji-ho frunció los labios como un pato, visiblemente molesto.


Yeo-rok, con las manos juntas, observaba atentamente a Ji-ho. Ya había pasado una semana desde que fue atacado por Kang Chan-woo. Aunque recobró el conocimiento al día siguiente, las visitas habían estado prohibidas hasta hoy. Aún tenía vendajes en el cuerpo, pero su rostro lucía más saludable que antes. Aun así, Yeo-rok seguía preocupado por su estado.


- ¿Cómo se siente, jefe?

- Mucho mejor.

- De ahora en adelante tienes que aprender defensa personal, hyung. Tienes mejor físico que ese hijo de puta de Kang Chan-woo, ¿y así terminaste?


Además, Do-won le advirtió que nunca volviera a presumir de su fuerza. Ji-ho bajó las cejas.


- Haa... tienes razón. Lo siento. Le conté a Kang Chan-woo tu secreto...


Yeo-rok bajó la cabeza en silencio. Do-won se recostó con desdén en la silla, enviando una mirada que exigía que explicara todo de inmediato. Así, Ji-ho relató en detalle cómo fue arrastrado por Chan-woo después de visitar la panadería Crancier. Yeo-rok sintió cómo su pecho se apretaba al ver que el Kang Chan-woo que conoció recientemente y del que hablaba Ji-ho eran la misma persona.


- ¿Qué le contaste exactamente?


La voz de Do-won sonaba como si estuviera a punto de hacer algo terrible. Ji-ho, temblando, respiraba con dificultad mientras levantaba las manos.


- Le dije que tú... que tú vivías con otra identidad y que... Yeo-rok era un omega extremadamente dominancia y... que estaba embarazado... incluso le di el número de la habitación...


En ese momento, Do-won se levantó. Su sombra se alargó sobre Ji-ho, que se encogió del susto y se inclinó apresuradamente.


- L-lo siento, cometí un pecado imperdonable. ¡Do-won! Ese hijo de puta tenía un cuchillo... ¡yo también quería vivir!

- Que le haya dicho sobre la habitación y el embarazo me jode, pero... que le contara mi pasado, eso estuvo bien.

- ¿Eh?


Ji-ho y Yeo-rok lo miraron con la misma expresión. Por alguna razón, Do-won sonrió de lado.


- Así tengo una justificación perfecta para destruir a esa familia.

- De hecho, el presidente Joo vino esta mañana. Estaba furioso, insultando a Kang Ji-tae por ser un desgraciado. ¿Qué le dijiste para que se pusiera así?

- Nada del otro mundo. Solo que mi padre siempre fue muy obediente conmigo.


Do-won sonrió como un domador que controla a una bestia.


- Claro, así es.


Ji-ho asintió con la cabeza. Desde hacía tiempo, Joo-bin no sabía qué hacer cuando se trataba de las palabras de Do-won.


- De todos modos, me alegra verlo bien.

- He perdido diez años de vida. Pensé que de verdad iba a morir esta vez. Parece que mis antepasados aún no quieren llevarme.

- Por supuesto, tiene que vivir mucho más.


Do-won respondió con tono amable y luego se levantó de su asiento.


- Bueno, ahora tenemos que ir al ginecólogo.


Inclinó ligeramente la parte superior del cuerpo y extendió los brazos como si formara una cama.


- Yeo-rok, ven aquí.


El gesto de Do-won indicaba que quería cargar a Yeo-rok. De hecho, cuando vinieron a la habitación de Ji-ho, Yeo-rok había llegado en brazos de Do-won como un bebé acostado en una cuna. Do-won se negaba rotundamente a dejarlo caminar por sí mismo, y Yeo-rok no tuvo más opción que ceder ante su terquedad. Ya era incómodo cuando estaban a solas, pero ahora, hacerlo frente a Ji-ho lo ponía aún más nervioso. Por eso dudó.


- Yeo-rok, haz lo que Do-won dice.


Ji-ho le animó a dejarse cargar por Do-won. De todos modos, pensó que retrasarlo solo alargaría el espectáculo desagradable. Gracias a eso, Yeo-rok acabó envuelto en los brazos de Do-won. Entonces, sin siquiera despedirse de Ji-ho, Do-won se dio media vuelta y salió de la habitación. Mientras tanto, Yeo-rok se inclinó educadamente sobre el hombro de Do-won a modo de saludo.


Uno era un psicópata, ladrón y loco, y el otro era como un niño inocente. Ji-ho no podía imaginar cómo sería el hijo de esos dos.


- Realmente, se ha juntado una pareja extrema…



***



Ya en el pasillo, caminaron en dirección al área de ginecología. Aunque los pacientes y el personal médico los miraban de reojo, a Do-won no le importaba en lo absoluto. De hecho, se mostraba orgulloso.


- Hoy sabremos si nuestro bebé es una princesa o un príncipe.


La semana pasada, Ye-jun les había dicho que en esta ecografía ya podrían saber el sexo. Yeo-rok también sentía curiosidad por saber cuál sería el primer género asignado a la criatura que crecía en su vientre.


- Es verdad.

- Ahora que lo pienso, ni siquiera hemos elegido un nombre provisional, ¿cierto?

- Ah…

- ¿Cómo deberíamos llamarle?


Ante la pregunta de Do-won, la expresión de Yeo-rok se ensombreció por un instante. Pero pronto, forzó una ligera sonrisa.


- ¿Y si lo decidimos después de saber el sexo?

- Perfecto. Ojalá sea un omega que se parezca a ti, Yeo-rok.


Los ojos de Do-won se llenaron de ilusión. Yeo-rok, por su parte, deseaba que el bebé fuera un alfa que se pareciera a Do-won. No quería que heredará nada de sí mismo, alguien tan defectuoso.


“Si no quieres que el pasado de Joo Do-won se haga público, aléjate de él.”


Al recordar la amenaza de Chan-woo, Yeo-rok sintió como si una piedra de plomo le cayera directamente en el pecho.



***



- Aquí, si miran, ¿pueden ver al bebé? 


La voz amable de Ye-jun resonó dentro de la sala de ecografía. Yeo-rok, que estaba recostado en la camilla, alzó la cabeza para mirar el monitor colocado a la altura de sus ojos. En la pantalla en blanco y negro apareció la imagen del feto. Solo había pasado una semana, pero el bebé ya se parecía un poco más a un ser humano. Cada vez que Ye-jun movía el transductor sobre el abdomen de Yeo-rok, la forma del bebé temblaba suavemente. Le habían dicho que en esta revisión podrían saber el sexo del bebé, pero por más que Yeo-rok mirara la pantalla hasta que le dolieran los ojos, no lograba distinguirlo.


- El bebé está muy saludable. Escuchen el sonido del corazón.


Al presionar un botón del aparato de ultrasonido, se oyó claramente el sonido potente del pequeño ser latiendo con fuerza.


- Qué alivio - dijo Yeo-rok, con ojos maravillados, observando y grabando en su memoria la imagen del bebé.

- Doctor, es una princesa, ¿verdad?

- ¿Perdón?


Do-won, que estaba pegado al lado de Ye-jun mirando el monitor, hizo la pregunta con los ojos brillando de forma extraña. Ye-jun dudó un momento y se ajustó ligeramente los lentes que se le habían bajado por la nariz.


- Bueno... no sabría decirle con certeza.

- Como no se ve nada entre las piernas, debe ser una princesa. Tengo entendido que si es un niño, se ve un triángulo. Y si la inclinación desde la columna es menor de 30 grados, también se considera que es niña.


Parecía que Do-won había estudiado sobre la teoría del ángulo para determinar el sexo.


- Sí, de momento eso es lo que parece. Pero aún podría cambiarse en los próximos exámenes o al nacer.

- ¿Cambiarse?

- Sí. El ultrasonido no es 100% preciso. De hecho, hay más casos en los que creemos que es niña y termina siendo niño. Es especialmente raro que una persona embarazada con sexo primario masculino tenga una niña.

- Pero según lo que veo, definitivamente es una princesa...


Do-won se acariciaba la barbilla como si estuviera convencido. Sus ojos se llenaron de júbilo.


- ¡Wow…! Si es una princesa que se parece a Yeo-rok… madre mía.


Se tocó las mejillas, sin saber qué hacer con tanta emoción. Su expresión —con los ojos elegantemente curvados y una sonrisa serena en los labios— irradiaba belleza y bondad, pero Ye-jun, que conocía su verdadera naturaleza, no podía soportar mirarlo más y apartó la vista. Ajeno a los pensamientos de Ye-jun, Yeo-rok seguía con los ojos fijos en el monitor, como si no pudiera apartarlos. La manera tan concentrada con la que miraba a esa nueva vida en su vientre se sentía increíblemente pura.


- Quisiera que se pareciera a Do-won.


Al oír eso, Ye-jun se imaginó una hija parecida a Do-won. Sería tan hermosa que podría seducir a todos, pero considerando su personalidad... ¿podría siquiera llamarse humana? Le recorrió un escalofrío.


- Tiene que parecerse a nuestro adorable, encantador, hermoso, guapo y perfecto Yeo-rok.


Do-won respondió con una gran sonrisa, pero Yeo-rok se opuso de inmediato, negando con la cabeza. Comenzaron a discutir suavemente sobre a quién debía parecerse el bebé. Ye-jun, mientras manipulaba el transductor, los escuchaba con dificultad. La verdad, él también estaba del lado de Do-won. Si el bebé se parecía a Yeo-rok, al menos parecería un niño. Incluso al crecer, sería mejor así. Por el bien del futuro de Corea del Sur, no debía existir un descendiente idéntico a Joo Do-won.


- Entonces, ¿el segundo sexo solo se puede saber al nacer, cierto?


Do-won volvió a preguntarle a Ye-jun.


- Sí, eso no podemos saberlo aún. Pero dado que ambos tienen un rasgo extremadamente dominante, el bebé también lo tendrá.

- Si es una princesa, omega y parecida a Yeo-rok… ¿cuánto de hermosa sería?


La expresión de Do-won se volvió aún más emocionada. Parecía que en cualquier momento iría a comprarle vestidos y los colgaría en la habitación. Ye-jun, incapaz de soportarlo, apartó la vista nuevamente.


- Doctor, si un omega que ha cambiado de forma secundaria como Yeo-rok da a luz, ¿qué rasgo predomina en el bebé?

- En la mayoría de los casos, alfa. Debido a que el rasgo alfa extremadamente dominante se impone, suele ser muy claro.


Mientras respondía, Ye-jun sintió otra vez ese escalofrío. Si fuera una princesa, alfa, y además se pareciera a Do-won... prefirió dejar de imaginarlo. Do-won parecía pensar lo mismo, porque tenía la misma expresión. Solo el rostro de Yeo-rok se iluminó.


- ¡Si es una princesa alfa que se parece a Do-won, sería encantadora y hermosa!

- Yeo-rok… yo creo que eso… no sería bueno.


Do-won se quedó tieso como si hubiese caído al infierno. Ye-jun, que tampoco quería seguir imaginando a una hija idéntica a Do-won, cambió rápidamente de tema.


- Bien, ahora procederemos con la segunda prueba de malformaciones.

- Ah… sí.


Yeo-rok respondió recordando la primera prueba. Aunque se había emocionado por la idea de una princesa parecida a Do-won, de pronto volvió a recordar su oscura realidad y bajó la cabeza.



***



Después de terminar todos los exámenes, Yeo-rok salió del departamento de obstetricia acompañado por Do-won. Por supuesto, seguía en brazos de él, atrayendo las miradas de todos. Sin embargo...


- ¿Eh? ¿Por qué venimos por aquí?


El lugar al que llegaron no era una habitación del hospital, sino el estacionamiento. Pero no era el común, sino el de la zona VIP. Solo había un coche: un Tesla Roadster de color rojo vibrante. Era la primera vez que Yeo-rok veía ese modelo. Do-won lo bajó cuidadosamente al suelo y abrió la puerta del copiloto. Con un gesto caballeroso, le indicó que subiera. Como un cochero de la época medieval sirviendo a un joven noble, se mostró completamente respetuoso.


- Hoy quiero salir en una cita con el Eun Yeo-rok. ¿Aceptaría?

- Yo… ¿Por qué hablas así?


Yeo-rok se sintió avergonzado por lo cursi de Do-won, y sus mejillas se encendieron. Do-won se rió, como si disfrutara de su reacción. Su risa era como pétalos de flores flotando en el aire. Y así, el corazón de Yeo-rok también comenzó a calentarse. Pero entonces...


“¿Estás bien con que el mundo se entere de que Joo Do-won es hijo de un asesino serial?"


La voz de Chan-woo volvió a resonar en sus oídos. El corazón de Yeo-rok se congeló como si una tormenta de nieve lo hubiese golpeado de repente.


"Siempre he estado pecando. Siempre he querido ser perdonado de esos pecados. Por eso, al menos a ti… quería hacerte feliz."


También recordó la voz de Do-won frente a la rueda de la fortuna. En ese momento de decisiones, la elección de Yeo-rok era obvia. Aunque odiaba ser tan débil y tonto, no podía evitarlo. ¿Por qué, la primera vez que estuvieron juntos, le había suplicado que lo salvara? Por eso Do-won se involucró con él, se lastimó y corrió peligro. Se sentía terriblemente culpable y su corazón se volvía pesado. Poco a poco, los ojos de Yeo-rok comenzaron a humedecerse.


- Yeo-rok, ¿por qué lloras? ¿No quieres salir conmigo?

- Ah…


En algún momento, Do-won había tomado su rostro entre las manos y limpiaba sus lágrimas con los dedos.


- N-no es eso. Es que… bostecé.


Yeo-rok negó con rapidez, secándose las lágrimas con el dorso de la mano. No quería que lo vieran llorar, así que agachó la cabeza con prisa. Al hacerlo, notó su aspecto: llevaba la bata de paciente con el logo del hospital.


- Me da vergüenza salir vestido así.

- No te preocupes. Traje ropa preparada.

- Ah…

- Entonces, ¿rechazarás mi invitación a la cita?

- N-no, también me gustaría.


Yeo-rok sonrió con esfuerzo y subió al asiento del copiloto. Do-won, aliviado, cerró suavemente la puerta. Mientras Yeo-rok se abrochaba el cinturón, la expresión de Do-won cambió bruscamente. Sacó su teléfono a espaldas de Yeo-rok y marcó el número de Ji-ho.


- ¿Do-won? ¿Qué pasa?

- Hyung, ponle un equipo de vigilancia a Yeo-rok en secreto desde mañana.

- ¿Qué? ¿Pasó algo?

- Me parece que Yeo-rok fue mordido por una rata.

- ¿Qué? ¿Una rata? Está bien, entendido.


Después de terminar la llamada, Do-won frunció el ceño.


- Maldito Kang Chan-woo, hijo de puta.


Por un momento mostró una expresión amenazante, pero rápidamente volvió a su rostro de caballero mientras se acercaba de nuevo a Yeo-rok.





Capítulo 141



- Wow… es realmente hermoso.


El lugar al que llegaron tras salir del hospital era un café-librería frente al río. Su estructura de troncos entrelazados parecía sacada de una ilustración de cuento de hadas. Además, era un sitio que le resultaba familiar a Yeo-rok.


- ¿Lo recuerdas, Yeo-rok?

- Sí. Ya habíamos venido antes, ¿no?


Fue un lugar que visitaron cuando Yeo-rok llevaba más o menos un mes trabajando como ama de llaves de Do-won. Ese fue también el día en que recibió un flechazo de ballesta. Yeo-rok, al bajar del coche, abrochó cuidadosamente los botones de su abrigo tipo duffle coat. A simple vista, se notaba que era una prenda costosa, elegida por Do-won en la sección VIP de lujo de los grandes almacenes Yejin. Aunque el diseño era sencillo, el ajuste y la caída del abrigo eran elegantes. No tenía la etiqueta del precio, pero Yeo-rok asumía que costaba mucho más de lo que podía imaginar. Lo mismo aplicaba para el suéter, los pantalones y los mocasines que llevaba puestos. Como si leyera los pensamientos de Yeo-rok, Do-won insistió varias veces en que no eran cosas caras. Pero recordando cómo el personal los trató como clientes de honor en la tienda, era absurdo creerle. Aun así, no podía simplemente quitárselo, así que se prometió a sí mismo cuidar al máximo su apariencia.


Entraron al café. Ya la vez pasada había notado que era un lugar tranquilo, y esta vez no fue la excepción. Solo una pareja de ancianos tomaba té en un rincón. El lugar era silencioso, pero emanaba calidez. Los dos se pararon frente al menú tipo atril en el mostrador. Do-won se quitó las gafas de sol y miró a Yeo-rok.


- ¿Qué quieres tomar?

- Yo tomaré un té de yuzu.

- Perfecto. Yo también tomaré lo mismo.


Además, había pastel de fresa, así que también lo pidieron. El dueño del lugar, al ver a Do-won, le sonrió con familiaridad. Ya lo había reconocido la vez anterior y hasta le había pedido un autógrafo. Esta vez no lo pidió, pero alternaba su mirada entre Yeo-rok y Do-won, como si ya sospechara de la relación entre ambos tras haber oído rumores de un posible matrimonio de Do-won. Se sentaron en el mismo lugar que la vez anterior, al lado de una pared de vidrio desde donde se podía ver el río, que fluía suavemente como una pintura viva. Sentado frente a ese fondo, Do-won parecía una imagen de revista. A su lado había una estantería con los mismos libros que recordaban de su anterior visita. Al verlos, Do-won sonrió.


- Los libros que colocamos la vez pasada siguen exactamente en el mismo orden. Parece que nadie más los ha tocado.


En ese café, los libros no eran organizados por el personal, sino que los propios clientes los devolvían a su sitio. Allí seguían los libros La gaviota, Lo que el viento se llevó, y Macbeth, alineados uno junto al otro. Yeo-rok no recordaba la posición exacta de los libros, pero pensó que Do-won era realmente detallista.


- Los libros siguen igual, pero nosotros hemos cambiado mucho.

- Es verdad.


Habían ido allí a principios del invierno pasado, y ahora ya casi era primavera. Un corto periodo de tiempo, pero muchas cosas habían cambiado.


- La vez pasada estaba nervioso pensando que pedirías café, pero también tomaste té de yuzu, así que me tranquilicé. La cafeína es perjudicial para las embarazados, ¿sabes?

- ¿Eh?


Yeo-rok se quedó confundido. En ese entonces, ni siquiera sabía que estaba embarazado. Fue después, al recibir una herida en el hombro y visitar obstetricia, que lo descubrió. ¿No le había dicho Do-won que se enteró porque casualmente lo vio salir del hospital? Al notar el cambio repentino en el rostro de Yeo-rok, Do-won se dio cuenta de su error y dejó de hablar. Pero Yeo-rok no iba a dejarlo pasar.


- ¿Ya sabías de mi embarazo desde entonces?

- Ah… bueno…


Do-won desvió la mirada con incomodidad y finalmente asintió con la cabeza.


- Sí...

- ¿Cómo lo supiste?

- Cuando te desmayaste cargando pintura, me preocupé y llamé al médico de cabecera. Fue entonces que me lo dijeron.

- Ah…


El rostro de Yeo-rok se quedó vacío, en shock. Este alfa había sabido de su embarazo desde mucho antes. No podía reprocharle que se hiciera el desentendido, porque en ese entonces Yeo-rok no recordaba lo que le había pedido a Do-won, y él mantenía su distancia para no revelar que era un reemplazo. Además, aún le debía dinero a la familia de Chan-woo y tenía que enfrentarse a Do-won en lugar de Chan-woo. Aunque fuera con algo de diferencia temporal, la situación no había cambiado en esencia.


- Pensé que quería unirme a ti, Yeo-rok, pero no imaginé que incluso cambiaría mi biología.

- Supongo que esa noche conectamos muy bien.


Yeo-rok no recordaba todo con claridad, pero la sensación de placer intenso aún la tenía muy presente. Do-won también sonrió con los ojos.


- Ah, cierto. Quería revisar el teléfono del maldito hijo de puta de Kang Chan-woo, pero ya no estaba. ¿Sabes algo de eso, Yeo-rok?


Después de ser amenazada por Chan-woo, Yeo-rok había escondido ese teléfono bajo la cama, en un lugar profundo. Era el único medio que tenía para comunicarse con él si volvían a encontrarse.


- Pues… no sé… Pensé que tú lo habías retirado, Do-won.


Respondió con la mayor calma que pudo, aunque su voz temblaba. Do-won la miró fijamente a los ojos, pero enseguida cambió de tema.


- Gracias a Ji-ho, Chan-woo supo en qué habitación del hospital estabas. Estaba pensando en cambiarte de habitación. ¿Te parece bien?

- Sí…

- Entendido.


Poco después, el buscapersonas vibró, y Do-won fue rápidamente a recoger las bebidas. Yeo-rok bajó la cabeza mientras observaba su espalda alejarse.


- Aquí está el té.


Do-won colocó la bandeja con el té de yuzu y el pastel de fresa sobre la mesa. Cuando Yeo-rok extendió la mano para tomar su taza, Do-won se adelantó con rapidez y la colocó cuidadosamente frente a el. Hizo lo mismo con el pastel. Luego colocó su taza en su lugar y se sentó. Do-won siempre anteponía a Yeo-rok incluso en los pequeños gestos. Pensar en dejar a alguien tan atento le apretaba el pecho.


- …


Do-won, observando los ojos de Yeo-rok, removió el té con una cucharita y luego dio un sorbo.


- Está intenso y dulce.


Sus labios se curvaron en una sonrisa bonita. Yeo-rok asintió, de acuerdo.


- El té de yuzu aquí es muy bueno.

- Yeo-rok, prueba también el pastel de fresa.


Le acercó el plato.


- Tú también come, Do-won.

- Estoy bien.


Do-won se cubrió la boca con la mano, como si sintiera náuseas nuevamente.


- ¿Te sientes mal otra vez?

- No… es solo que…


Negó con una sonrisa forzada, pero su rostro decía otra cosa.


- Mejor lo empaquemos para llevar.

- No, cómelo ahora.

- Prefiero comerlo más tarde, cuando esté solo.


Yeo-rok llamó al empleado para pedir que lo empaquetaran. Este, muy amable, se llevó el pastel. Solo entonces el rostro de Do-won pareció recuperar algo de color. Yeo-rok, recordando que también tuvo náuseas en las primeras semanas al oler un pastel de Crancier que le dio Chan-woo, pensó que Do-won lo estaba pasando aún peor. Al ver a Do-won así, sintió curiosidad y preguntó:


- Do-won, ¿tú… desde la primera noche que nos conocimos, sospechabas que podía haber quedado embarazado?

- ¿Eh? ¿Todavía no recuperaste toda la memoria?

- No… Solo recuerdo que te hice una petición.


Yeo-rok recordaba que Do-won había sido cuidadoso con la protección esa noche. Pero también recordaba que, en algún punto, le había insistido para que se la quitara. ¿Fue entonces cuando pasó todo? De verdad, la combinación de su primera copa de vino y su primer ciclo de celo había producido un resultado increíble. Do-won, mientras la observaba, se recostó en el respaldo de la silla.


- El hecho de que estés embarazado es culpa mía, por ser un maldito idiota.

- …

- Fue un deseo impulsivo.


Aunque dijera eso, en aquel momento Yeo-rok no estaba en su sano juicio y le había hecho una absurda propuesta de matrimonio, así que era evidente que Do-won se dejó llevar por eso. Aun hoy, Yeo-rok no entendía por qué había actuado así. Su rostro se encendió de vergüenza. Do-won la miró con ternura y le tomó la mano con suavidad.


- Si Yeo-rok ha hecho algo mal…


Yeo-rok se tensó, esperando las siguientes palabras.


- …sería por ser tan guapo y bonito. Bueno, en realidad, si lo piensas, tal vez fue mi culpa por enamorarme de ti.

- Do-won, ¿por qué siempre dices que todo es culpa tuya…?


Yeo-rok respondió, visiblemente incómodo.


- Es la verdad.


Do-won siempre parecía entender los sentimientos de Yeo-rok como si pudiera leer su mente. Sabía que Yeo-rok se estaba culpando, y claramente intentaba aliviar ese sentimiento. No importaba lo que dijera Yeo-rok, él insistiría en tomar la responsabilidad.


- Aun así, me siento increíblemente feliz solo de pensar que nacerá una princesita parecida a ti.


Sus ojos brillaban con satisfacción.


- No hay garantía de que se parezca a mí. Puede parecerse más a ti, Do-won.


Ante esa suposición inquietante, el rostro de Do-won volvió a ensombrecerse.


- Entonces no sería una princesa, ¡sino una bruja! En fin, ¿qué nombre provisional le pondremos al bebé?

- Pues… no lo sé.


Yeo-rok sonrió con torpeza. Con la inminente partida que le esperaba, elegir un nombre provisional solo haría todo más doloroso. Evadir el tema también le dejaba un sabor amargo. Incapaz de enfrentar a Do-won, desvió la mirada hacia la ventana. Al otro lado del río, vio una noria familiar.


- ¿Eh? ¿Esa no es la misma noria del parque de diversiones al que fuimos la otra vez?


Era la misma que había visto cuando Do-won le habló de su pasado. Do-won también la miraba.


- Sí. Ese parque está cerca de aquí. Ver el lugar donde nos conocimos por primera vez desde este ángulo… se siente diferente.


Habló con tono significativo. Pero Yeo-rok, con el ceño fruncido, preguntó confundido:


- Por más que pienso, no recuerdo haberte conocido ahí, Do-won.

- Mmm… eso es porque…


Do-won frunció el ceño y miró hacia una estantería. Se levantó, tomó un libro y volvió a su asiento. Era el mismo libro infantil que le había mostrado antes: El ciervo florido y el payaso.


- En realidad, leí este libro aquí hace mucho tiempo. Pensé que te gustaría y por eso lo compré.


Extendió suavemente el libro hacia Yeo-rok. El recuerdo del cuento le trajo una pesada sensación al pecho. En la historia, el ciervo, rescatado por el payaso, se unía a su circo, pero acababa siendo obligado a actuar disfrazado de león y era maltratado. Finalmente, escapaba gracias al payaso una vez más.


- Este cuento fue triste.

- ¿Por qué?

- Hubiera sido bonito que el payaso escapara con el ciervo cuando huyó del circo.


Ante ese deseo, Do-won esbozó una sonrisa tenue.


- Pero al ver al ciervo sin la máscara de león, el payaso seguramente sintió que él también había sido liberado.

- …

- Porque lo amaba.

- ¿Dices que… lo amaba?

- Yo también vi, hace tiempo, a un ciervo con una máscara de león. Estaba llorando. Me enamoré de él, y para ganarme su favor, le ofrecí una rosa.

- No… no entiendo a qué te refieres.


Yeo-rok solo quería saber cuándo se habían encontrado por primera vez. Usar una metáfora de un cuento lo confundía. Recordaba haber recibido una rosa de alguien disfrazado de payaso en un parque de diversiones, hacía mucho tiempo. Un momento… Sus pupilas se dilataron.


- No puede ser… ¿era el payaso…?

- Digamos que nuestro primer encuentro quedará como mi pequeño secreto.


Las mejillas de Do-won se tiñeron de un sonrojo tímido. Quería desviar el tema. Pero Yeo-rok no iba a dejarlo escapar. Tomó su mano con rapidez.


- Ese payaso eras tú, ¿verdad?


Do-won sonrió suavemente, confirmando con su expresión. Los ojos de Yeo-rok temblaron al comprenderlo.


- Solo fue un instante aquel día…

- Para ti fue un instante. Para mí, fue un momento largo e intenso. Sobre todo…


Do-won acarició suavemente la nuca de Yeo-rok.


- Incluso entonces, desprendías un aroma… tan excitante…

- Ah…


Aunque se pensaba que Yeo-rok era un beta, en realidad era un omega recesivo. Su aroma era tan sutil que nadie más lo notaba, pero un alfa extrema dominancia como Do-won sí lo había percibido.


- Nunca creí en el amor a primera vista, pero me pasó. Me enamoré de ti al instante.

- …

- Para mí, Yeo-rok, tú eres inmenso. Cada segundo quiero mirarte, quiero estar contigo. Así que no me dejes.


¿Por qué? ¿Por qué este hombre lo conocía tan bien?


- Te amo.

- …

- Y ni diciendo esto cientos de veces sería suficiente…


Yeo-rok sintió un nudo en la garganta. Do-won se levantó, se inclinó sobre la mesa y lo besó. Sintió las miradas de un empleado y un anciano en la cafetería, pero no le importó. Lo único que importaba era el calor y los labios de Do-won.





Capítulo 142


La callejón sombría era fría a pesar de ser de día. Chan-woo caminaba por ella. Detrás de sus gafas de sol, sus ojos afilados y feroces brillaban con intensidad. Pronto llegó a un establecimiento sin letrero. Chan-woo miró a su alrededor y luego abrió una puerta de metal.


- ¿Ha llegado el joven maestro Kang?


Un hombre, sentado en una silla de oficina, lo recibió con cortesía. Vestía un traje anticuado y tenía un cigarro en la boca. Chan-woo entró con una postura altiva.


- ¿Tienes preparado el encargo, señor Jang Jin-seo?

- Por supuesto.


Jang Jin-seop se levantó y se acercó a un armario. En su interior había una colección de armas de contrabando, almacenadas para evitar los ojos de la ley. Sacó una caja metálica y la colocó sobre la mesa.


- Es esto.


Chan-woo la abrió. En su interior, una ballesta negra y unas flechas mostraban un aspecto aterrador.


- Las ballestas modernas podrían resultarle difíciles de usar, así que elegí un modelo al estilo de la Edad Media, más clásico.

- Hmm…


Chan-woo ladeó la cabeza mientras examinaba la ballesta como si la desmontara con la mirada. Jang Jin-seop continuó hablando mientras lo observaba.


- La última vez me pediste que te presentara a Lee Su-hwan, ¿y ahora vienes por una ballesta?

- Creo que esta vez la necesitaré yo mismo. Enséñame cómo se usa.

- Sería mejor que usaras un arma de fuego…

- Esto parece más divertido.


La comisura de los labios de Chan-woo se curvó con malicia. Jang Jin-seop chasqueó la lengua.


- Siempre tan peculiar… Por cierto, Chan-beom está desaparecido. ¿Sabes algo?

- ¿Tú tampoco has logrado contactarlo?

- No es que me lleve muy bien con mi hermano, pero es la primera vez que no responde en absoluto.


Frunció el ceño con incomodidad. Chan-woo guardó silencio. Hasta ahora, tanto Lee Su-hwan como Jang-hu le habían sido presentados por el mismo Jang Jin-seop. Desde hace años, su padre Kang Ji-tae había dirigido la empresa en colaboración con grupos criminales. Fue entonces cuando conoció a Jang Jin-seop. Con su ayuda, habían encubierto muertes y extorsiones disfrazándolas de accidentes, eludiendo así a la justicia. En teoría, Eun Yeo-rok también debía ser eliminado por orden de Kang Ji-tae cuando terminara su papel como doble. Pero Chan-woo insistió en encargarse personalmente.


Hace poco, Yeo-rok había dicho que nunca fue al centro comercial Saliet. Pero ahora, al ver que incluso el hermano de Jang Jin-seop está desaparecido, una sospecha inquietante cruzó por su mente. ¿Y si Yeo-rok sí fue al centro comercial y allí también estaba Do-won… y fue él quien hizo algo? La razón por la que no había considerado esta posibilidad era que, a diferencia de Lee Su-hwan, Jang-hu llevaba más de 20 años en el negocio. Era un experto en eliminar personas sin dejar rastro. Aunque Do-won lo enfrentara, al fin y al cabo, seguía siendo “un actor”. Pero el padre biológico de Do-won era el infame asesino en serie Welly Brees. Era tan conocido que lo mencionaban a menudo en programas sobre crímenes. 


Do-won llevaba en su sangre el linaje de ese asesino, y si era tan cruel como él, no sería imposible que hubiera eliminado a Jang-hu. Pero ese pasado oscuro también era el mayor punto débil de Do-won. Yeo-rok sabía mejor que nadie que, si ese pasado salía a la luz, no solo la carrera de Do-won como actor, sino toda su vida, se vendría abajo. Así que seguramente regresaría por voluntad propia a su lado. Y entonces, Chan-woo tenía planeado cortar su respiración con sus propias manos.


- Enséñame bien cómo se usa.


Dijo Chan-woo con una mirada firme. Jang Jin-seo alzó la ballesta con soltura, mostrando su destreza. Chan-woo lo observó atentamente y, al momento, sus ojos se agudizaron.


- Manda a algunos hombres mañana por la tarde al almacén de Burim.

- ¿Cuántos necesitas?

- Unos cinco.

- Entendido.


Ante la respuesta de Jang Jin-seop, la sonrisa torcida de Chan-woo se intensificó.



***



Do-won y Yeo-rok salieron del café-libreria y volvieron a subir al coche. Las mejillas de Yeo-rok estaban completamente sonrojadas.

Era por el hecho de haberse besado afuera, frente a otras personas. Durante el beso, el calor y los labios de Do-won eran tan dulces que se había dejado llevar como hechizado, pero cuando terminó, la vergüenza la invadió como una ola. Por eso, había salido apresuradamente tras recibir el pastel de fresa. ¿Estará bien Do-won? Yeo-rok lo miró con cautela. Pero Do-won ya la estaba observando con una mirada profunda y una sonrisa amable en los labios.


- Yeo-rok, ¿por qué tienes la cara tan roja?


Levantó la mano y tocó la frente de Yeo-rok. Su mano vendada tenía algo de fuerza.


- Hmm, no tienes fiebre…

- No… es solo… que tengo vergüenza.

- ¿Y eso por qué?

- Pues… eso…


Mientras Yeo-rok dudaba, los labios de Do-won se acercaron de nuevo. Con un leve sonido, los labios se juntaron y luego se separaron. No fue un beso apasionado, sino un simple beso, pero el calor fue intenso. Ya completamente colorado, Yeo-rok se sonrojó incluso hasta la nuca.


- ¿P… por qué me besas así de repente otra vez?

- ¿Se necesita una razón para querer besarte? Hoy estás especialmente sensible, ¿sabes?

- No es eso…

- Ya todos saben lo nuestro. Podemos besarnos en público, incluso tener sexo.

- ¿Qué? ¿Te… tener sexo en público? ¡Yo no podría!


Incluso a solas le daba muchísima vergüenza.


- Bueno, eso sí no se puede. Me cabrea solo imaginar a otros idiotas excitándose al ver tu cuerpo.


Do-won frunció el ceño y apretó el puño. Aunque era un alivio que cambiara de opinión, temía que esa mano pudiera causar problemas en otro sentido. Después de fruncir el ceño un momento, Do-won suavizó su expresión. Tomó con delicadeza la mano de Yeo-rok.


- Yeo-rok, ¿sabes?

- ¿Sí…?

- Mañana voy a participar en la ceremonia de los Premios de las Artes de Corea.

- ¿Ah? ¡Oh, por la película “Red Gentleman”, verdad?

- Sí…


Yeo-rok pensó que el tiempo había pasado más rápido de lo que creía. Además, su corazón se sintió más pesado. Porque mañana tenía que dejar a Do-won. Normalmente le habría comprado un regalo y lo habría felicitado…


- Estoy nominado, pero no sé si ganaré.

- Seguro que ganas.

- Estoy muy nervioso. Por eso… ¿podrías estar conmigo mañana en la ceremonia?

- ¿Yo?

- Solo tienes que sentarte en el asiento de invitados. Si estás ahí, creo que me sentiré menos nervioso.

- Ah…


Los ojos de Yeo-rok temblaron fuertemente.


- ¿Te sería difícil?

- Yo…


Quería responder, pero no lograba abrir la boca. Do-won la miró fijamente por un momento, luego volvió la cabeza hacia la ventana. Al otro lado del río, la gran rueda de la feria brillaba con el resplandor naranja del atardecer.


- Cuando vine a Corea como Joo Do-won, una vez salí solo. En esa ocasión, me subí a esa rueda.

- ¿Solo?

- Era una época en la que Corea me resultaba desconocida y difícil. Interactuar con la gente también me costaba. Quería tener un tiempo a solas, así que salí sin que mi padre, Joo-bin, lo supiera. Me subí a cualquier autobús sin rumbo, y mientras dudaba adónde ir, descubrí esa rueda de la feria. Pensé que si subía a lo alto, tal vez el sentimiento de opresión se aliviaría un poco. Y así fue, al ver el cielo abierto y el río, me sentí mejor. Fue como si ese paisaje me consolara, tanto que terminé llorando de emoción.

- …

- Desde entonces, cada vez que me sentía mal, iba ahí. Extrañamente, me tranquilizaba y las preocupaciones pesaban menos. Pero ya no necesito ir a esa rueda. Porque ahora tengo a Yeo-rok y a nuestra princesa.


La voz de Do-won provocó una gran oleada en el corazón de Yeo-rok. Sus ojos redondos empezaron a humedecerse. Do-won apretó aún más la mano de Yeo-rok que ya sostenía.


- Mañana… me gustaría que me observaras.

- …


Los labios de Yeo-rok temblaron. Bajó la cabeza y miró la mano de Do-won. Estaba envuelta en una venda blanca.


- ¿Aún no se te ha curado del todo?

- No, esta noche me quito la venda.


Esa herida se la había hecho en el centro comercial Saliet, cuando un hombre lo atacó con un cuchillo. Pero a pesar del tiempo pasado, seguía vendada.

- ¿No es por el incendio que no ha sanado del todo?


En ese momento, Do-won había agarrado un letrero expuesto al fuego para salvar a Yeo-rok. Tal vez por eso la herida se agravó.


- Estoy bien. Dijeron que no dejará cicatriz. Y en realidad, ya no duele.


Do-won lo dijo con naturalidad, agitando su mano. Los ojos de Yeo-rok, al ver sus dedos, vacilaron. Pero poco a poco se llenaron de decisión. Sus labios, que se habían mantenido cerrados con tensión, se relajaron con suavidad.


- Yeo-rok, ¿qué te gustaría cenar hoy?

- Quiero comer comida del hospital.


Yeo-rok mostró un poco de terquedad. De inmediato, el rostro de Do-won se tornó decepcionado.


- ¿Otra vez con eso?

- Do-won, apenas puedes soportar el olor de la comida, ¿cómo vas a cocinar?

- Para mí, es peor verte pasar hambre.

- No estoy diciendo que no voy a comer. Además, mañana es la ceremonia de premiación. Hoy deberías descansar tranquilo.

- Eso no tiene nada que ver. ¿Qué quieres comer?


Do-won insistía una y otra vez. Yeo-rok, que realmente no tenía antojo de nada, se sintió incómodo. No quería que Do-won se esforzara más de la cuenta. Pensando que debía cambiar de tema, desvió la mirada hacia afuera. En un rincón del estacionamiento, había un matorral. En ese lugar, un gato negro estaba correteando. Sus movimientos no eran normales, lo que llevó a Yeo-rok a observar con atención. Al fijarse bien, notó que el gato atrapaba un ratón, lo soltaba y lo volvía a atrapar una y otra vez. Por eso el cuerpo del ratón ya estaba hecho trizas.


- ¿Qué estás mirando con tanta atención?


Do-won, con expresión curiosa, siguió la dirección de la mirada de Yeo-rok.


- Ah… un gato…

- ¿Qué está haciendo ese gato?

- Está jugando con el ratón antes de matarlo.

- Ah… qué cruel.

- Es su instinto de caza. Yo también creo que así es como deben atraparse a las ratas. Porque es más divertido.


Do-won esbozó una sonrisa escalofriante. Como si estuviera apuntando a alguien en particular.



Capítulo 143


- Por la noche hace frío - dijo Yeo-rok al entrar a la habitación del hospital, soplando sobre sus manos. Durante el día parecía primavera, pero al oscurecer, se notaba que aún era invierno. Sin embargo, el interior estaba cálido. - ¿Esta es la nueva habitación?

- Sí. Pero como Kang Chan-woo podría venir a buscarte, los guardias estarán vigilando afuera hasta que te den el alta.

- No ha cambiado mucho la estructura, ¿verdad?

- No. Para que no te sientas incómodo con el cambio, dejamos los muebles y tus cosas en el mismo lugar.

- Gracias.

- No es nada.


Yeo-rok, ya con las manos cálidas, se quitó el abrigo. Iba camino al vestidor, pero Do-won lo tomó.


- Déjame hacerlo.

- Ah… gracias.

- Sigues diciendo gracias. No es necesario. Para mí, es lo normal.


Do-won caminó con elegancia hacia el vestidor con el abrigo en brazos. Siempre tenía una actitud refinada, incluso en los gestos más pequeños. Era tan caballeroso que costaba imaginarlo diciendo vulgaridades o groserías. Las personas son complejas, pero pocos mostraban extremos tan marcados como Do-won. Yeo-rok fue al baño, se lavó y secó las manos, y regresó. Do-won también fue tras el a lavarse. Yeo-rok se dirigía al sofá, pero Do-won la sujetó por la cintura y la llevó hasta la cama. Antes de darse cuenta, Do-won se había recostado contra el cabecero y Yeo-rok estaba sentada frente a él, de espaldas. Un dulce aroma a feromonas flotaba en el aire.


- Yeo-rok, ¿tienes hambre?


Parecía listo para cocinar en cualquier momento. Pero Yeo-rok negó con la cabeza. Realmente deseaba que él no se esforzara más ese día.


- Aún no tengo hambre.

- Entonces, ¿hacemos el amor y después comemos?


El tono de Do-won era tan casual como si sugiriera hacer ejercicio. Yeo-rok se sintió desconcertada. Además, después de salir, estaba agotado.


- No… prefiero ver a los pollitos.

- ¿Estás cansado?

- Sí…

- Está bien.


Do-won tomó la tablet de la mesa de noche y la colocó frente a el, asegurándose de que pudiera verla cómodamente, como si fuera un soporte. Luego, abrió la app de YouTube. Entre los videos de pollitos y otros animales adorables que Yeo-rok solía ver, apareció un canal de noticias. Uno de los thumbnails llamó su atención.


- ¿Eh? Esto…


Como si estuviera hipnotizada, Yeo-rok tocó el botón de reproducir. Apareció un hospital ennegrecido por el fuego, y un hombre con sombrero oscuro siendo escoltado por la policía.


[Esta tarde fue arrestado el autor del incendio en el hospital de Gangnam ocurrido el pasado enero. Fue identificado gracias al testimonio de testigos, grabaciones de CCTV recuperadas y cámaras de tablero. El responsable es el doctor Park del departamento de ortopedia, quien actuó por resentimiento hacia el director del hospital.]


- Así que ese incendio no fue un accidente…


Recordar ese día hizo que su corazón latiera con fuerza. Era un momento que no quería volver a vivir jamás.


- Qué alivio que atraparon al culpable. Fue uno de los recuerdos más horribles de mi vida.

- Para mí también. Si te hubiera pasado algo ese día, habría tomado la peor decisión posible.


Do-won rodeó con suavidad la cintura de Yeo-rok. Luego, su mejilla se apoyó tiernamente contra la de ella.


- Quédate conmigo, siempre.


Yeo-rok no respondió. Solo sus pupilas temblaban. Do-won también la miró intensamente, y luego puso un video de "Ppiyak Merong" donde unos adorables pollitos caminaban torpemente. Pero Yeo-rok ya no podía concentrarse en el video. Por culpa de Do-won…



***


Después de aprender a usar la ballesta con Jang Jin-seop, Chan-woo regresó a la mansión con el estuche en mano. Y se extrañó. Los empleados lo recibieron con agrado, pero ni su padre ni su madre estaban a la vista. Al parecer, tras enterarse de que Kang Chan-beom había causado un problema y huido al extranjero, habían salido apresuradamente, pero las cosas no se estaban resolviendo fácilmente.


- De verdad, ese bastardo no sirve para nada -murmuró Chan-woo, refiriéndose a Chan-beom, mientras subía las escaleras al segundo piso y entraba a su habitación.


Colocó el estuche sobre la mesa y lo abrió. La elegante curvatura de la ballesta sobresalía como una serpiente viva. Chan-woo la tomó en sus manos. Tal como le habían enseñado, colocó el virote y apuntó al blanco: una diana colgada en la pared. Sin dudarlo, apretó el gatillo. El proyectil surcó el aire y se incrustó justo en el centro.


- No es gran cosa -comentó.


Usarla a larga distancia requeriría más práctica, pero como planeaba usarla a corta distancia, no le preocupaba. Volvió a colocar la ballesta sobre la mesa. Inicialmente, no tenía intención de usar una ballesta. Pero al enterarse de que el padre de Do-won era Welley Briss, surgieron dudas y, a la vez, un gran interés. El primero que intentó matar a Yeo-rok, Lee Su-hwan, sabía manejar diversas armas, y había escogido la ballesta para no levantar sospechas, ya que en esa zona había rumores de un asesino con ballesta. Justo antes de cometer el crimen, el verdadero asesino fue arrestado y Lee Su-hwan resultó gravemente herido. Por eso Chan-woo quería resarcir esa derrota y experimentar las sensaciones que Welley Briss pudo haber tenido. Más aún, tenía la impresión de que, si le quitaba la vida a Yeo-rok, él mismo se convertiría en el perfecta Yeo-rok. Como si pudiera dominar y absorber su alma.


- Jaja… esto va a estar jodidamente divertido —se dijo, entusiasmado como si estuviera a punto de asistir a una fiesta.


Embriagado por esa emoción, ni siquiera pensó en encender la televisión o revisar las noticias. Solo se dedicó a jugar una y otra vez con la ballesta.


- ¡Ah! Cierto, tengo que tomar mis pastillas -exclamó al recordar.


Tomó la bolsa de medicamentos sobre la mesa. Aunque tras la cirugía estética no tuvo efectos secundarios en la piel, su resistencia había disminuido, por lo que fue al hospital a que le recetaran algo.


En realidad, quiso secuestrar a Yeo-rok el mismo día que la citó en el estacionamiento de Clancier. Pero como sufría episodios de agotamiento extremo y somnolencia, temía cometer errores si lo atrapaba en ese estado. Por eso decidió esperar unos días hasta recuperar completamente su fuerza. Metió una pastilla en la boca y la tragó de un solo trago. Luego, se rió alegremente, anticipando lo que sucedería mañana.


Sin imaginar el infierno que pronto caería sobre él.



***


Madrugada, cuando el aire azul se había calmado. Do-won, vestido con una camisa negra y pantalones de vestir, salió del vestidor. Mientras el purificador de aire zumbaba suavemente, él observaba en silencio a Yeo-rok. El dormía con el edredón acogedor cubriéndole hasta la barbilla. Incluso sus suaves ronquidos sonaban completamente inocentes.


- Yeo-rok... -murmuró Do-won.


Sus ojos reflejaban, por alguna razón, una tristeza contenida. Con ternura, acarició el cabello castaño de Yeo-rok.


- Mmh... -gimió el entre sueños, con un sonido húmedo, y se aferró con fuerza a la muñeca de Do-won. El calor suave de su piel le resultaba reconfortante.

- Confío en ti -susurró él, con un tono cargado de significado.


Luego, sacó un objeto de su bolsillo: estaba dentro de un estuche de cuero. Lo dejó sobre la mesilla de noche y se dirigió hacia la puerta. Justo entonces, apareció ante él la figura de un niño pequeño. Era una visión: la auténtica imagen de su yo infantil, el verdadero Joo Do-won.


“Te voy a matar.”


La voz resonó nítida en su mente, pero Do-won la ignoró y salió de la habitación. Poco después, Yeo-rok abrió los ojos.



***



El cielo estaba realmente alto y teñido de un azul claro. El sol brillaba intensamente. Yeo-rok, al mirar la luz que ofrecía ese cielo despejado, giró la cabeza. Frente al fondo del Aeropuerto de Incheon, se alzaba imponente un gran almacén. Era el almacén Burim, al que Chan-woo le había dicho que fuera.


Cuando Yeo-rok despertó, Do-won ya se había marchado, probablemente por los preparativos de la ceremonia de premiación. Así que no necesitó preocuparse por que él lo detuviera. Vestido con ropa ligera, Yeo-rok sostenía con firmeza un objeto dentro del bolsillo de su abrigo. La textura suave del estuche de cuero le acariciaba la palma de la mano. Sentía un cosquilleo en el pecho, como si no estuviera sola. La noche anterior, tras sentirse confundido y estúpido por haber caído en la amenaza de Chan-woo, había tomado una decisión. Y, desde entonces, se sentía mucho más tranquilo. No tenía miedo, incluso su ánimo parecía haber mejorado.


Entró con cautela al almacén. Estaba completamente vacío, con algunos tablones dispersos y bidones de queroseno; las sombras oscuras creaban una atmósfera lúgubre. Yeo-rok clavó la vista con tensión en ese lugar. El sonido frío de unos pasos le recorrió la espalda. Al volverse, lo vio. Un Benz estaba estacionado en la entrada del almacén, y de la puerta del conductor salió Chan-woo. Llevaba gafas de sol y un traje color crema.


- Siempre tan puntual, Yeo-rok -dijo mientras se acercaba con satisfacción. Su mirada recorría todo su cuerpo, de pies a cabeza, con una sonrisa que se ensanchaba como si se le fuera a partir la cara. Pero pronto, su expresión se frunció.

- ¿Dónde está tu equipaje?


Como le había ordenado que dejara a Do-won y hasta mencionado un nuevo escondite, había asumido que Yeo-rok vendría arrastrando al menos una maleta. Pero el tenía el aspecto de alguien que simplemente había salido por un momento.


- No lo necesito.

- ¿Qué?

- Quiero decir que no voy a hacer lo que tú quieres.


La voz de Yeo-rok era firme. Sus ojos estaban claros, sin un ápice de duda. Chan-woo, incrédulo, se quitó las gafas de sol. Aunque compartían los mismos rasgos, los ojos de él estaban llenos de hostilidad punzante.


- ¿Qué estás diciendo?

- No puedo dejar a esa persona.

- ¿Esa persona? ¿Joo Do-won?


Yeo-rok no respondió, solo guardó silencio.


- Jajaja...


Chan-woo soltó una risa sarcástica. Ver esa expresión ingenua en el rostro de Yeo-rok hacía que algo ardiera dentro de su pecho, que las entrañas se le retorcieran. Era tan hermoso que dolía. Sintió que emociones incontrolables lo dominaban. Hasta su mirada se tornó áspera.


- ¿Con qué derecho tomas esa decisión?


Chan-woo levantó la mano de forma amenazante. Y justo cuando estaba a punto de golpearlo, Yeo-rok le sujetó la muñeca y lo detuvo.


- ¿Q-qué...?


Incluso su fuerza era considerable. Su mirada también se había agudizado. Entonces...


¡Paf!


El sonido seco del contacto entre pieles retumbó con fuerza. Los ojos de Chan-woo temblaron violentamente. Yeo-rok lo había abofeteado. Su rostro giró hacia un lado, y sus gafas de sol cayeron al suelo. Quedó paralizado, como si lo hubieran electrocutado.


- Haa...


El suspiro que escapó de sus labios era una mezcla de vacío y rabia. Los ojos redondos de Yeo-rok aún permanecían fríos y decididos.


- ¿Estás loco, Yeo-rok? ¿Cómo te atreves a...?


Chan-woo estaba tan desconcertado que no lograba articular una frase completa. Mientras se tocaba la mejilla, solo podía temblar de forma convulsiva. Yeo-rok empujó la muñeca que sostenía y retrocedió. Su pequeña mano temblaba visiblemente. Nunca antes en su vida se había enojado realmente con alguien, mucho menos levantarle la mano. Nunca se imaginó que llegaría ese día, y mucho menos que sería con Chan-woo. Pero ahora había decidido no ceder nunca más ante él. Esa determinación hacía que su rostro, por lo general dulce, se mantuviera impasible y sereno.



Capítulo 144 


Chan-woo, sorprendido por la inesperada reacción de Yeo-rok, temblaba al hablar.


- ¿Tú... tú por qué estás actuando así de repente?

- ¿Y tú por qué me estás haciendo esto a mí?


Yeo-rok lanzó una pregunta tan afilada como inesperada. Pero Chan-woo no respondió, solo se tocó la mejilla donde ella lo había golpeado. Entonces, Yeo-rok continuó:


- Durante todo este tiempo, hice ese papel porque necesitaba el dinero para el hospital de mi madre, pero también fue por ti.

- Haa...

- Como eras débil de salud, sabía que una vida normal no sería fácil para ti. Lo soporté porque me daba pena.

- ¿Y ahora vienes a adornarlo como si lo hubieras hecho por lástima? Qué asco.


Chan-woo escupió en el suelo con desprecio. Pero Yeo-rok, que ya anticipaba esa reacción, mantuvo la calma.


- A tus ojos debo parecer una hipócrita. Fácil de manipular. Sé que me odias. Por eso usaste a mi abuela para chantajearme y hasta contrataste a un asesino para matarme. Pero lo que no entiendo es por qué te operaste para tener exactamente mi cara.


Lógicamente, si odias o te repugna alguien, lo ignoras, lo menosprecias o lo rechazas. Pero pensándolo bien, no fue Chan-woo quien lo atormentó, sino su hermano Chan-beom. De hecho, en ocasiones, Chan-woo se sentía más como un amigo. Aunque aún no comprendía el significado de aquel beso que ocurrió no hace mucho.


- Porque quería tenerte.


La inesperada respuesta de Chan-woo hizo que las pupilas de Yeo-rok temblaran.


- ¿Qué?

- Quería ser como tú.

- ¿Q-qué estás diciendo...?


Yeo-rok sintió una gran confusión por las palabras de Chan-woo. No podía entenderlo. Sin que se diera cuenta, Chan-woo se le acercó de nuevo y le tocó el mentón. Su mano se sentía pegajosa.


- Cuando eras tú quien actuaba como Kang Chan-woo, brillabas. ¿Sabes cuánto me dolía eso?

- ¿Dolerte por qué?


El que Chan-woo dijera que su actuación como él mismo era brillante, daba la sensación de que estaba satisfecho, como Kang Ji-tae o Han Mi-ja. Pero el hablar del dolor lo hacía incomprensible.


Chan-woo frunció el entrecejo, pero no respondió. Su silencio solo aumentó la frustración y el desconcierto de Yeo-rok.


- Dímelo. Quiero saberlo.

- ...


Chan-woo siguió callado, como si tuviera la boca sellada. Yeo-rok empezó a pensar que se estaba burlando de el.


- Si no vas a hablar, no lo hagas. Pero yo ya no haré nada más de lo que tú digas. Me voy.


Yeo-rok se giró para salir del almacén. Entonces, Chan-woo mostró desesperación en su mirada.


- Si das un solo paso fuera de aquí, voy a hacer público el pasado de Joo Do-won. ¿Estás bien con eso?


Ante otro intento de chantaje, los ojos de Yeo-rok permanecieron firmes.


- Haz lo que quieras.

- ¿Qué? ¡¿Estás loco, Yeo-rok?!

- Entonces yo puedo contarle al mundo que tú usaste un doble.


Yeo-rok había decidido aplicar el "ojo por ojo, diente por diente".


Do-won quería seguir viviendo con su identidad actual. Y aunque ese método no fuera del todo justo, Yeo-rok quería proteger sus deseos. Do-won la había salvado varias veces, ya fuera del asesino contratado por Chan-woo o de Chan-beom. Se había herido por ayudarlo. Por eso, Yeo-rok decidió dejar de lado su moral. Porque Do-won, quien lo amaba, lo abrazaba y lo protegía, era más valioso que cualquier ética.


Una flor que brota en un río contaminado puede estar sucia, pero aún es una flor, y aún tiene fragancia. Incluso en un camino oscuro sin luna ni estrellas, uno puede acostumbrarse y aprender a caminarlo.


La respiración de Chan-woo se volvió más áspera. No había imaginado que Yeo-rok respondería así. El Yeo-rok que él conocía era ingenuo hasta la estupidez. Bastaba un poco de amabilidad para que el obedeciera, como un animal fiel a su dueño. Pero ahora, ese mismo Yeo-rok le estaba desafiando. El entrecejo de Chan-woo se frunció de frustración.


- Hablas sin pensar sólo porque tienes boca…

- De todos modos, no puedes revelar el pasado del actor. Si algo le pasa, tú también perderás tu oportunidad de convertirte en un omega de extrema dominancia 


La última vez, cuando fue amenazada, Yeo-rok quiso marcharse por miedo a que el pasado de Do-won saliera a la luz. Pero en realidad, lo que Chan-woo más deseaba era el cambio de fenotipo a través de Do-won. Si se revelaba que la identidad actual de Do-won era falsa, que en realidad era Beret Brice, solo había dos posibilidades: que Do-won fuera juzgado legalmente por ocultar su identidad, o que él mismo renunciara a su nombre actual y desapareciera. Ninguna de esas opciones beneficiaba a Chan-woo.


Incluso si Chan-woo intentara chantajear a Do-won con su pasado para controlarlo, Do-won jamás cedería a sus demandas. Con eso claro, Yeo-rok ya no tenía nada que temer. Sobre todo…


‘Cada vez que lo pasaba mal, iba a la noria. De alguna manera, me hacía sentir en paz, y las preocupaciones parecían pesar menos. Pero ahora ya no necesito ir a esa noria. Porque tengo a Yeo-rok y a nuestra princesita.’


Tal como decía Do-won, Yeo-rok también sentía lo mismo. Decidió volverse fuerte por Do-won y por el bebé.


- Vaya, Eun Yeo-rok, te estás subiendo demasiado... maldita sea.


Chan-woo se abalanzó violentamente e intentó agarrar a Yeo-rok por el cuello, pero el esquivó con agilidad. De por sí, Yeo-rok era rápida corriendo y tenía buen sentido físico, lo que le daba siempre buenas calificaciones en las clases de educación física. Claro que todos esos puntos siempre se los llevaba Chan-woo como si fueran suyos. En cambio, Yeo-rok le dio otro puñetazo en la mejilla. El sonido sordo de carne golpeando llenó el almacén. Sorprendido por esta segunda ofensiva, Chan-woo comenzó a respirar con dificultad.


- Eun Yeo-rok, ¿te volviste loco? ¡Tú no eras así!

- Tú me hiciste ser así.


Respondió fríamente Yeo-rok y luego le arrojó el teléfono a Chan-woo. Era el mismo que él le había dado para comunicarse con Do-won a través de la aplicación Lover App.


- Ya no tengo que hacer más tu papel. Toma.

- Pero qué...


Chan-woo lo pisó con fuerza. La pantalla se agrietó como una telaraña.


- ¿Ahora ya no te importa nada, eh?


Gritó enfurecido, y parecía dispuesto a estrangularla en cualquier momento. Cuando se lanzó hacia Yeo-rok, su teléfono empezó a sonar. Se detuvo un momento, metió la mano en el bolsillo y contestó la llamada.


- ¿Eh?


En la pantalla aparecía el nombre de Jang-hoo. Aquel que había estado desaparecido por más de quince días ahora reaparecía. Chan-woo, aliviado, contestó la llamada con entusiasmo.


—¿Qué pasa, hyung?


[Chan-woo... ¿Dónde estás ahora?]


Confiado por la voz de Jang-hoo, Chan-woo respondió con arrogancia:


—Estoy en el almacén de Burim. Ven rápido. Eun Yeo-rok está aquí, así que ven y córtale el cuello.


[Justo estoy cerca.]


—¿De verdad?


El rostro de Chan-woo se iluminó aún más. Miró a Yeo-rok con una sonrisa cruel.


- Estás muerto.


Yeo-rok mantenía una expresión impasible, pero su corazón latía con fuerza. No es que no hubiera previsto que algo peligroso podría pasar. Por eso había traído consigo el objeto que Do-won dejó sobre la cómoda, pero ahora que realmente pensaba usarlo, le temblaban las piernas. Por ahora, decidió centrarse en huir, ya que al menos en correr tenía ventaja. Buscó con la vista una ruta de escape dentro del almacén. Aparte de la puerta por la que había entrado, no parecía haber otra salida. Era evidente que por ahí entraría pronto el aliado de Chan-woo. Yeo-rok siguió mirando a su alrededor. Vio una ventana un poco más alta que su estatura. Era del tamaño justo para escapar. Parecía la mejor opción. Mientras dudaba, sintió una presencia cerca de la entrada. Tensa, volvió el rostro. Era una cara conocida.


- ¿Eh?


Era el mismo hombre que había intentado matarlo en el centro comercial Saliet. ¿No lo habían llevado en ambulancia tras ser apaleado por Do-won? ¿Ya le habían dado el alta? Pero Do-won no lo habría dejado ir tan fácilmente...


Yeo-rok estaba confundido por la situación. Chan-woo corrió hacia Jang-hoo con entusiasmo.


- ¿Dónde has estado todo este tiempo? ¿Por qué no contestabas?

- ...

- ¿Por qué tienes la mano vendada? ¿Te lastimaste?


Como decía Chan-woo, la mano de Jang-hoo estaba envuelta en vendas, y de ellas manaba sangre oscura. Incluso Yeo-rok podía notar que su estado era mucho peor que la última vez.


- K-Kang Chan-woo... C-corre...

- ¿Eh?

- ¡Maldición, corre! ¡Solo vete!


Jang-hoo gritó desesperado. Chan-woo, sin entender, solo ladeó la cabeza. En ese instante, Jang-hoo tosió con fuerza. Escupió sangre y cayó de frente al suelo. Tenía un cuchillo clavado en la espalda. Era una imagen espeluznante.


- ¡Hiiik! ¿¡Qué diablos es esto!?

- No te preocupes. Evité los puntos vitales al apuñalarlo, no morirá.


Una voz educada, completamente fuera de lugar para la situación, resonó dentro del almacén. Poco después, una sombra larga se proyectó en el suelo. Allí estaba Do-won, vestido con un traje de tres piezas, con el flequillo cuidadosamente peinado hacia arriba, dejando al descubierto unos rasgos faciales casi esculpidos. Su nariz recta y sus ojos inteligentes brillaban más hermosos que nunca. Yeo-rok, sorprendido por su aparición inesperada, sintió que las pupilas le temblaban violentamente.


- ¿Cómo llegó hasta aquí?


El momento presente se solapaba con aquella vez en el centro comercial Saliet. Pensó por un instante que quizá estaba viendo una alucinación. Pero Do-won entró al almacén con paso firme.


- Hace poco, mientras te duchabas, noté feromonas de otro omega en la ropa de hospital que te quitaste. Me dieron náuseas. Estuve a punto de vomitar.


Entonces, Yeo-rok recordó la explicación que le dio Ye-jun después de enterarse de su embarazo: incluso cuando un alfa queda vinculado a través del embarazo de un omega, aún puede percibir las feromonas de otros omegas. Así que, claro, Do-won lo había notado también.


- Y Ji-ho hyung le contó todo mi pasado a este bastardo. Imaginé que usaría eso para chantajarte. Es una táctica primitiva, pero bastante efectiva.


El tono de Do-won sugería que, de estar en la misma situación, él habría hecho exactamente lo mismo. Se acercó a Yeo-rok y le tomó la mano. La palma estaba enrojecida de tanto abofetear a Chan-woo.


- ¿Te duele la mano?

- Ah… sí.

- ¿Por qué no usaste lo que te di? Debe doler.

- Es que… no sé cómo usar esas cosas.


El objeto que Do-won había dejado sobre la cómoda esa madrugada era un cuchillo. El mismo que una vez describió como herramienta para preparar carne al aire libre. Yeo-rok se lo llevó, pensando que quizá le sería útil… pero no tuvo el valor de usarlo.


- Claro, podría afectar al bebé.


Do-won sonrió levemente, luego volvió su mirada hacia Chan-woo.


- Señor Budeul, esta es la primera vez que nos encontramos en persona, ¿no es así?


Hasta ahora solo se habían comunicado por la app Lover o por llamadas de voz. Do-won miró a Chan-woo con una ternura casi perturbadora.


- Vaya… ¿Cuánto debes envidiar a Yeo-rok para comportarte así?

- ¿Eh?


Yeo-rok lo miró, confundido.


- ¿Envidiarme?

- Sí. Las personas con confusión o ausencia de identidad no tienen un sentido propio del yo. Eso les dificulta establecer límites con los demás. Cuando se enamoran, tratan de volverse uno con esa persona. Por eso tienden a imitarte. Kang Chan-woo te admira, te idealiza y ahora intenta convertirse en ti.

- ¡Cállate!


Gritó Chan-woo con furia, como si acabaran de desnudar sus miserias. Pero Do-won solo curvó los labios con interés.


- Kang Chan-woo, ¿quieres jugar un juego conmigo? Si ganas, te ayudaré a convertirte en un omega de extrema dominancia.

- …


Chan-woo lo miró en silencio. Do-won prosiguió.


- Pero si yo gano… te voy a destrozar la cara. ¿Qué dices?















Capítulo 145


Ante la propuesta de Do-won, el rostro de Chan-woo palideció por completo y se quedó paralizado. Luego comenzó a retroceder lentamente, hasta girarse y salir corriendo hacia el lado opuesto del almacén. Era la misma ventana por donde Yeo-rok había intentado escapar hacía un rato. Al correr, casi tropieza con un bidón de queroseno, pero logró recuperar el equilibrio y siguió avanzando.


- Yeo-rok, ¿podrías taparte los oídos con las manos y mirar hacia la entrada, por favor?


A pesar de lo tensa que era la situación, la voz de Do-won seguía siendo cortés. Pero tal como ocurrió en el centro comercial Salute, cada vez que hablaba de ese modo, significaba que algo terrible iba a suceder. Yeo-rok hizo caso y se tapó los oídos, girando el rostro en dirección contraria a la que Chan-woo había tomado.


- ¡Aaagh! ¡Estás loco!


Se escuchó el grito desesperado de Chan-woo, seguido del sonido húmedo de algo siendo apuñalado. Taparse los oídos no bastaba para bloquear aquellos ruidos. El corazón de Yeo-rok latía con fuerza. Incluso el olor metálico de la sangre le llegó a la nariz. Desconcertada, Yeo-rok no pudo evitar girarse para mirar. Chan-woo yacía en el polvoriento suelo del almacén con un cuchillo profundamente clavado en el hombro. Aun así, se arrastraba como una oruga en un intento desesperado por escapar.


- ¿Te invité a jugar y decides huir?


Do-won lo observaba desde arriba con una elegancia que contrastaba violentamente con la escena. Su voz era amable, pero su mirada fría como el hielo. Esa dualidad acentuaba aún más lo aterrador de su presencia.


- Viendo lo rebelde que eres, me doy cuenta de que no debí darte opciones.


Sacó un par de guantes de cuero negro del bolsillo de su chaqueta y se los puso con calma. Luego agarró el cabello de Chan-woo como si fuera un anzuelo y tiró de él.


- Ven conmigo.

- Kh… urgh.


Boca abajo, Chan-woo forcejeaba frenéticamente mientras su pecho y abdomen se arrastraban por el suelo. Intentaba con todas sus fuerzas alcanzar la muñeca de Do-won, pero era inútil. Con el hombro herido y el cuerpo debilitado, no podía hacer nada. Su rostro se tornó rojo intenso.


- ¡Maldito! ¡No saldráste con la tuya! ¿Crees que vine solo?


- Lo sé. A unos 50 metros de aquí hay una furgoneta Starex de 12 plazas con varios hombres. Como todos llevaban "juguetitos de mierda", me ocupé de ellos. Por eso no pueden venir.


Do-won explicó con tono neutro. Y era obvio que los "juguetes" a los que se refería no eran precisamente inofensivos. Chan-woo, al perder su último recurso, apretó los dientes de pura rabia.


- ¡Maldito hijo de puta, Joo Do-won! ¡Vas a morir, vas a morir!


Aquel grito cargado de odio hizo que Do-won se detuviera en seco. Chan-woo aprovechó el momento para intentar incorporarse sobre una rodilla. Pero de inmediato, los tendones en el dorso de la mano de Do-won se marcaron, y con una fuerza brutal le estampó la cabeza contra el suelo. Lo hizo tres veces.


- Khh… krgh.


Cuando volvió a levantarle la cabeza, la frente y la nariz de Chan-woo estaban desfiguradas y bañadas en sangre. Ya no quedaba rastro del rostro que una vez se parecía al de Yeo-rok.


Yeo-rok no pudo seguir mirando. Desvió la mirada con horror. Cada vez que Do-won se mostraba así, le aterraba. Y la diferencia entre esa brutalidad y la ternura que le mostraba a el le resultaba inmensa. Aunque, al mismo tiempo, sentía una extraña emoción por saber que era alguien especial para él. Yeo-rok pensó que sin duda estaba completamente loco, y se llevó la mano a la frente. Entonces, se escucharon pasos en la entrada. El crujido de suelas sobre grava indicaba que alguien se acercaba. Yeo-rok se tensó, pensando que quizás eran los compañeros de Chan-woo.


- Así que aquí estabas.


Era Ji-ho, con vendas gruesas alrededor del cuello. Detrás de él, entraron varios guardaespaldas vestidos con trajes negros. Al verlos, Yeo-rok soltó un suspiro de alivio.


- ¿Estás bien, Yeo-rok?


Ji-ho se acercó cojeando con dificultad. En realidad, era Yeo-rok quien debía preguntarle si él estaba bien. Luego, su mirada fue hacia Chan-woo, aún en manos de Do-won. Aunque su rostro estaba hecho trizas, era evidente quién era. Ji-ho lo fulminó con la mirada.


- Por fin atrapamos a ese bastardo.


Le dedicó un gesto obsceno levantando el dedo medio, como si fuera su venganza personal. Una escena infantil, quizá, pero contundente. Chan-woo, enfurecido por la provocación, trató de liberarse de la mano de Do-won, pero este no lo soltó. Sus dedos se aferraban con fuerza.


- Hyung, lleva a Yeo-rok al X-Hall.


El X-Hall era el lugar donde se celebraban hoy los Korean Arts Awards. Luego, Do-won empujó a Chan-woo hacia los guardaespaldas, quienes lo redujeron con eficacia. Aunque Chan-woo pataleaba con fiereza, sus esfuerzos eran inútiles. Aun así, emanaba una violencia peligrosa. Ji-ho se colocó frente a Yeo-rok como escudo, tenso y alerta.


- Vámonos, Yeo-rok.

- Ah…


Yeo-rok soltó un leve gemido y miró a Do-won. Sus ojos, del color del océano, eran increíblemente suaves y cariñosos. Cuesta creer que fuera el mismo que hace un momento había aplastado a golpes a Chan-woo.


- Ve tú primero, Yeo-rok. Yo me encargo de este cabrón y luego voy.

- ¿Qué vas a hacer con Chan-woo?

- Le voy a dar un tiempo para reflexionar.


Aunque lo decía con calma, la mirada helada que le dirigía a Chan-woo hacía difícil creer que eso fuera posible. Yeo-rok, aun así, decidió obedecer y empezó a salir cuando escuchó la voz de Chan-woo:


- No te vayas… Yeo-rok…


Su voz estaba cargada de deseo y desesperación. Yeo-rok se detuvo por un instante, como si algo invisible le sujetara los tobillos. Por un momento, su corazón vaciló. Pero entonces miró su mano, la misma con la que había abofeteado a Chan-woo antes. Aunque ya no ardía, recordaba con claridad cómo él había intentado hacerle daño. No quería volver a enfrentarlo. Así que, sin volverse, Yeo-rok salió del almacén.


Un poco más adelante, apareció el Audi de Ji-ho en el estacionamiento. Ji-ho rápidamente abrió la puerta trasera. Yeo-rok, algo incómoda por sus modales, se sentó en el asiento trasero. Poco después, Ji-ho se metió al asiento del conductor y encendió el motor. Yeo-rok, visiblemente ansiosa, miraba hacia la entrada del almacén. Do-won y Chan-woo también estaban saliendo. Chan-woo iba encorvado, como si su espalda se hubiera partido por la mitad. Si Do-won lo empujara con un dedo, parecía que se caería.


- ¿Qué planea hacer el actor con Chan-woo?

- Solo lo va a tratar con calma y cuidado.


El “con calma” de Ji-ho claramente no era el de una persona normal. A Yeo-rok no le gustaba que la gente saliera herida o lastimada, pero tratándose de Chan-woo, podía entender cualquier cosa que Do-won decidiera hacer. Por eso, ya no preguntó más y guardó silencio. Justo cuando Ji-ho estaba por arrancar, el sonido de una vibración lo interrumpió. Algo desconcertado, miró la pantalla del teléfono y sus ojos se agrandaron.


- ¿Eh? Yeo-rok, mira esto.

- ¿Sí?


Yeo-rok miró el teléfono que le mostraba Ji-ho. Era un video. Enseguida, el dedo de Ji-ho presionó el botón de reproducción. Apareció una pareja de mediana edad siendo trasladada a la fiscalía, rodeada de policías. Llevaban gorros y chaquetas anchas, por lo que no se les veía claramente el rostro, pero por su forma de caminar era evidente quiénes eran: Kang Ji-tae y Han Mi-ja. Yeo-rok, confundido, no entendía bien lo que estaba pasando, pero se concentró en el video.


[Recientemente, la empresa Ruby Cosmetics comenzó a ser investigada por la policía tras descubrirse que su nuevo producto a lanzarse en marzo contenía sustancias nocivas para la salud. Sin embargo, la pareja intentó destruir las pruebas y huir esta madrugada, siendo capturados por la policía en una operación encubierta. Entre los componentes encontrados se hallaron mercurio, hidroquinona y una sustancia llamada Rentmic. Rentmic puede dañar las glándulas de feromonas tanto alfa como omega, provocando cáncer uterino y discapacidades adquiridas. A pesar de saber esto, el presidente Kang intentó distribuir el producto en el país. Se sabe además que un empleado murió recientemente tras haber estado expuesto a dicha sustancia.]


Al ver la noticia, Yeo-rok recordó las palabras que Han Mi-ja le dijo el otoño pasado, cuando la metió como empleada doméstica de Do-won:


‘Mi esposo quiere que el nuevo modelo para la campaña publicitaria del cosmético que lanzará en primavera sea un actor de Seed Entertainment. Preferiblemente, queremos a Joo Do-won. Por eso estamos trabajando en ello en secreto.’


Parecía que ese producto cosmético era el mismo del que hablaban en las noticias. Todo explotó en un momento y con un timing tan perfecto que Yeo-rok se quedó atónita.


- ¿Qué… qué pasó?

- El representante Joo-bin investigó a Kang Ji-tae. Descubrió que iba a lanzar un cosmético con sustancias nocivas y convenció a un empleado de Ruby Cosmetics para que lo denunciara a la policía.


Le sorprendió que Joo-bin estuviera detrás de todo eso. Hasta donde sabía, el director no lo apreciaba particularmente.


- Pero… ¿por qué haría algo así?

- Do-won dijo que Han Mi-ja intentó conseguir algo comprometedor sobre él usando tu información genética, mintiendo para que entraras a trabajar con él.

- Ah… sí…


Yeo-rok recordó la mentira que Do-won dijo cuando Joo-bin fue a visitarla al hospital con un pastel de fresa. No le pareció apropiado negarlo ahora, así que solo respondió con incomodidad.


- Además, Kang Chan-beom también intentó chantajear a Do-won con su pasado, ¿no? Por eso lo dejó hecho pedazos.


Ji-ho se estremeció y se rascó el brazo como si le diera escalofríos. Yeo-rok se sintió aún más confundida. Kang Chan-beom simplemente intentó hacerle algo horrible, y nada más.


- Pensándolo bien, Chan-woo preguntándote sobre el pasado de Do-won seguramente solo quería confirmar si ya sabías algo. Así que, ¿hoy lo viste porque te estaba amenazando con el pasado de Do-won, verdad?

- Ah… sí… es cierto… pero…


Yeo-rok respondió, aunque cada vez estaba más confundido.


***


- Ha…


Chan-woo abrió lentamente los ojos. Un alto techo gris apareció ante su vista. Incluso el polvo en el aire se notaba con claridad. Frunció el ceño mientras observaba a su alrededor.


- ¿Despertaste?


Una voz innecesariamente amable se oyó. Chan-woo miró tenso hacia el origen. Do-won estaba sentado en un sofá de cuero, con las piernas cruzadas, mirándolo fijamente. Sus ojos fríos, de un azul intenso, eran penetrantes.


- Pensaba atraerte y destrozarte usando el teléfono que le diste a Yeo-rok. El plan se torció un poco, pero al final, salió como esperaba.

- …

- Si Yeo-rok solo hubiera sido una víctima más en ese almacén, pensaba entrar y cortarte la oreja de inmediato. Pero resultó ser más fuerte de lo que creía. Me enamoré de él otra vez.

- Cállate, joder.


Chan-woo soltó una maldición mientras intentaba incorporarse. Recordaba que perdió el conocimiento al subir al auto después de ser arrastrado fuera del almacén. Y ahora había despertado. Su cuerpo se sentía extrañamente liviano. Esperaba tener los brazos y piernas atados, pero no era así. Ya no tenía el cuchillo clavado en el hombro, aunque sentía algo envuelto alrededor. Metió la mano bajo la ropa: era una venda.


- Te curé. También te puse anestesia, así que no deberías sentir dolor.

- ¿Qué? ¿Me curaste?

- Claro que sí.


Do-won respondió con una expresión amable. Esa amabilidad excesiva le provocó una incomodidad asfixiante a Chan-woo. Esa amabilidad se sentía como una hoja afilada. Además, ese lugar le resultaba familiar. Observó los alrededores: había cajas apiladas en las esquinas, también costales. El aire estaba lleno de polvo, y la tos le salió sin poder evitarlo.


- ¡Cof, cof! ¿D-dónde estamos…?

- Eso lo deberías saber mejor que nadie. Quinto piso de los grandes almacenes Salute. Sí, el lugar al que llamaste a Yeo-rok la última vez.

- Ah…


Sí, ahí había intentado atraerlo a través de Jang-hu, diciéndole que fuera a devolverle su teléfono.


Do-won se levantó lentamente del sofá. Llevaba algo en la mano. Al observar bien, era un cuchillo de talla. Se sentó frente a Chan-woo. No llevaba chaqueta, así que su figura se notaba claramente. Hombros anchos, músculos firmes en el pecho, como una escultura. Cualquier omega lo desearía.


- Señor Kang Chan-woo, a partir de ahora vamos a jugar a las escondidas.



Capítulo 146


Yeo-rok continuó mirando el teléfono de Ji-ho y vio las noticias relacionadas abajo del video. Había un artículo sobre el atacante del periodista Choi Ha-jin. Se sintió incómodo mirando el teléfono de Ji-ho, así que sacó el suyo y abrió Internet para buscar a Choi Ha-jin. Inmediatamente comenzaron a aparecer varios artículos.


[El atacante del periodista Choi Ha-jin, hijo mayor del dueño de Ruby Cosmetics, que está causando un revuelo por las sustancias tóxicas. Las huellas dactilares y el análisis de feromonas encontrados en la escena coinciden con el hijo mayor del dueño de Ruby Cosmetics.]


El artículo confirmaba que el agresor era Kang Chan-beom. Yeo-rok se sintió confundido. Sin embargo, con la actitud de Do-won el día en que se enteró de lo que había sucedido con Choi Ha-jin, parecía claro quién era el verdadero culpable...


Lo que más lo confundía era que Kang Chan-beom no tenía motivo para atacar a Choi Ha-jin. Según las palabras de Do-won, habían trasladado a Kang Chan-beom al hospital, pero de repente, él había sido el atacante de Choi Ha-jin. Esto significaba que Do-won había hecho que le echaran la culpa a Kang Chan-beom. Era un momento más para confirmar lo aterrador que era Do-won. Yeo-rok siempre había sentido que Do-won no era como los demás, pero ver cómo manipulaba la verdad y destruía a una familia con mentiras era aterrador. A pesar de todo, ahora no podía apartarse de él. ¿Qué debía hacer con este sentimiento y la manera en que su corazón latía, en contradicción con lo que sentía por su crueldad?


- Han Mi-ja, su padre sea congresista, su tia también pertenece a una familia influyente, así que esto no quedará enterrado facilmente.


Ji-ho era el primo segundo de Do-won y Yoo Seon-hwa era su tía.


- El director Joo dice que todo lo que haga Do-won es correcto


Eso era cierto. Incluso hace poco, en el hospital, la mirada de Joo-bin hacia Do-won estaba llena de cariño.


- Si lo analizamos bien, en el momento en que Do-won resultó herido, el futuro de la familia Kang Ji-tae ya estaba sellado.

- Sí…

- Pero, ver cómo apoya a un psicópata que disfruta causando daño a otros, es claro que estás completamente hechizada por él.

- Te… ¿Te estás divirtiendo?

- Ah…


Ji-ho levantó ligeramente las monturas de sus gafas mientras miraba cautelosamente a Yeo-rok. Pensó que quizás había dicho algo que no debía, pero al final, Yeo-rok ya conocía la naturaleza de Do-won y estaba embarazado de él.


- Sabes lo que pasa, ¿verdad? Do-won es un completo lunático.

- Sí… lo sé…


Le aterraba la idea de que Do-won disfrutara haciendo daño a los demás. Sin embargo, recordaba cómo en el Salute Mall, cuando Chan-woo contrató a un hombre para atacarlo, Do-won había intentado protegerlo, resultando herido en el proceso. Pensaba en lo devoto y amable que había sido con el, lo que la hacía sentir más caliente el corazón que el miedo.


- Bueno, vamos a partir ahora.


Ji-ho encendió el motor del Audi y comenzaron a salir.



***


La voz de Do-won sonaba emocionada, como si estuviera a punto de jugar un juego divertido.


- Te daré 10 minutos a partir de ahora. Corre, escapa todo lo que puedas.


¿Qué está diciendo este loco? Chan-woo se sintió desconcertado. Luego, Do-won le entregó a Chan-woo un cúter, asegurándose de que lo tuviera bien sujeto.


- Lo encontré en el bolsillo de tu saco, así que decidí echar un vistazo. Siempre llevo un cuchillo, pero nunca había visto a alguien con un cúter como este.

- ¡Cállate!

- Pero no puedes escapar sin más.


Do-won luego levantó una motosierra que estaba junto al sofá. Al presionar el botón, el sonido del motor zumbó espeluznantemente. Chan-woo, aterrorizado, se echó hacia atrás. Entonces, Do-won pisó su rodilla y, con la motosierra, cortó ligeramente su pantorrilla. La tela se rasgó, revelando su piel sangrienta. Sin embargo, extrañamente no sentía dolor. ¿Será porque me pusieron anestesia? Pensó. Luego, Do-won retiró la motosierra.


- Ahora, corre en este estado.

- Maldito… hijo de puta…


Do-won observó la expresión de Chan-woo y estrechó sus ojos con una sonrisa sádica.


- Cuando miro a los asesinos en serie, incluyendo a mi propio padre, condenado a muerte, siempre eligen a los débiles para matar, ¿no? Honestamente, no entiendo su mentalidad. ¿Por qué atacar a personas inocentes? A mí me parece mucho más divertido eliminar a la basura. Especialmente a alguien como tú, Kang Chan-woo, hijo de puta.

- …

- ¿Quieres jugar conmigo, Mr. Budeull?


Los ojos de Do-won destilaban una amenaza escalofriante.


***


Yeo-rok, quien había llegado al X Hall donde se celebraría la ceremonia del Premio de Arte de Corea, entró junto a Ji-ho.


- Puedes sentarte aquí.


Ji-ho, que iba al frente, señaló un asiento vacío. Yeo-rok se sentó en él. Era una silla cómoda con un buen cojín. El reposabrazos tenía una pequeña mesa plegable y un espacio para colocar una bebida. Estaba en el segundo piso, en la primera fila, por lo que había una barandilla justo enfrente, pero la inclinación del lugar permitía ver claramente el escenario sin obstáculos. Ya quedaba poco para que empezara la ceremonia, y como era de esperar, había varias personas en el público. En el primer piso había mesas redondas, que probablemente eran para los nominados de la premiación. La mayoría eran caras que Yeo-rok había visto muchas veces en la televisión. En ese momento, se dio cuenta de que Do-won era un actor reconocido. Al observar más de cerca, notó que su silla era de un color diferente al de las demás. También había sillas de distintos colores en el bloque de atrás y al lado, donde había poca gente sentada.


- Este es el asiento VIP. Es para amigos o conocidos de los actores y directores que asisten - explicó Ji-ho mientras se sentaba junto a Yeo-rok.

- Ya veo.


Yeo-rok miró hacia arriba, donde había asientos hasta el cuarto piso. Al sentir la atmósfera de la ceremonia, su corazón se aceleró. Pensó que nunca podría vivir un momento como este cuando fue amenazada por Chan-woo hace unos días... era una sensación agridulce.


- La ceremonia empieza a las 7 de la tarde. Aún falta unas dos horas - dijo Ji-ho.

- Sí...

- Si quieres salir o cambiar de lugar, está bien.

- No, estoy bien aquí.

- ¿No vas a cenar?"

- No, quiero comer después de la ceremonia con el actor.

- Está bien.


Ji-ho asintió y se recostó en su silla. En realidad, esta era la primera vez que él estaba en un evento de este tipo. Siempre había estado trabajando en la sombra, ocupándose de los problemas de los actores y manejando tareas relacionadas desde su oficina, o lidiando con situaciones complicadas. Estar allí ahora era por orden de Do-won. Lo había traído para proteger a Yeo-rok, ya que podría haber peligro si Chan-woo o alguien relacionado con él intentaban hacerle daño. El lugar estaba lleno de cámaras, ojos vigilantes, y había mucha seguridad en el evento, por lo que estaba relativamente seguro allí. Yeo-rok lo miró fijamente.


- ¿Está bien tu lesión, jefe? Te lastimaste mucho ese día.

- Aún me duele un poco el cuello, pero no es nada que me impida hacer mi vida normal. Antes, uno de los actores de mi agencia se fue a Japón con un director y casi fue asesinado por los yakuza. Si comparamos, esto no es nada.

- ¡Vaya...


Yeo-rok se quedó sin palabras al escuchar esa aterradora historia.


- El equipo de protección privada tiene un trabajo difícil, ¿verdad? Cuando comencé no pensaba que fuera tan peligroso. Al principio solo veía la parte superficial, pero realmente es un trabajo peligroso. He visto de todo, como si estuviera involucrado en crímenes graves. Es por eso que el salario es mucho más alto que el de otros equipos. Si no fuera por el dinero... no podría hacerlo.

- Sí...


Yeo-rok había comenzado como una ayudante doméstico por tres meses, por lo que nunca había entendido completamente el peso de ese trabajo. Gracias a eso, su preocupación por Do-won creció aún más.


- ¿El actor llegará bien?

- Honestamente, no se trata de Do-won.


La respuesta de Ji-ho estaba llena de significado, y Yeo-rok asintió en silencio, comprendiéndolo.


- Me sorprendió verte en ese almacén, la verdad. Do-won me pidió que te vigilara desde esta mañana. Dijo que parecía que te había mordido una rata, y quería que te cuidara.

- Ah...


Aunque Yeo-rok había intentado ocultarlo, parecía que Do-won ya se había dado cuenta de la situación gracias a los feromonas de Chan-woo y su comportamiento. Un Alfa muy perspicaz.


- Así que te estuve vigilando desde esta mañana. Do-won salió de madrugada para capturar a esa 'rata', o mejor dicho, a Kang Chan-woo. Y fue por eso que apareció en ese almacén.


Recordó cuando Do-won apareció en el centro comercial Salute después de que Chan-woo lo llamara para devolverle el teléfono. Siempre que Yeo-rok estaba en peligro, Do-won aparecía para protegerla. Estaba muy agradecida. Sus ojos se llenaron de lágrimas.


Ji-ho la miró fijamente.


- ¿Por qué no le contaste a Do-won que te estaba amenazando Chan-woo? Vi que Chan-woo incluso contrató a unos matones para intentar hacerte daño... Si no hubiera sido por Do-won, de verdad habrías estado en un gran peligro.

- Lo siento.


Yeo-rok bajó la cabeza. Sentía una gran culpa por la noche en que se acostó con él, cuando le pidió que dejara el trabajo. Había causado mucho daño a Do-won, incluso él se había lastimado por cumplir su deseo. Incluso Ji-ho fue agredido. Si hubiera podido, habría querido resolver todo con Chan-woo por su cuenta. Ahora se daba cuenta de lo imprudente que había sido al intentar cargar con todo solo.


- No tienes que disculparte - dijo Ji-ho, algo sorprendido por la actitud de Yeo-rok. Tosió nerviosamente.


En ese momento, la pantalla en el escenario comenzó a mostrar un video promocional de la ceremonia del Premio de Arte de Corea. Apareció una escena de Do-won, quien interpretaba a Ahn Ju-hyeok en "Red Gentleman". Era una toma del clímax de la película, donde, después de ser descubierto, él miraba con una expresión melancólica antes de cortarse el cuello frente a la policía. Al ver esa escena, Ji-ho recordó que Do-won había ido a visitarlo esa mañana en el hospital.


- Hermano, ¿recuerdas que la última vez te pedí preparar un documento diferente al contrato de renovación de Yeo-rok?

- Sí, lo recuerdo.


Yeo-rok, que originalmente iba a trabajar como asistenta del hogar por tres meses, había rechazado renovar el contrato cuando se acercaba su vencimiento. Do-won se sintió muy decepcionado por ello. En ese momento, él le pidió a Ji-ho que preparara otro tipo de documento. Y esa misma mañana, le solicitó ese documento a Ji-ho. Al escuchar su petición, Ji-ho comprendió de golpe que ese desgraciado era, en efecto, un pervertido depravado que había dejado embarazado a una chico diez años menor que él.


- Y esto…


Lo que Do-won le entregó era un estuche de terciopelo blanco. Cabía en una mano, y parecía contener algo fuera de lo común.


- Guárdalo tú.

- ¿Qué es esto?


Do-won respondió. Como era de esperarse, se trataba de algo importante.


- Tienes que entregárselo tú.

- Puede que hoy no pueda estar al lado de Yeo-rok. Entonces. quiero que hyung se lo dé.

- ¿Qué? ¿De que tonterías estas hablando?


Ji-ho se sobresaltó. A pesar de que el sol matutino brillaba por la ventana, parecía como si la oscuridad se hubiera instalado alrededor de Do-won.


- No creo que pueda ir al cielo. ¿Verdad?

- …

- ¿Entonces iré al infierno…? No lo sé.


Do-won siempre llevaba puesta una máscara. Pero bajo esa máscara, su rostro siempre albergaba un vacío, como si esperara la muerte. Desde que estaba con Yeo-rok, esa sombra de muerte parecía haberse desvanecido un poco, pero por alguna razón, ese día, esa energía volvió a sentirse.


***


- ¡Maldita sea, qué mierda es esto!


Chan-woo cojeaba mientras corría. No quería seguir el juego estúpido del escondite, pero tenía que salir de allí. Aunque su pierna no le dolía debido al anestésico, sentía que la sangre estaba empapando su pierna y que estaba a punto de caerse o torcerse, por lo que no podía correr a toda velocidad. Pensó que sería mejor que lo matara con la motosierra en lugar de tratar su herida en el hombro y darle anestesia solo para hacerle esto. Era obvio que estaba tratando con un psicópata loco.


- ¿Dónde está la salida?


Confuso, Chan-woo perdió el sentido de la dirección y comenzó a dar vueltas por el mismo lugar.


- Es hora. ¿Puedo empezar ahora?


La voz de Do-won sonó a lo lejos, causando un escalofrío. Era innecesariamente educado y cortés, lo que lo hacía aún más aterrador. 


Chan-woo, aterrorizado, pensó que debía esconderse. Con prisa, buscó un lugar para ocultarse. Entonces, escuchó un ruido proveniente de arriba. El sonido creció gradualmente, recorriendo su espalda. Asustado, Chan-woo aceleró sus pasos. En frente, vio un baño público. Rápidamente entró en él, encontrando una fila de compartimientos.


Sinceramente, entrar allí no lo ayudaría mucho a esconderse, pero se apresuró a abrir el armario de limpieza en el fondo, que tenía un letrero colgado. Era lo suficientemente grande como para albergar dos trapeadores, por lo que había algo de espacio. Chan-woo rápidamente se metió dentro, ocultando su feromona y tapándose la boca con las manos. Su corazón latía fuertemente, casi a punto de desmayarse de tanto miedo. Se sentía totalmente perdido y enfadado. Era una situación asquerosa, pero logró contenerse.


Creeeek.


El chirrido de las bisagras oxidadas y el ruido de los pasos se superpusieron. Era un sonido pesado. Aunque estaba cubierto por las divisiones, el aire vibraba y podía sentir las feromonas. Lo más aterrador era que el olor de las feromonas era similar al de su hermano, Kang Chan-beom. ¿No se había escapado al extranjero? No podía ser que Kang Chan-beom estuviera allí... Sintiendo una sensación extraña, Chan-woo miró entre la rendija de la puerta. 


Ahí estaba Do-won, con la motosierra en las manos.


Capítulo 147


Los ojos de Do-won estaban curvados con dulzura, y su sonrisa dibujaba una línea delicada hacia arriba. Solo por su rostro, uno pensaría que estaba a punto de encontrarse con su amante en un drama romántico. Pero empuñando una motosierra empapada de la sangre de Chan-woo, su presencia era puro terror. Comenzó a abrir los cubículos uno por uno.


- ¿Señor Kang Chan-woo, dónde está?


Su voz era increíblemente amable. En contraste, el zumbido de la motosierra al encenderse se escuchaba de fondo.


- Mmm, aquí no está.


El sonido de las puertas abriéndose se acercaba poco a poco. Chan-woo apartó rápidamente los ojos de la rendija de la puerta. Estuvo a punto de orinarse encima del susto, pero logró aguantarse con fuerza.


- ¿Le saco primero los ojos? ¿O le quito la piel?


Sus susurros sádicos acompañaban los pasos que poco a poco se alejaban, hasta que finalmente desaparecieron del todo.


¿Se habría ido a otro lugar? Aun así, no podía bajar la guardia. Chan-woo aguantó la respiración, inmóvil. Pasó un buen rato. El espacio cerrado lo estaba asfixiando, y el sudor le empapaba la frente. Permanecer oculto por más tiempo era inaguantable. Así que, finalmente, abrió la puerta y salió.


- Haah… haah…


Sentía un ligero mareo. Entonces abrió la puerta del baño y miró a su alrededor. No había señales de Do-won por ningún lado. Aliviado, Chan-woo salió. Pero al avanzar unos pasos, se le heló la sangre. Bajó la mirada. La sangre que goteaba de su pantorrilla había dejado un rastro en el suelo. Chan-woo observó con horror las marcas que mostraban claramente el camino que había tomado hasta el armario de limpieza.


- Mierda… ese cabrón lo vio todo… Uhk.


En ese instante, un filo le rozó el brazo izquierdo. El dolor lo empujó contra una pared. Miró con más detalle: tenía un corte diagonal sangrando, y no había anestesia en ese brazo, así que el dolor era intenso y real.


- ¿Por qué tardaste tanto en salir?


Do-won apareció frente a él.


- Vaya… duele mucho, ¿cierto?


Su tono era de preocupación, pero la sonrisa en su rostro lo delataba: estaba disfrutando la situación. Estaba completamente loco. No había otra forma de describirlo. Espantado, Chan-woo se dio la vuelta y echó a correr. Pero Do-won no lo siguió. Solo lo observaba en silencio desde su lugar, con una mirada llena de burla.


Chan-woo, con el corazón encogido, se dirigió a la salida de emergencia. Comenzó a bajar las escaleras. Aunque su pierna no estaba en condiciones, debía esforzarse al máximo. El pasillo volvió a aparecer. Bajar las escaleras continuamente era un tormento. Aun así, apretó los dientes y siguió. Pero entonces escuchó pasos subiendo tranquilamente desde el otro lado. Con los ojos desorbitados, Chan-woo miró hacia allí. Do-won estaba subiendo las escaleras con una sonrisa. Había anticipado los movimientos de Chan-woo y había tomado otra ruta.


- Haah… mierda…


Chan-woo maldijo en voz baja, rindiéndose, y se dejó caer en el lugar. Incluso el cúter que le habían entregado parecía una burla, así que lo tiró al suelo.


- ¿Qué tiene de especial Eun Yeo-rok para que estés haciendo todo esto?

- …

- ¿Por qué me haces esto por un tipo como ese? ¡¿Quién mierda crees que es ese?!


La voz de Chan-woo estaba cargada de indignación. La sonrisa cruel que se dibujaba en el rostro de Do-won se desvaneció, dejando una expresión completamente neutra.


- Tú también sabes por qué estoy haciendo esto, ¿no?

- ……

- Yo amo a Eun Yeo-rok.


La voz de Do-won estaba llena de pasión. Esto hizo que el ceño de Chan-woo se frunciera aún más. Entonces, Do-won ladeó la cabeza con curiosidad.


- ¿Por qué te molesta? ¿Porque parece que intento quitarte a Eun Yeor-ok, como si fuera tuyo? ¿Te resulta repugnante?


Chan-woo solo respiraba con dificultad. No podía articular más palabras. Así que Do-won continuó hablando.


- Lo sé. Sé que dentro de tu obsesión por Eun Yeorok hay un afecto retorcido. Por eso quieres sentir una conexión con él, imitándolo. Convertirte en un omega de extrema dominancia también fue parte de esa envidia hacia el. Y ahora que Yeo-rok se ha convertido en un omega de extrema dominancia, lo deseas aún más. Realmente eres lo peor.

- ……

- Y por si fuera poco, también intentas dominar incluso la muerte con tus perversiones demente.

- Tú también eres un pervertido.

- Al menos yo no me excito con cadáveres. Ni tengo el deseo de matar a la persona que amo. Aunque… quién sabe si Yeo-rok llegará a rechazarme.


Do-won sonrió levemente con una mirada completamente desquiciada.


- Lo ves, tú también estás podrido.


Chan-woo gimió, horrorizado.


- ¿De qué estás hablando? Lo mío era solo un ejemplo, suponiendo que Yeo-rok me dejara. Pero tú… tú simplemente quieres poseer su muerte.


Do-won levantó el cuerpo de la motosierra que sostenía y golpeó la coronilla de Chan-woo. Este soltó un grito desgarrador mientras se acurrucaba de dolor. El ceño de Do-won se frunció con fuerza.


- El verdadero Joo Do-won ya era repugnante… pero esto también lo es.


Los ojos de Do-won se llenaron de desprecio al mirar a Chan-woo. Pero en realidad, no lo miraba a él. Miraba por encima de su hombro, a la ilusión del verdadero Joo Do-won que lo acechaba desde atrás. De hecho, no hacía mucho, Do-won le había confesado a Yeo-rok que tenía una relación tan cercana con el verdadero Joo Do-won que parecían hermanos, y que él era una buena persona. Pero eso no era verdad.


Al principio, Joo Do-won fue amable y cariñoso con él. Parecía un verdadero hermano. Pero con el tiempo, empezó a comportarse de forma extraña. Tal vez por su enfermedad, o quizás era su verdadera naturaleza, pero fuera lo que fuera, se retorció.


“Tu padre, ¿sabes? Es realmente despreciable. Si llevas su sangre, quizá también seas capaz de matarme, ¿no? Me pone los pelos de punta tu mirada, Beret. Me das mala espina.”


Desde cierto día, Joo Do-won comenzó a insultar a Beret. En ese entonces, Beret era el más débil y no podía rebatirle. Y además, todo lo que decía era cierto. Pero frente a su madre, Yoo Sun-hwa, y a su padre, Joo Bin, Joo Do-won actuaba como un ángel. Tenía una doble cara perfecta. Así que Beret vivía temiendo sus reacciones, encogido ante él. Tenía miedo de que, si hacía algo mal, Joo Bin lo abandonara.


Hubo un día en el que Joo Do-won robó dinero del bolso de Sun-hwa y lo escondió en el abrigo de Beret para culparlo. Por suerte, Beret lo descubrió a tiempo y devolvió el dinero antes de que Sun-hwa se diera cuenta. Pero le quedó una herida profunda en el corazón. Ahora odiaba ser odiado por alguien. Le entristecía hasta el llanto.


Durante esos días terribles, un día Beret estaba leyendo un guion por orden de Joo Bin. Tenía planes de debutar como actor infantil cuando se estableciera una nueva identidad para él. Era un papel pequeño, pero quería hacerlo lo mejor posible, así que estaba concentrado cuando la puerta se abrió y sintió una presencia desagradable. Al girarse, vio a Joo Do-won de pie.


- Beret, hoy vendrá a verte un invitado.

- ¿Un invitado?

- Un periodista. Se llama Jason.

- ¿Un periodista? ¿Por qué?

- Le conté que en esta casa hay un parásito, y que mi padre no es un hombre común. Y dijo que vendría encantado.


Joo Do-won quería difundir al mundo el secreto que Beret más quería ocultar.


- ¿Tú… por qué me haces esto?

- Vendrá en una hora. Decide si enfrentas la verdad cara a cara o desapareces por tu cuenta.


Joo Do-won instó a Beret a abandonar la casa. Para entonces, Beret ya estaba agotado tras meses de acoso constante. Ser odiado por Joo Do-won no era diferente a ser rechazado por todo el mundo. Así fue como Beret, cargando solo unas pocas pertenencias en una pequeña mochila, se marchó. Do-won lo observó irse con una sonrisa. Una sonrisa que parecía del mismísimo demonio.


Una vez fuera, Beret sentía que su cuerpo y su alma estaban a punto de quebrarse. Incluso pensó en desaparecer del todo. No tenía a dónde ir, y pasó varios días durmiendo en la calle. Fue perseguido y golpeado por matones, y también se le acercaron mujeres sospechosas. Su vida se convirtió en una sucesión de peligros. ¿Tenía algún sentido seguir viviendo así?


- ¿Sería mejor morir…?


Murmurando esto, Beret vio a un niño blanco de su misma edad que caminaba tomado de la mano de sus padres. El niño, rebosante de amor y vitalidad, contrastaba brutalmente con su propia miseria. Aquella imagen lo hundió aún más en la tristeza. Sintió lástima de sí mismo, y rompió en llanto. Ya no tenía ningún lugar al que ir. Y aunque encontrara uno, lo más probable era que fuera igual o incluso peor que su situación actual. No habría mejora posible. La única salida era la muerte. Beret decidió suicidarse.


Quería ir a un edificio alto y solitario. Deseaba ver el cielo de cerca antes de morir. Así que empezó a deambular por la ciudad buscando un lugar adecuado para despedirse del mundo. Cuando ya no sentía las piernas de tanto caminar, encontró un edificio abandonado con el acceso a la azotea abierto. Era de unas ocho plantas. Subió lentamente las escaleras hasta la cima. Tal como lo deseaba, el cielo se sentía más cerca… pero entonces, estalló en llanto. Cayó al suelo y lloró desconsoladamente.


En ese momento, la voz de su padre resonó en su mente:


“Beret, tú nunca debiste haber nacido.”


Quizá, pensó, estaba sufriendo todo esto porque se había atrevido a vivir fuera del orden natural. Quizá estaba siendo castigado por intentar encontrar la felicidad. En su próxima vida, deseaba ser alguien amado más que nadie. Con los ojos llenos de lágrimas, Beret cruzó la barandilla. Puso el pie en el vacío, dispuesto a entregarse a la gravedad.


Y entonces…


- ¡Beret!


Una voz familiar lo llamó desde atrás. Beret, al borde del abismo, se giró lentamente. Allí estaba Joo Bin.


- No debes morir así. No lo hagas. Ven conmigo, Beret. ¿Sí?


Joo Bin le extendía la mano con desesperación. Pero Beret, entre sollozos, negó con la cabeza.


- No quiero…

- ¿Por qué?

- P-porque… Do-won me odia. No puedo volver a esa casa.

- La verdad, Beret… Do-won ya no está en este mundo.

- ¿Qué?


Beret quedó confundido. Perdió el equilibrio y casi cayó, pero logró aferrarse a la barandilla.


- ¿Qué… qué quiere decir?

- Do-won falleció la noche después de que te fuiste.

- M… mentira…

- No es mentira. Desde que te fuiste, su estado empeoró rápidamente. No resistió mucho. Antes de morir, dijo que lo sentía mucho contigo. Me pidió que tú vivieras en su lugar, con su identidad.


En ese momento, Beret creyó en las palabras de Joo Bin. Y necesitado del calor humano, se refugió en sus brazos y lloró. Cuando regresaron a casa, era cierto: Do-won ya no estaba en este mundo. Así fue como Beret heredó la identidad de Joo Do-won. Olvidó que Do-won lo había odiado y amenazado. En cambio, lo que sentía por él era gratitud. 


Poco después, Beret encontró el diario del verdadero Do-won guardado en un estante. La mayoría de sus páginas estaban llenas de complejos y celos hacia Beret. Desde el momento en que Beret entró en la familia, a Do-won le disgustaba que su padre, Joo Bin, y su madre, Yoo Sun-hwa, le prestaran tanta atención.


El día que Beret se fue, el verdadero Do-won se sintió feliz. En la última página del diario, no había más que odio hacia él. Esto contradecía completamente las palabras de Joo Bin. Según ese diario, Joo Bin había mentido. Beret, confundido, llevó el diario a Joo Bin y lo confrontó.


- ¿Es cierto que Do-won me pidió perdón antes de morir?


Joo Bin, que estaba revisando documentos en su escritorio, se detuvo.


- Sí.

- Entonces, ¿qué es esto?


Beret le mostró el diario. Joo Bin también leyó las últimas palabras escritas por su hijo y, tras un momento de silencio, respondió:


- Simplemente… haz como si no lo supieras.

- ¿Qué?

- Te conviene mucho más vivir como Do-won que con una identidad nueva…


En ese momento, a Beret le cruzó un pensamiento aterrador: ¿y si Joo Bin le había hecho algo a su propio hijo...? Pero no era más que una suposición. Lo cierto era que el estado de Do-won no era bueno, y tenía problemas cardíacos que fácilmente podían haber provocado una muerte súbita. La sospecha era demasiado pesada para sostenerla, así que Beret no pudo seguir interrogando.


Desde aquel día, Joo Bin se mostró devoto hacia él, quien ahora vivía como Do-won. No sabía si era por remordimiento, o porque sabía que el verdadero Do-won lo había odiado y amenazado, pero lo cierto es que cumplía todos sus deseos. Sin embargo, Joo Bin no buscaba formar a un actor artístico, sino crear una celebridad de valor comercial. Por eso insistió en que comenzara como modelo y se limitara a papeles planos y actuaciones superficiales. Do-won no estaba en posición de rechazarlo. También temía que si no hacía lo que Joo Bin quería, algo aún peor podría ocurrirle. Por eso, decidió seguir su juego, obtener grandes logros, y entonces vivir a su manera. Ese momento, pensaba, había llegado ahora.


No le había contado a Yeo-rok que el verdadero Joo Do-won lo había maltratado y odiado porque no quería preocuparlo. El ya sufría bastante por culpa de Kang Chan-woo, y si supiera que incluso Do-won había tenido una vida así, sin duda le dolería aún más.


Además, Beret ya había pulido tan perfectamente el personaje de Joo Do-won que la existencia del original era apenas un eco. No quedaba rastro alguno de su esencia. Pero cada vez que Yeo-rok pronunciaba el nombre “Do-won”, era evidente que el recuerdo del verdadero Do-won se sobreponía, y eso le causaba dolor. Beret insistía una y otra vez: no quería renunciar a su vida actual. Antes era por sí mismo, pero ahora ya no estaba solo. Aunque vivir doliera, aunque el cielo quisiera castigarlo, él quería seguir existiendo por Yeo-rok y el hijo que habían concebido. Sin embargo…


—Ja, el que da asco no soy yo. Eres tú, Joo Do-won.


Kang Chan-woo gritó con los ojos inyectados de sangre. Cuanto más lo miraba, más sentía Do-won que se parecía al verdadero Do-won. Pero Kang Chan-woo era incluso peor. El verdadero Do-won, al menos, le había dado una identidad a Beret, por el motivo que fuera. Pero este tal Kang Chan-woo intentaba hacer lo contrario.  El juego había terminado. Era hora de cerrar el telón.


Capítulo 148


Do-won levantó la sierra. Una larga sombra se proyectó sobre Chan-woo, como una advertencia que una bestia lanza antes de devorar a su presa. Por un instante, el aire pareció detenerse y las pupilas de Chan-woo temblaron violentamente. La mirada de Do-won se volvió gélida, desprovista de toda emoción. Luego, con la sierra de filo afilado, azotó el rostro de Chan-woo como si lo desgarrara con furia. El rostro de Chan-woo, cuyo tabique nasal ya estaba destrozado, quedó tan desfigurado que era imposible reconocer sus facciones.


- Haa... haa…


Chan-woo exhaló con dificultad, encorvándose mientras tosía. Una mezcla de saliva y sangre oscura y espesa salía por entre sus labios. Pero Do-won lo sujetó con fuerza del cuello y lo empujó violentamente contra la pared. Desde un principio, por complexión física, Chan-woo no tenía posibilidad alguna de resistir.


- Yo estoy viviendo como Joo Do-won porque así lo elegí. Pero tú, Kang Chan-woo, le robaste la vida a un hombre que no necesitaba ser reemplazado. Y luego, intentaste controlarlo todo a tu antojo.

- No es eso… ¡Era mío!


Incluso en ese estado, Chan-woo seguía reclamando la propiedad de Yeo-rok. Tenía los ojos hinchados, el rostro ensangrentado, pero entre los labios partidos todavía asomaban sus dientes blancos, mostrando su obstinación.


- Maldita sea... Si hubiera sabido que esto pasaría, no la habría dejado verte. No. Después de eso... debí haberla enviado a otro trabajo. ¿Por qué lo cambiaron...?


Cuando Chan-woo viajó a Estados Unidos para someterse a cirugía estética, fue entonces cuando su madre, Han Mi-ja, le explicó en detalle cómo fue que Yeo-rok terminó trabajando como asistenta en la mansión de Do-won.


En ese entonces, cuando Yeorok tuvo que ir en lugar de Chan-woo a una cena para conocer a Do-won, Han Mi-ja le había prometido un empleo con buenos beneficios. En realidad, el trabajo era en una empresa administrada por el sobrino de Kang Ji-tae, que se dedicaba principalmente a la prostitución. Pero después de que Yeo-rok conociera a Joo Do-won, Han Mi-ja recibió una llamada de Yoo Sun-hwa, madre de Do-won. Necesitaban con urgencia una asistenta para la mansión, y no encontraban a nadie confiable. Como Han Mi-ja necesitaba congraciarse con Yoo Sun-hwa por los negocios de Kang Ji-tae, cambió sus planes y envió a Yeo-rok a la casa de Do-won.


- Yeo-rok y yo estábamos destinados a encontrarnos. Así tenía que ser, de una forma u otra. Ya basta con esas porquerías.


Do-won interrumpió el murmullo casi delirante de Chan-woo. Entonces, Chan-woo negó con la cabeza con una desesperación desgarradora.


- Yeo-rok es mío... ¡¡Es mí!!

- Maldito enfermo…


Do-won, al borde de perder el control, volvió a levantar la sierra y la descargó brutalmente contra el rostro de Chan-woo, sin piedad.



***


Yeo-rok miró su teléfono. El tiempo había pasado sin darse cuenta, y ya eran poco más de las seis. El auditorio empezaba a llenarse. A medida que avanzaba el tiempo, su nerviosismo crecía aún más. Estaba inquieta, temiendo que algo pudiera salirle mal a Do-won.


- Um… jefe Jiho, hay algo que me da curiosidad desde hace tiempo - dijo Yeorok con cautela, mirando a Jiho.

- ¿Sí?

- ¿Por qué el actor siempre se involucra personalmente en asuntos peligrosos? Es una figura pública, si se expone innecesariamente podría tener problemas.

- Verás, a Do-won no le gusta causar daño a otras personas.

- ¿De verdad?

- Sí. Todo ocurrió poco después de que Do-won cambiara su carrera de modelo a actor. Un hombre apareció, alguien del pasado de Do-won. Más exactamente, alguien que conocía que él antes era Berret, y lo empezó a chantajear con eso. Le envió un video en el que se veían escenas del maltrato que sufrió como Berret. Resultó ser uno de los tipos que lo secuestraron en su momento. Amenazaba con hacer pública su historia si no le daban una gran suma de dinero. Así que el director general fue a reunirse con él para negociar. Pero ese bastardo… no, ese hombre lo atacó de repente con un cuchillo. Un guardaespaldas trató de proteger al jefe y terminó gravemente herido.

- ¡Oh…!

- Do-won, aunque tenga un carácter… digamos, difícil, se sintió terriblemente culpable de que un inocente saliera herido por su culpa. Estaba furioso. Así que insistió en enfrentarse él mismo a ese hombre. El lugar del encuentro fue un aserradero abandonado. El tipo se le abalanzó para herirlo, pero Do-won lo detuvo usando una motosierra que había en el lugar. Y no exagero, incluso un guardaespaldas que había sido de las fuerzas especiales había tenido problemas con ese sujeto. Pero Do-won lo dejó hecho papilla. Desde ese día, lo vi con otros ojos. Pensé: si te metes con él, estás perdido.

- Ya veo…


Yeorok recordó la vez que Do-won había destrozado al tipo enviado por Chan-woo. Aunque no hubiese visto la escena que Jiho describía, podía imaginarse perfectamente cómo había sido.


- Al final, ese hombre fue trasladado al hospital y recibió tratamiento. Parece que Do-won lo asustó tanto que se fue en silencio a Estados Unidos. Desde entonces, cada vez que alguien intentaba chantajear a Do-won con su pasado, él mismo se encargaba del asunto. No le gusta que otras personas salgan heridas por su culpa. Además, parece que le gustó la motosierra que había en el aserradero, porque desde entonces empezó a coleccionarlas.

- Ya veo...


Era un momento confuso, no sabía si llamarlo considerado o todo lo contrario.


- Si Do-won hubiera trabajado en el mundo del crimen, habría dominado más de una organización. El futuro de Corea del Sur habría estado en peligro. Menos mal que eligió ser actor.


Ji-ho hablaba con entusiasmo, pero al ver la expresión de Yeo-rok, cambió rápidamente de tono.


- Ah, bueno, esto no es más que una especulación mía, no lo tomes demasiado en serio. Oh, espera…


Mientras hablaba sin parar, Ji-ho miró su teléfono como si hubiera encontrado una vía de escape. El número guardado como Do-won estaba llamando.


- Justo hablábamos del tigre, y aquí está…


Ji-ho contestó rápidamente, pero colgó casi enseguida y se levantó.


- Parece que Do-won ya terminó su trabajo. Voy a ir al lugar. Quédate aquí, Yeo-rok.

- ¿Entonces el actor viene para acá ahora?

- Sí, por supuesto. Nos vemos en un rato.


Ji-ho salió rápidamente del X Hall.


- ……


Solo, Yeorok parpadeó con sus grandes ojos. Aunque Ji-ho hablaba de Do-won como si fuera invencible, no podía evitar preocuparse por si Chan-woo le había hecho algo terrible. En ese momento, el teléfono de Yeo-rok empezó a vibrar. Solo se comunicaba con Do-won y su abuela a través de ese móvil. Al ver quién era, lo abrió con alegría, era Do-won, a quien había estado esperando. Contestó de inmediato.


[¿Yeo-rok?]


Una voz increíblemente dulce acarició suavemente el oído de Yeo-rok. El asintió con la cabeza con ojos temblorosos.


—¿Cómo estás? ¿Estás bien?

[Por supuesto.]


—¿Y... Chan-woo?

[Está bien. Me dijo que lamentaba todo lo que te hizo.]


Aunque Do-won lo dijera así, Yeo-rok podía intuir la verdad. Sabía que él mentía para tranquilizarlo. Conociendo la actitud arrogante de Chan-woo, era imposible que se disculpara tan fácilmente.


[Ya voy en camino, así que pronto llegaré. Me encantaría encontrarte en el camerino, pero creo que no habrá tiempo para eso.]

—Te veré desde el público.

[Solo de pensar que me estarás mirando, me hace sentir increíblemente bien.]


Do-won sonaba emocionado, y eso hizo que el corazón de Yeo-rok latiera con fuerza. Pero enseguida, él volvió a mostrarse sereno.


[Yeo-rok.]

—Sí…

[Voy a destruir completamente a Kang Ji-tae, Han Mi-ja y Kang Chan-woo. Pero estaba pensando en manejar discretamente el hecho de que viviste como el doble de Kang Chan-woo. ¿Estás de acuerdo con eso?]


[La verdad, me gustaría difundir por todos lados todas las mierdas que ha hecho esta familia, pero pensé que si eso pasa, podrías terminar siendo expuesto y sufriendo un segundo tipo de dolor. Yeo-rok, tú ahora debes vivir tu propia vida. No quiero que el pasado en el que viviste como el doble de Kang Chan-woo se convierta en un obstáculo para que sigas adelante.]


En resumen, Do-won no quería que a Yeorok le ocurriera lo mismo que a él, quien tuvo que renunciar a su identidad como Berret por culpa de su propio padre.


[Kang Ji-tae ya tiene el rostro expuesto en los medios debido al escándalo de los cosméticos con sustancias nocivas. Y Han Mi-ja, como hija de un congresista, también es una figura pública. Incluso la foto de Kang Chan-woo está circulando, no se sabe quién la filtró. Por suerte es una imagen antigua, y sus ojos no se parecen a los tuyos. Pero si se llega a saber que viviste como su doble, surgirán problemas. Claro que haré todo lo posible para evitar que tu identidad se haga pública, pero el punto de tener un doble suele estar muy ligado a la apariencia física. Así que es solo cuestión de tiempo para que se filtre que fuiste su doble.]


Si se llegara a revelar que Yeo-rok fue el doble de Kang Chan-woo, inevitablemente terminaría expuesta en los medios. Aunque la mayoría del público la vería como una víctima y despertaría compasión, también tendría que vivir toda su vida bajo la premisa de haber sido el doble de Kang Chan-woo. Además, su abuela en Cheongdo no sabe nada sobre que él asumió ese papel. Si se enterara, Yeo-rok podía imaginar cuán triste e impotente se sentiría.


[Una cosa es parecerse físicamente, pero que se revele que viviste como su doble es algo completamente distinto. Podría incluso dar pie a un segundo crimen.]


—¿Un segundo crimen?


[Yo denuncié a mi padre ante la policía, pero aun así el mundo intentó echarme abajo por ser “el hijo de un asesino”. Si se llega a saber lo tuyo, alguien con un sentido distorsionado de la justicia podría pensar que eres igual que Kang Chan-woo y hacerte daño. Hay demasiada gente rara en este mundo. Y cada vez que los crímenes de la familia Kang Ji-tae se vuelvan tema, te recordarán a ti también. Sería muy duro vivir así.]


Ahora entendía mejor por qué Do-won le había pedido que borrara a Kang Chan-woo de su memoria. Todo tenía sentido.


[Así que lo que quiero es borrar todos los lazos que te unieron con esa familia repugnante. Solo tienes que vivir como Eun Yeorok. Ese es el Yeo-rok que quiero ver.]


Do-won no solo se encargaba de destruir a la familia Kang que lo había asfixiado, también pensaba en cómo Yeo-rok viviría de ahora en adelante. Siempre había sido atento, pero hoy esa faceta se sentía aún más profunda.


—Gracias.

[¿Por qué agradeces? Solo espera un poco más. Pronto estaré ahí.]

—Mm…


La llamada terminó, y Yeorok se quedó mirando el teléfono, sintiendo la calidez de su voz aún flotando en el aire.



***


Ji-ho entró al quinto piso del centro comercial Salute acompañado por los miembros del equipo de atención privada. Do-won estaba sentado en un sofá, sonriendo mientras se alejaba el teléfono del oído, como si acabara de terminar una llamada. Frente a él, yacía en el suelo Kang Chan-woo, cubierto de sangre y hecho un desastre. Aunque no tan grave como aquella vez con Kang Chan-beom, el estado era igualmente lamentable. Las motosierras y cuchillos de escultura esparcidos por el suelo parecían dar testimonio de lo ocurrido. Pero Do-won estaba impecable. Como si acabara de salir del salón de belleza, su cabello estaba perfectamente peinado y ni una gota de sangre manchaba su ropa. Conservaba su porte característico, refinado y sereno. Cuesta creer que él fuera quien había dejado a Chan-woo en ese estado. Do-won se levantó suavemente del sofá, con una sonrisa apacible.


- Llévenselo.

- ¿Lo hacemos parecer una huida al extranjero como a Kang Chan-beom?

- Lo pensaré. Cuando recuerdo lo que le hizo a Yeo-rok, solo quiero hacerle sufrir aún más.

- Entendido. Tú ve ahora al X Hall. El evento de premiación está por comenzar.

- Sí.


Do-won dio un paso hacia la salida. En ese momento, algo parpadeó frente a sus ojos. Una visión del verdadero Joo Do-won apareció, saludándolo con la mano. Luego, Do-won miró por la ventana. El resplandor rojo del atardecer se extendía hermosamente. No era como cualquier otro ocaso que había visto día tras día. Hoy, esa luz roja se sentía diferente. Como si fuera la última.



***


Pasadas las siete, comenzó la ceremonia de premiación. Yeo-rok, con los ojos llenos de tensión, esperaba ansiosamente el momento en que Do-won apareciera. Según el guion que Ji-ho le había mostrado antes, parecía que Do-won saldría bastante al final. Yeo-rok miraba todo algo aburrido, cuando de repente se escucharon gritos de entusiasmo de las mujeres en la audiencia.


Al inclinarse para ver el primer piso, vio a Do-won entrar en la zona de asientos, decorada con mesas redondas. Al escuchar los gritos, Do-won sonrió y saludó con la mano hacia el público. A juzgar por su apariencia impecable, parecía que no había pasado nada con Chan-woo. Poco después, Do-won empezó a mirar alrededor entre la multitud. Finalmente, sus ojos se encontraron con los de Yeo-rok, y sus pupilas se curvaron dulcemente en una sonrisa. ¿Por qué será? Ese día, la sonrisa de Do-won le pareció triste a Yeo-rok.




Capítulo 149


Chan-woo, cubierto de sangre por la mano de Do-won, salió del centro comercial. En el cielo, teñido por un intenso atardecer, flotaba una luna pálida, y el ambiente estaba lleno de una energía lúgubre. Chan-woo fue colocado en el asiento trasero del Audi de Ji-ho. A ambos lados, escoltas corpulentos lo sujetaban con firmeza, inmovilizando sus brazos. Ji-ho se sentó al volante.


- ¿No deberíamos ponerle esposas a ese cabrón?


Ji-ho lo miró por el retrovisor. Kang Chan-woo permanecía inmóvil, como un cadáver sin vida, el tiempo parecía haberse detenido. Después de recibir semejante paliza de Do-won, era raro que siguiera consciente. Ji-ho pensó que no habría problema y encendió el coche, arrancando.


Primero debía llevar a Kang Chan-woo al hospital, ya que sus heridas eran graves, y después hablaría con Do-won sobre cómo manejar la situación.


Actualmente, Kang Ji-tae y Han Mi-ja estaban detenidos, y Kang Chan-beom había sido disfrazado como el atacante del periodista Choi Ha-jin y luego fingió escapar al extranjero. Aunque todos los miembros de esa familia eran repugnantes, los actos de Chan-woo contra Yeo-rok eran los peores. Por eso Ji-ho tenía pensado dejar a Do-won decidir cómo castigarle.


Apretando el volante con fuerza, Ji-ho conducía. Pronto, el coche se detuvo en un semáforo en rojo. Bajo el cielo nocturno, los edificios y comercios brillaban con letreros de neón por todas partes. En la pantalla LED de un cine, apareció un video promocional de los “Premios de Arte de Corea”. Al ver eso, Ji-ho pensó en Yeo-rok, que debía estar en el X Hall, y se puso nervioso. Aunque no debía pasar nada, no podía evitar sentirse ansioso. Decidió llevar rápidamente a Chan-woo al hospital y luego dirigirse él también al X Hall. Era extraño. Aunque todo parecía haber terminado, su corazón seguía intranquilo. Ji-ho, con las palmas sudorosas, no podía sujetar bien el volante. Abrió la tapa de la consola central para sacar unos guantes, cuando de repente…


- Ugh…

- Ji… jefe… corra… ah… rápido… agh...


Sonaron gemidos sordos desde atrás. Al girarse, Ji-ho vio que uno de los escoltas tenía un cuchillo de escultor clavado en el brazo. Al parecer, Chan-woo lo había recogido del suelo del centro comercial. El cuello del otro escolta estaba gravemente herido. En ese instante, Chan-woo agarró el cuello de Ji-ho.


- Abre la puerta, hijo de puta.


La fuerza de Chan-woo, que Ji-ho había creído casi muerto, era más brutal que nunca. El recuerdo de cuando casi murió apuñalado en un callejón lo invadió y se le erizó la piel. Titubeando, finalmente desactivó el seguro. Chan-woo abrió de inmediato la puerta trasera y salió del coche. El viento helado del invierno lo envolvió con violencia. Con una mirada llena de odio, Chan-woo empezó a correr ignorando los carriles. Los coches que cruzaban se detuvieron caóticamente.


- Yeo-rok… te extraño… voy por ti…


Su voz, extrañamente cargada de una obsesiva ternura, no coincidía con la situación. Pronto, Chan-woo llegó a la acera y desapareció entre la multitud.


- Esto es muy grave…


Ji-ho, aturdido por la repentina catástrofe, intentó desesperadamente contactar a Do-won, pero sabía que estaba en la ceremonia y no respondería. También intentó llamar a la mánager Yang Seo-yul, sin éxito. Nervioso, dejó un mensaje para Do-won y luego se comunicó con Joobin.



***


El Gran Premio de las Artes de Corea seguía en pleno desarrollo. La atmósfera se volvía cada vez más intensa a medida que diversas obras y destacados actores iban recibiendo sus premios uno tras otro. Sin embargo, la mirada de Yeo-rok no estaba en la pantalla del monitor, sino fija en Do-won, que estaba sentado en una mesa del primer piso. Él tampoco miraba el escenario, sino que, de vez en cuando, lanzaba discretas miradas hacia el bloque donde estaba Yeo-rok. Aunque sus cuerpos estaban separados, el simple hecho de compartir el mismo espacio les hacía sentir el corazón cálidamente lleno. En ese momento, un actor veterano que salía a menudo en televisión caminó con calma hacia el centro del escenario.


- Hola, soy Kang Ji-hoon. Es un honor para mí anunciar a los grandiosos nominados que hoy harán brillar aún más este resplandeciente Premio de las Artes de Corea.


En la gran pantalla ubicada en el centro del escenario aparecieron divididas en tres partes las imágenes de los nominados. Do-won estaba en el centro. Al sonreír con su característica mirada risueña, el público estalló en gritos y vítores. El corazón de Yeo-rok también se sintió extrañamente suave al ver esa sonrisa. Aunque todos los presentes brillaban por estar allí, Do-won parecía brillar de forma especial.


- De verdad, si fuera por mí, les daría un premio a todos. Ahora, anunciaré al ganador al Mejor Actor en la categoría de Cine de los Premios de las Artes de Corea.


El actor veterano abrió el sobre que tenía en la mano. Luego, esbozó una amplia sonrisa.


- ¡Felicidades al actor Joo Do-won por Red Gentleman!


Una alegre música y una ola de aplausos hicieron vibrar el escenario.


- La interpretación de Joo Do-won en el papel de Ahn Joo-hyuk, un hombre que oculta un pasado trágico, conmovió profundamente al público. Su actuación como un asesino despiadado, y la expresión desgarradora en su escena de suicidio, fueron simplemente magistrales. Felicitamos sinceramente a Joo Do-won por haber creado la hermosa caída de un villano.


Do-won se levantó de su asiento. Saludó a los actores y directores que estaban a su lado, y una vez más, miró hacia donde estaba Yeo-rok antes de caminar hacia el escenario. Sus pasos eran ligeros y rápidos, como los de una mariposa. Yeo-rok, desde su asiento, se sintió profundamente agradecido por poder presenciar ese momento tan deslumbrante en persona.


***


- Ah… ah….


Chan-woo llegó frente al almacén Burim, respirando con dificultad. Corrió hacia el Benz que había dejado estacionado antes. Al parecer, los hombres de Joo Do-won no habían llegado hasta ese coche. Abrió el maletero.


- No puede… terminar así…


Dentro había un maletín negro.


- Maldito… bastardo de Joo Do-won…


Chan-woo, desprendiendo una sed de sangre abrumadora, sacó su teléfono del bolsillo y entró a la galería de Joo Do-won. Estaba completamente inundada de publicaciones sobre el premio al Mejor Actor que acababa de ganar. Estaba llena de elogios repulsivos hacia Joo Do-won.


- Ah, claro… hoy es la ceremonia de premiación… ¿Dónde se celebra?


Murmuró mientras buscaba "Premios de las Artes de Corea". Sus ojos se volvieron salvajes al encontrar la información. Tomó el maletín del maletero y lo colocó en el asiento del copiloto del Benz. Estaba a punto de subirse al asiento del conductor cuando se volvió para mirar la entrada del almacén. Aunque ahora el lugar parecía una ruina, hasta hace poco había sido usado por una empresa dedicada a la venta de gasolina. Chan-woo volvió a adoptar una expresión cruel y entró. Se acercó al bidón con el que había tropezado mientras huía de Joo Do-won. Abrió la tapa y acercó su nariz maltratada. El olor a gasolina llenó sus sentidos. Era gasolina. Sonrió con malicia, tomó el bidón con ambas manos y lo colocó en el asiento trasero. Luego volvió al asiento del conductor y se sentó.


- Voy a matar a Eun Yeorok… y también a ti, Joo Do-won… Bastardo con sangre de asesino… Maldito…


Con una mirada letal, encendió el Benz y comenzó a conducir. Rumbo al X Hall.


***


Do-won, al subir al escenario, tenía una expresión impregnada de emoción. Recibió el trofeo del actor que lo había nombrado, haciendo una profunda reverencia repetidas veces con una actitud respetuosa. Luego se dirigió al micrófono principal del escenario. Sus ojos estaban ligeramente humedecidos.


- Hoy, por ciertos asuntos, no pude participar en la alfombra roja… pero muchas gracias. Nunca imaginé que recibiría este honor.


Su voz también estaba empapada de emoción. Era una imagen tan conmovedora como cuando confesó su pasado frente a la rueda de la fortuna.


- Primero, quiero agradecer a la escritora Han Su-an por escribir Red Gentleman. Y también al director, que logró sacar lo mejor de mi actuación. A los actores y al equipo que me acompañaron en Red Gentleman, los respeto y agradezco profundamente.


Además, mencionó a otras personas a quienes debía gratitud. Su voz, habitualmente cálida y amable, en ese momento estaba cargada de emoción. Tanto que parecía un poco excesivo, incluso artificial.


Sin duda, hoy era un día especial. La caída de la familia Kang, que durante más de diez años había oprimido su cuello, se hacía definitiva. A través de Do-won, Yeo-rok había recibido el permiso de vivir su propia vida. Sin embargo, desde hace un rato, el aire que rodeaba a Do-won se hacía cada vez más denso. Tras agradecer, continuó con su discurso:


- El personaje de Ahn Joo-hyuk significó muchísimo para mí. Pude identificarme con los sentimientos de alguien que tuvo que ensuciarse las manos para ocultar un pasado desafortunado, y que finalmente eligió su propia destrucción. Aquellos que hacen daño y causan sufrimiento, tarde o temprano, deben enfrentar las consecuencias. Ahn Joo-hyuk aceptó ese destino… con sus propias manos. Y…


No pudo seguir hablando. Sus ojos, ya húmedos, parecían oscurecerse aún más.


- He hablado de algo demasiado sombrío, ¿no?


Sonrió con timidez y prosiguió:


- Siempre me han asignado papeles similares. Por eso, parecía que siempre actuaba igual. Aunque fueran personajes parecidos, siempre intenté expresar diferencias sutiles. Creo que un actor es alguien que se pone diferentes máscaras para vivir otras vidas. Y yo quiero seguir recorriendo esas vidas como el actor Joo Do-won."


Su voz, que antes titubeaba, ahora sonaba con vitalidad.


- Esto es algo vergonzoso de confesar en este lugar, pero… voy a ser papá."


En ese instante, un breve silencio cayó sobre la sala, para luego ser seguido por un murmullo creciente. El maestro de ceremonias, así como el actor que le había entregado el trofeo, mostraban rostros perplejos. El ruido en la audiencia creció como una ola. El presentador, viéndose en apuros, se apresuró a tomar el micrófono y se acercó a Do-won.


- ¿Dijo que va a ser papá? ¿Quiere decir que se va a casar?

- Sí. La persona que amo está esperando una princesa.


Do-won dirigió la mirada hacia donde estaba Yeo-rok entre el público. Pero, debido a la distancia y la multitud en la zona de invitados, nadie pudo identificar que el era su pareja.


- ¡Qué noticia tan feliz! ¡Felicidades!


El presentador ocultó su sorpresa y comentó con entusiasmo. Los actores presentes también reaccionaron igual, y pronto una cálida ovación llenó el lugar.


- A mis fans, que siempre me apoyan, les pido disculpas y gracias. Seguiré esforzándome para mostrarles buenas actuaciones.


Do-won hizo una reverencia con la mayor cortesía. Yeo-rok sintió alivio. El aura pesada que había percibido antes ahora parecía un espejismo; él lucía realmente feliz. Se dio cuenta de que su inquietud había sido solo una falsa impresión, y suspiró con alivio.


- ¿Hm?


De repente, Yeo-rok sintió una fresca fragancia a flores. Pensó que alguien podría haber traído un ramo, pero al mirar a su alrededor, no vio nada parecido. Le pareció extraño. Luego, Do-won bajó del escenario. Yeo-rok no apartó la vista de él ni un segundo. Su corazón ardía de emoción.



***



Un Mercedes Benz se detuvo bruscamente en el estacionamiento del X Hall. Chan-woo, respirando agitadamente, tomó su teléfono. Abrió el navegador para comprobar cómo iba la situación de Do-won, pero antes de poder hacerlo, le llegó un mensaje.


<Chan-woo, soy mamá. Acabo de poder usar el teléfono un momento durante el interrogatorio. Si ves esto, por favor, llámame. Y lo siento… por haber provocado todo esto.>


“¿Qué demonios está diciendo…?”


Chan-woo frunció el ceño con fuerza. Un mal presentimiento se apoderó de él, así que rápidamente volvió a abrir el navegador. En los temas más buscados aparecían el nombre de los Premios de Arte de Corea y, en fila, el de la empresa de sus padres, Ruby Cosmetics. Al tocar uno de los enlaces, descubrió que estaban siendo arrestados por uso de sustancias tóxicas.


- Maldita sea… lo que me faltaba…


Iba a cerrar la noticia cuando otro titular atrapó su mirada: Park Jae-hyun, el que incendió el hospital, había sido arrestado. Lo peor era que había revelado que el autor intelectual del incendio era el propio Kang Chan-woo. Su información personal ya se estaba difundiendo en internet.


¿Así es como llega la ruina? ¿De forma tan despiadada, toda de golpe? El peso de tantas verdades amargas cayendo una tras otra le cortaba la respiración. La sangre que recorría su cuerpo, que siempre fue roja, en este momento parecía teñida de negro.


Temblando, se llevó las manos al rostro descompuesto. Luego bajó del auto y sacó el estuche con la ballesta. También tomó el contenedor con gasolina que tenía en el asiento trasero. Siempre llevaba un encendedor en el bolsillo. No porque fumara, sino porque quería tener la posibilidad de hacer arder algo… de destruir.


Chan-woo entró por la puerta del X Hall. El techo y las paredes del vestíbulo estaban decorados con telas de seda, y había plantas —probablemente artificiales— por todos lados. Era el lugar perfecto para provocar un incendio.


- Disculpe, un momento…


Un guardia de seguridad, notando el aspecto de Chan-woo y el contenedor sospechoso que cargaba, se le acercó. Pero Chan-woo, ya sin nada que perder, no dudó. Golpeó al guardia en la mandíbula con el estuche de la ballesta, haciendo que sus huesos crujieran al romperse. Luego, roció la gasolina sobre la tela colgada en la pared y encendió el fuego con su encendedor.


Las llamas estallaron al instante.


Los ojos de Chan-woo se llenaron de una crueldad monstruosa. Ya no parecía humano.


Capítulo 150


- Algo está raro...


Yeo-rok inclinó la cabeza, mirando a su alrededor. Un momento antes, un aroma floral indescriptible había flotado en el aire, pero ahora un olor acre comenzaba a inundar el ambiente. Era familiar, aunque no era agradable. Le dio una sensación inquietante, como si ya lo hubiera olido en algún lugar, pero no de una manera que le agradara.


A pesar de la creciente inquietud de Yeo-rok, la ceremonia de premiación avanzaba sin problemas hasta el escenario de celebración que quedaba por venir. En ese momento, un hombre del personal se acercó apresuradamente al MC y le susurró algo al oído. Luego, el MC corrió hacia el escenario y tomó el micrófono.


- Gracias a todos por acompañarnos hasta ahora en los Premios de Arte de Corea. Debido a una emergencia, lamentablemente debemos despedirnos de manera apresurada hoy.


Mientras el MC hablaba, los guardias de seguridad corrieron hacia la sección de Yeo-rok, su bloque.


- Hay un incendio en el vestíbulo. Por favor, diríjanse rápidamente hacia las salidas de emergencia.

- ¿Qué? ¿Un incendio?


La idea de un incendio, sumada al recuerdo del que había ocurrido en el hospital, hizo que su corazón se hundiera. Al mirar hacia las mesas del primer piso, vio que los actores, directores y el personal también se apresuraban hacia las salidas, aunque todos, excepto Do-won, se dirigían a ellas. Al ver su calma en medio de la emergencia, Yeo-rok se sintió ansioso. Quiso llamarlo, así que levantó su teléfono y vio que el nombre de Do-won apareció en la pantalla. Al revisar, vio que él también estaba mirando su teléfono. Yel-rok, ansiosa, contestó rápidamente.


[Yeo-rok, ¿estás bien? ¿No ha pasado nada?]

"Sí, estoy bien. Pero, por favor, salga rápido…"

[Sí, pronto saldré. Dirígete a la salida de emergencia.]

"Do-won... no, por favor, ten cuidado también."

[Claro. Y Yeo-rok, trata de quedarte entre la gente. Esto no parece un incendio común.]


El consejo de Do-won hizo que Yeo-rok tragara saliva, sintiendo una creciente tensión. Desde que olió el humo, supo que el incendio había comenzado. Su corazón latía con fuerza y no podía dejar de pensar en cómo, a diferencia de cuando Do-won estaba en el escenario con su trofeo, ahora todo parecía oscuro y desagradable.


Al salir al pasillo, el aire estaba lleno de humo. La sensación de estar nuevamente en la misma situación del hospital se repitió. Ya algunos rescatistas, vestidos con chaquetas naranjas, estaban guiando a las personas. El humo espeso ascendía desde el suelo.


El X Hall tenía muchas ventanas, por lo que el exterior era claramente visible. Se podía ver que mucha gente ya se había evacuado, incluso los camiones de bomberos estaban en el lugar. Yeo-erok descendió por las escaleras. Rezó para que nadie resultara herido… y mientras descendía, el peso de su cuerpo parecía aumentar con cada paso.


Al llegar al primer piso, salió al aire libre. El aire estaba más claro aquí. Yeol-ok se encontraba en el jardín trasero del edificio. Aparentemente, el fuego no había llegado hasta aquí, ya que ni las paredes del edificio ni los árboles estaban dañados. Yeol-ok suspiró aliviada y comenzó a mirar a su alrededor en busca de Do-won, pero aún no lo veía.



***



Do-won subió por las escaleras, sus ojos fieros brillando con una luz peligrosa. Actualmente, solo las personas de los primeros y segundos pisos se habían evacuado, por lo que las personas de los pisos 3 y 4 todavía estaban bajando. Además, en esos pisos, la mayoría de las personas eran civiles, ocupando asientos. Por eso, cuando algunos fans o espectadores reconocieron a Do-won, sus voces de sorpresa y alegría no coincidían con la situación de emergencia. Por lo general, Do-won era educado y amable con aquellos que lo reconocían, pero su cortesía no era por naturaleza, sino por una defensa derivada de la falta de familiaridad. Sin embargo, ahora no podía sonreír como si estuviera adornado con flores en la cabeza. Ignoró a todos y caminó con determinación.


Tras pasar por una multitud, llegó a un pasillo vacío.


- ¡Maldito Kang Chan-woo...!


Do-won murmuró mientras recorría el pasillo, buscando frenéticamente. Normalmente, hubiera intentado evacuar rápidamente al igual que los demás desde el primer piso. Sin embargo, al leer el mensaje de Ji-ho antes de llamar a Yeo-rok, pudo deducir la causa del incendio. Aunque tenía un historial brillante, ver la inacción de los guardias de seguridad le dejó sin palabras, deseando acabar con todos ellos.


Dejó a Kang Chan-woo con vida no para matarlo rápidamente, sino para darle un dolor más grande que la muerte. Al igual que un gato juega con un ratón antes de matarlo, él quería seguir torturándolo antes de enviarlo al infierno. ¿Fue demasiada codicia...?


Do-won recorría el pasillo en busca de ese malnacido, lleno de arrepentimiento. Según lo que le dijo un guardia, el hombre que había rociado gasolina y causado el incendio había subido hacia arriba. Por eso, Do-won comenzó a revisar el segundo piso y pensó en buscar en los pisos 3 y 4.


El X Hall, un edificio que Do-won había visitado cuando trabajaba como modelo en el pasado, ya había tenido un incendio en ese entonces. Fue un incendio espontáneo, pero debido a una gestión deficiente de los sistemas de seguridad contra incendios, hubo víctimas. Después de ese incidente, se mejoraron los sistemas de seguridad y las inspecciones se volvieron más rigurosas. En un edificio tan sensible al fuego, no debería haber ocurrido un incendio espontáneo.


- Debí haberle metido una sierra en el cuello a Kang Chan-woo...


Do-won suspiró, sacando una navaja de defensa personal que siempre llevaba consigo por si acaso. Observó el interior con una mirada feroz, como si fuera a degollar a cualquier pedazo de carne que encontrara frente a él. Pero no encontró la sombra de Kang Chan-woo. En cambio...


"¿Y si me muero ahora?"


La voz de su "verdadero" yo lo invadió, dominando sus oídos. De repente, frente a él, apareció la figura sonriente de su pequeño yo, mirando fijamente. Era una alucinación que solía ver, pero hoy se sentía más vívida, lo que le dio escalofríos.


"¿Lo sientes, Beret? La sombra de la muerte que se cierne sobre ti..."


"Mueres, mueres, mueres, mueres..."


"No puedes vivir en paz después de lo que hiciste."


Las alucinaciones y voces lo maldecían, como si cada segundo fuera valioso. Aunque intentaba convencerse de que no le importaba, no era fácil. Los ojos de Do-won temblaban, sintiendo como si sus piernas estuvieran a punto de ceder. Pero, aferrándose a su mente, forzó su cuerpo a seguir adelante, descendiendo las escaleras.


"¿Por qué sigues vivo? Debería haberte matado entonces... Maldita sea."


En medio de las llamas, la voz de su padre, Welly, resonó en sus oídos como un punzón.


"Beret, desde que llegaste a nuestra casa, todo ha ido al desastre. Realmente te odio."


El "verdadero" Do-won también se mezclaba, siendo igualmente aterrador.


Estas alucinaciones y voces comenzaron cuando comenzó a vivir como el "verdadero" Do-won. Había estado sufriendo durante dieciocho estaciones del año, y aunque había decidido aceptar esta situación y caminar por el camino del infierno, no entendía por qué hoy se sentía tan intensamente. ¿Sería por los gases venenosos? Su respiración se volvió dificultosa mientras sentía la presión de la situación, y finalmente llegó al segundo piso.


La niebla densa y el olor nauseabundo hicieron que Do-won casi no pudiera distinguir nada a su alrededor. Estaba a punto de colapsar en ese mismo momento. Justo cuando sus piernas comenzaban a ceder, un dulce aroma acarició sus fosas nasales. Era el olor que parecía envolver todas las flores del planeta. El aroma que había sido su perdición, el mismo que lo había hechizado en su tiempo como payaso en este mundo, una feromona única que le pertenecía. La concentración del aroma era más densa de lo normal. Do-won, como si estuviera hipnotizado, miró hacia la ventana. Había mucha gente, pero entre ellos, claramente vio a Yeo-rok. Parecía que allí, solo allí, había llegado la primavera.


- Yeo-rok...


Do-won murmuró, y su rostro se tornó pálido. El aroma de la feromona de Yeo-rok, que parecía curativo, contrastaba con el horrible olor que lo rodeaba, que se sentía como un ataque agresivo. Do-won miró hacia allá, donde Yeo-rok se encontraba.


A unos 50 metros de distancia de Yeol-ok, allí estaba Kang Chan-woo, apuntando con una ballesta hacia él.


Do-won intentó abrir rápidamente la ventana, pero como era una ventana de proyecto, solo se podía abrir lo suficiente para ventilar. Sin tiempo para dudar, Do-won sacó su cuchillo y golpeó la ventana. Unas finas grietas aparecieron. Aprovechando la grieta, golpeó con su puño y rompió el cristal. El dolor de los vidrios incrustados en el dorso de su mano no lo sintió; lo único que sentía era la urgencia de evitar que Yeo-rok sufriera más heridas.


La ventana, que había sido un obstáculo gigantesco, se rompió. Do-won se lanzó por la abertura hacia el exterior. El jardín, que ya estaba caótico, se llenó de gritos debido a su aparición, como si una ola se hubiera desatado. Cayó sobre el suelo fangoso, donde aún no crecía césped. A pesar de la multitud, no le fue difícil encontrar a Yeo-rok, porque donde él estaba, el aire estaba impregnado de ese dulce aroma.


- ¡Yeo-rok!


Entre la multitud, Yeo-rok giró al escuchar su llamado.


Pero lo que vio no fue a Do-won, sino a un hombre con una ballesta apuntándole. Su rostro estaba ensangrentado, su boca abierta mostrando sus dientes blancos, y sus movimientos indicaban que era Kang Chan-woo. No había tiempo para preguntarse por qué Chan-woo estaba allí ni cómo había llegado a esa situación. Do-won, corriendo rápidamente, llegó y abrazó a Yeo-rok, poniéndola a salvo detrás de él. Justo en ese momento, el gatillo de la ballesta de Chan-woo se accionó. La flecha voló a través del aire, y con una precisión mortal, perforó el pecho de Do-won.


- ¡Aaahhh!


La multitud en el jardín gritó, retrocediendo al ver a Do-won caer al suelo. Chan-woo, maldiciendo, siguió disparando flechas a Do-won, quien ya no podía gritar debido a la dificultad para respirar. Su respiración era entrecortada y sus ojos, nublados. Su mirada, errática, se dirigió hacia Yeo-rok.


- Yeor-ok... Quería ser como tú... Quería estar contigo... Te amo...


Las palabras de Chan-woo eran veneno, venenosas como una serpiente. Escucharlas era insoportable.


- Yeo-rok, no lo escuches.


Do-won giró bruscamente y, con un solo brazo, abrazó a Yeo-rok. La flecha aún estaba clavada en su pecho, por lo que no pudo abrazarla completamente, pero la sostuvo lo mejor que pudo. A pesar de la gravedad de la situación, Chan-woo no dejó de disparar. Continuó cargando flechas y disparándolas sin cesar, como si estuviera poseído.


- ¡Muere, Joo Do-won! ¡Maldito hijo de puta!


Más flechas se clavaron en la espalda y los hombros de Do-won, pero él nunca soltó a Yeo-rok. Su determinación de protegerlo era más fuerte que el dolor que sentía. Cuando la miró, vio que sus ojos se llenaban de lágrimas. En ese momento, Do-won había tomado las flechas por el, aunque temía tanto como nunca antes hacerlo.


Yeo-rok sentía una punzada en su corazón. Hubiera preferido recibir las flechas el misma, cientos, no, millones de veces.


- Yeo-rok, estoy bien. Quédate quieta.


Incluso en ese momento, la voz de Do-won no temblaba. No parecía estar herido, como si todo fuera normal. Sin embargo, Yeo-rok se dio cuenta de que él estaba actuando. Sabía que lo estaba haciendo para que no se preocupara. Aunque él era un actor, no era necesario actuar en momentos como este.


- Te duele tanto…

- No, no duele en absoluto.


La frente de Do-won no tenía ni una gota de sudor frío. Donde las flechas se habían clavado, solo salía sangre roja, pero él sonrió. Su imagen era deslumbrante. No era la luz del fuego ni de los focos de los rescatistas, sino la luz que emanaba de él. En medio de esta tragedia, Yeo-rok suspiró al ver lo hermoso que se veía. Pensó que la terrible desgracia lo hacía aún más hermoso.


Finalmente, las flechas de Chan-woo dejaron de volar. Los guardias de seguridad se acercaron y le arrebataron la ballesta, sometiéndolo. Pronto, la policía llegó y le puso las esposas a Chan-woo.


- Eh? Este hijo de puta no está respirando.


Un policía tocó el cuello de Chan-woo, que yacía inerte en el suelo. Otro guardia, asombrado, sacudió el cuerpo de Chan-woo, mientras la gente alrededor de ellos se aglomeraba, confundida y preocupada por la situación.


- Haah...


Un dolor insoportable y arrepentimiento aplastaban el pecho de Yeol-ok. Si hubiera sabido esto... Debería haber usado el cuchillo que Do-won le dio en el almacén antes. No, si no le hubiera pedido a Do-won que me ayudara a dejar de actuar como doble... Yeo-rok estaba al borde de la locura debido a la culpa insoportable.


- He cometido muchos pecados viviendo bajo una identidad ajena.


La voz temblorosa de Do-won llegó a los oídos de Yeol-ok. Ya no estaba usando una máscara, era su voz cruda, desnuda.


- Sabía que algún día este pecado regresaría a mí. Creo que hoy es ese día.


La visión de Do-won solía estar llena de ilusiones, la mayoría de ellas relacionadas con su padre. Sin embargo... siempre que veía una imagen de un pequeño Do-won, era cuando algo malo le ocurría o cuando se lastimaba. Incluso cuando Lee Soo-hwan apareció con una ballesta frente al ático de Yeo-rok, el pequeño Do-won lo miraba fijamente. Hoy, las visiones y los ecos del pequeño Do-won estaban más intensos que nunca, y Yeo-rok sentía que la sombra de la muerte se cernía sobre él.


- Alguien como yo, ya estaba caminando por el camino del infierno solo por estar vivo. Así que... ¿cómo será el infierno después de la muerte? No lo sé. Tal vez lo descubra si voy allí...

- No... No digas eso.

- Lo siento. Hace un rato, al dar mi discurso de agradecimiento, hice saber al mundo sobre tu existencia... Quería que todo el mundo supiera que eres mío, aunque sabía que esto pasaría. No podía soportarlo.

- No es algo de lo que debas disculparte... Fue lo correcto.

- Yeo-rok, tú eres mi deseo.

- ...

- La vida que no pude vivir, tú la vivirás por mí... Mi...


Do-won no pudo seguir hablando y cerró los ojos.


Había muchas cosas que quería decirle a Yeo-rok, cosas que no podía expresar. Recordaba la noche en la que le mostró el libro de cuentos sobre el ciervo y el payaso. Quería que lo recordara, para que supiera lo que realmente sentía por él, que deseaba salvarlo. Además, ese libro de cuentos era una edición revisada. En la versión original, el payaso muere después de salvar al ciervo de las manos de los miembros del circo. Pero como Yeo-rok había dicho que la versión revisada también era triste, pensó que no debía mostrarle la original. Y, para ser honesto, no quería morir. No quería dejar a Yeo-rok y a la princesa sola. Tenía tantas cosas que quería decir... pero no podía soportarlo.


- Despierta, Do-won... Por favor... Ugh... Por favor... Sin ti, yo... No puedo... Por favor...


La voz del ciervo aún resonaba en su oído, llena de desesperación. Pero... ¿por qué no escuchaba las voces de su padre y del verdadero Do-won?


Las personas que deberían reírse más de él en este momento... ¿por qué?



Capítulo 151


En la pantalla del quirófano apareció el nombre de Do-won. Sentada en la silla bajo esa pantalla, las lágrimas se deslizaban sin control por las mejillas de Yeo-rok, acumulándose en sus grandes ojos.

Desde el X Hall, donde se celebraba el Gran Premio de las Artes de Corea, Do-won fue trasladado al hospital con la ayuda de los paramédicos. Recibió tres flechazos de ballesta: en el hombro, la espalda y el pecho. Las heridas en el hombro y la espalda no eran tan graves, ya que el ángulo y la profundidad del impacto no fueron peligrosos. Pero el problema estaba en el pecho. Aunque la flecha apenas rozó el corazón, la herida fue profunda y su vida estaba en peligro. Por eso, fue llevado directamente al quirófano, y ya habían pasado seis horas.


- ¿Qué ha pasado?


Una sombra se proyectó delante de Yeo-rok, acompañada de pasos apresurados. Allí estaban Joo-bin y Yoo Sun-hwa. Yeo-rok, apenas respirando, se levantó y les hizo una reverencia. Sentía que había cometido un pecado imperdonable y no podía mirarlos a los ojos. Pero tenía que responder, así que abrió los labios con una voz que parecía desmoronarse.


- E-el actor... se interpuso para protegerme en el lugar...

- ¡La encontré!


Mientras Yeo-rok respondía, una voz alborotada se oyó tras Joo-bin. Él y Yeo-rok miraron hacia allí. Un hombre con una cámara estaba de pie, y el lente apuntaba directamente a Yeo-rok.


“ Queridos suscriptores, estoy aquí en el hospital donde trasladaron al fallecido actor Joo Do-won. Ese parece ser su prometido. ¡Guau! ¡Es realmente hermoso!”


Parecía ser un youtuber. No se sabía exactamente qué canal tenía, pero estaba claro que su comportamiento era extremadamente grosero. Yoo Sun-hwa, alarmada, se colocó junto a Yeo-rok, y Joo-bin se puso delante para protegerla.


- ¡¿Qué cree que está haciendo en una situación de vida o muerte?! ¡Y qué clase de comentario es ese sobre una persona viva!”


“¡Amigos, también está aquí el director de Seed Entertainment, el señor Joo-bin!”


El youtuber sonreía como si hubiera encontrado un trofeo con la presencia de Joo-bin. Era una situación completamente absurda.


- Haah...


Joo-bin soltó un profundo suspiro de frustración.


Do-won seguía en estado crítico, pero aún estaba vivo. El hecho de que ese youtuber se refiriera a él como si ya hubiera fallecido estremecía a Yeo-rok. Comprendía claramente por qué Do-won había querido ocultar que vivía como el doble de Chan-woo.


No todo el público era así, pero había quienes no buscaban la verdad, sino lo sensacionalista y destructivo. Si Yeo-rok se exponía al mundo, sin duda se convertiría en una víctima también. Era algo realmente amargo.


Joo-bin parecía a punto de golpear al youtuber sin sentido alguno, cuando un guardia de seguridad y un enfermero se apresuraron a sujetar al hombre por los brazos y lo arrastraron fuera. Incluso en ese momento, seguía intentando grabar a Yeo-rok, pero finalmente le quitaron la cámara y fue expulsado.


- ¿Te asustaste mucho?


Yoo Sun-hwa acarició el hombro de Yeo-rok, consolándolo. Joo-bin, que estaba muy alterado, se calmó un poco y se dirigió a Yeo-rok.


- Los actores que estaban en el lugar dijeron que Do-won fue alcanzado por una ballesta, ¿es cierto?

- Sí…

- ¿El agresor es el hijo de Kang Ji-tae?


Yeo-rok asintió con la cabeza pesadamente. Joo-bin apretó los puños.


- Esa familia... hasta el final…

- Fue por mi culpa. Si el actor no se hubiera involucrado conmigo, nada de esto habría pasado.


Yeo-rok se culpaba tanto que ya no pudo seguir hablando. Estaba a punto de romper en llanto. Pero si lloraba ahora, sentía que sería como cometer otro pecado más, así que se contuvo con todas sus fuerzas. Joo-bin guardó silencio un momento antes de hablar.


- Tú sabes toda la situación de Do-won, ¿verdad?

- Sí…

- Desde que comenzó a vivir con una nueva identidad, siempre tenía una sombra en el rostro. Aunque sonreía, no era una sonrisa real, parecía estar actuando. Aunque intentaba ocultarlo, tenía una expresión como si no le importara morir en cualquier momento. Que Do-won haya acabado así es culpa de mi ambición. Pero cuando estaba contigo, Do-won mostraba una expresión sincera, sin máscaras.

- …

- Hablaba con libertad de sus sueños y tenía un brillo en los ojos. Nunca lo había visto así antes. Y lo más importante: quien disparó la ballesta no fuiste tú, Yeo-rok.


Yeo-rok se encogió. El rostro de Chan-woo, muerto en el lugar, se le aparecía una y otra vez, y sus hombros temblaban. En ese momento, se abrió la puerta del quirófano y un médico con bata azul salió. Yeo-rok se dirigió rápidamente hacia él.


- ¿C-cómo está?


El corazón de Yeo-rok esperaba la respuesta del médico con el peso de una inminente desesperación.


- El paciente está en la sala de recuperación. La operación fue un éxito.

- Q-qué alivio…


Yeo-rok se dejó caer en el lugar, aliviado. Pero el rostro del médico no era alentador.


- Pero... no parece que el paciente vaya a recuperar la conciencia fácilmente.

- ¿Perdón?


Las palabras del médico convirtieron en un infierno el corazón de Yeo-rok, que por un breve momento había encontrado paz.


- Aunque evitó los órganos vitales, la herida fue grave, y el corazón también sufrió, por lo que el suministro de oxígeno al cerebro no ha sido óptimo. Como resultado, todas las funciones del cuerpo están debilitadas, y especialmente las glándulas de feromonas están inactivas. Eso también afecta al lento suministro de oxígeno al cerebro. Que haya sobrevivido, incluso siendo de tipo ultra-dominante, ya es un milagro. Habrá que seguir observando la evolución.

- ¿Está diciendo que no sabe cuándo despertará?


Joo-bin también preguntó con el rostro completamente desencajado. El médico, incapaz de dar una respuesta clara, se limitó a repetir que había que observar. Las lágrimas que se habían acumulado en los ojos de Yeo-rok cayeron como lluvia. Si algo le pasaba a Do-won, pensaba que ya no tenía razones para seguir viviendo en este mundo.



***



El cielo azul que se veía a través de la ventana era realmente hermoso. En particular, la gran rueda de la fortuna acariciaba la mirada de Yeo-rok. Era la misma que había visto desde la ventana del café-librería al que había ido con Do-won la última vez. Así que este hospital también estaba cerca de aquel café-librería. El hospital en el que originalmente fue operado Do-won estaba cerca de Seed Entertainment, pero lo trasladaron a este lugar hace mes y medio porque aquí trabajaba un médico especialista de renombre. Por suerte, desde la habitación de Do-won se podía ver perfectamente la rueda de la fortuna.


- Do-won, hoy el cielo está realmente azul. Ni una sola nube. Ya casi es abril, así que pronto podremos ver los cerezos en flor.


Susurró Yeo-rok con ternura mientras sus grandes ojos se posaban en la cama. Do-won seguía acostado, con los ojos cerrados.


Sus pestañas, elegantemente curvadas, eran hermosas. Su nariz prominente y sus labios también lo eran. Pero no podía ver sus claros ojos, ni su voz, ni su sonrisa. Aunque el tiempo seguía su curso, parecía que para Do-won se había detenido. Con un sabor amargo en el pecho, Yeo-rok le tomó la mano con fuerza. Los dedos, grandes y firmes, aún conservaban algo de calor. Entonces, Yeo-rok liberó su feromona. El aroma, dulce como si estuviera hecho de cientos de flores entrelazadas, se expandió suavemente. La fragancia floral que había sentido en el X Hall aquella vez era, en realidad, su propia feromona.


Aunque todavía era algo torpe, Yeo-rok estaba aprendiendo a controlar sus feromonas. Según el médico, estimular la glándula de feromonas de Do-won podría ayudarle a recuperar la conciencia. Por eso, Yeo-rok practicaba cada día para poder concentrar al máximo sus feromonas y ofrecérselas a Do-won. No era experto aún, pero todos los días hacía su mayor esfuerzo, entregándose por completo a este ritual.


En ese momento, se oyó un golpecito en la puerta y esta se abrió con cuidado. Era Ji-ho, con gafas de montura gruesa, quien entraba.


- Yeo-rok, ya llegué.

- Hola.


Yeo-rok se levantó con una sonrisa al ver su rostro familiar. Ji-ho también le sonrió al entrar. En su mano llevaba una bolsa de compras de Baskin-Robbins. Se la tendió a Yeo-rok.


- ¿Qué es esto?

- Helado. Lo traje para ti.

- ¿Eh? ¿Tanto?


Yeo-rok abrió mucho los ojos, sorprendido.


- Uno es de fresa y el otro es de choco-menta. A Do-won le gusta el choco-menta, ¿verdad?

- Sí. Recuerdo que después de comer jokbal, se lo comía con muchas ganas.


Mientras respondía, los ojos de Yeo-rok se humedecieron de repente y su voz se apagó. Rápidamente desvió la mirada hacia la ventana que había estado mirando antes. Mordió su labio inferior para contener la tristeza y, tras un momento, volvió a mirar a Ji-ho con una expresión lo más serena posible. Ji-ho, con una cara igualmente sombría, miró a Do-won, que seguía acostado en la cama.


- Sigue sin recuperar la conciencia, ¿verdad?

- Sí…


Ji-ho no pudo decir nada más. Cuando apenas había pasado poco tiempo desde que Do-won terminó así, Ji-ho todavía hablaba con optimismo. Decía que pronto despertaría y que no se preocuparan. Pero tras más de un mes y medio, comprendió que dar falsas esperanzas solo hería más a Yeo-rok, así que dejó de decirlo. Durante ese tiempo, el rostro de Yeo-rok se había vuelto mucho más demacrado. A pesar de la situación, el bebé había crecido mucho, y su vientre estaba bastante abultado. En una etapa en la que debería estar alimentándose bien, verlo así solo despertaba compasión.


- Yeo-rok, aún no he almorzado. ¿Te parece si comemos juntos?

- Ah…

- ¿No puedes dejar la habitación un momento?


Yeo-rok miró a Do-won con duda. El médico le había dicho que no era necesario que permaneciera todo el tiempo al lado de la cama, y Joo-bin había ofrecido contratar a un cuidador, pero Yeo-rok se negó. Quería ser el quien cuidara de Do-won las 24 horas del día. No quería dejarlo en manos de nadie más, y además, no sabían cuándo podría despertar.


- Cuando Do-won despierte, se va a sorprender mucho al verte.


Yeo-rok entendía lo que esa sorpresa implicaba. Se encogió un poco de hombros y se llevó la mano a la nuca, dudando.


- No hay que preocupar a Do-won, ¿verdad? Solo será un momento, anda a comer.


Aun con la duda reflejada en su rostro como si fuera una criminal, Yeo-rok finalmente asintió ante la insistencia de Ji-ho. Luego entró al vestidor que estaba dentro de la habitación. Mientras tanto, Ji-ho miró la cama. El estado de Yeo-rok era realmente alarmante, pero en contraste, la belleza de Do-won parecía brillar con una intensidad casi aterradora. Sinceramente, más que un paciente, parecía alguien que simplemente estaba durmiendo.


- Ladrón…


Murmuró Ji-ho en voz baja mientras miraba a Do-won. Luego sacó un estuche blanco del bolsillo de su abrigo. Rápidamente lo metió en el cajón de la mesilla de noche. Ese era el objeto que Do-won le había entregado aquella mañana, justo antes del accidente. Era algo importante, y Ji-ho ya no quería seguir teniéndolo consigo, así que decidió devolvérselo.


En ese momento, los ojos de Do-won se abrieron ligeramente. Los ojos de Ji-ho también se agrandaron por la sorpresa.


- ¿Eh? ¡Yeo-rok! Do-won abrió los ojos.


Exclamó desconcertado. La puerta del vestidor se abrió de inmediato y Yeo-rok salió apresurado. Tenía la misma expresión de sorpresa que Ji-ho, pero enseguida su rostro se tornó decepcionado y apagado.


- Ah… esto es algo que pasa de vez en cuando. Do-won ahora está en estado vegetativo persistente, pero a veces abre los ojos o parpadea. Sin embargo, no es que tenga conciencia suficiente para comunicarse.

- Ah… ya veo…


Ji-ho ya no supo qué decir. Yeo-rok también permaneció cabizbaja, pero forzó una sonrisa.


- Entonces, jefe, vamos.


Ambos salieron de la habitación. En ese momento, los párpados de Do-won, que parecían cerrados, comenzaron a temblar suavemente… y se abrieron. Esta vez, con una mirada enfocada y clara.


Y sus dedos también comenzaron a moverse.


Capítulo 152



El lugar al que fueron con Ji-ho era el restaurante coreano al que Do-won había llevado a Yeo-rok una vez, con la excusa de comprar un regalo de bodas para una autora. Cuando ambos entraron en uno de los salones privados y se sentaron, a Yeo-rok le vinieron recuerdos de aquel momento. En ese entonces, aún no sabía que estaba embarazado y, dominada por el apetito, comió con entusiasmo. Do-won había sido muy considerado con el, dejándole más comida para que comiera a gusto. Ese recuerdo le apretó el pecho y le humedeció los ojos, pero se obligó a contenerse.


- ¿Está bien si pedimos el menú del almuerzo?

- Sí...


Yeo-rok asintió ante la sugerencia de Ji-ho. Pronto entró un empleado, tomaron la orden y se marchó. Por un momento reinó el silencio. Ji-ho bebió un sorbo de agua.


- Has pasado por mucho, Yeo-rok. Cuidando de Do-won todo este tiempo.

- Al contrario, siento que solo estoy devolviéndole un poco de todo lo que él me ayudó. No me cuesta nada.

- ¿El bebé está bien?

- Sí… Ya recibí los resultados del examen de malformaciones y todo está normal.


Por un momento, la voz de Yeo-rok sonó un poco más animada, pero enseguida bajó la cabeza. Al intentar quitarse el abrigo de primavera, metió la mano en el bolsillo y frunció el ceño.


- Ah… Dejé mi celular.

- ¿Sí? ¿Esperas alguna llamada?

- No…


La única persona que podía llamarla era su abuela. Desde el accidente, su abuela había subido a Seúl para ver a Do-won y luego regresó. Yeo-rok la había consolado durante mucho rato cuando, entre lágrimas, le preguntaba qué iban a hacer con su “yerno”. La noche anterior habían hablado por teléfono y, como siempre, la abuela se mostró preocupada por el estado de Do-won y por el. Por eso, Yeo-rok dudaba que lo llamara solo por haberse ausentado un momento para comer.


Levantó su vaso de agua y bebió. Aunque era solo agua, sentía como si tragara espinas. El corazón le pesaba.


- Entonces, ¿todos los proyectos que el actor iba a hacer se han detenido?


Intentó cambiar el tema. Ji-ho asintió ligeramente.


- Sí. Los dramas y comerciales que comenzaban en marzo están todos en pausa. Estamos esperando a ver cómo evoluciona la situación. Todos desean que Do-won despierte pronto. Sinceramente, no hay muchos actores con su carisma.

- Ya veo…


Ji-ho mostró un rostro amargo.


‘Creo que no podré ir al cielo, ¿verdad?’

‘Entonces, ¿será que me iré al infierno...? No lo sé.’


¿Acaso Do-won presintió el destino que se avecinaba aquel día del accidente? No había muerto, pero si su estado continuaba así…


Ji-ho sintió que la desesperanza lo invadía. Joo-bin y Yoo Seon-hwa recibían informes diarios sobre el estado de Do-won y también estaban desolados. A pesar de no ser su hijo biológico, Ji-ho podía ver cuánto lo querían.


Poco después, les sirvieron la comida. Un lujoso menú con costillas guisadas, sopa de algas y una variedad de guarniciones. Mientras Ji-ho vaciaba su cuenco de arroz, Yeo-rok apenas comía. Solo lograba sorber algo de la sopa de algas. Ji-ho se preocupó aún más. Había querido sacarlo a comer porque su estado era alarmante, pero si seguía así, temía que algo grave pudiera ocurrirle también.


Entonces sonó el teléfono de Ji-ho. Como no tenía activado el modo vibración, el tono retumbó en la tranquila atmósfera del salón. Avergonzado, Ji-ho lo tomó. Era una llamada de un número desconocido. Con expresión confundida, se levantó.


- Yeo-rok, dame un momento.


Salió del salón apresuradamente. Yeo-rok, sola, dejó de comer incluso la sopa. Sentía que estar vivo, que comer, era como cometer un pecado. Suspiró profundamente.


En ese momento, Ji-ho volvió a entrar en la habitación. Su rostro había cambiado por completo.


- ¿Terminaste de comer, Yeo-rok?

- ¿Eh? Sí.

- Entonces, volvamos al hospital de inmediato.


La voz de Ji-ho tenía un tono inusualmente exaltado.



***


El Audi de Ji-ho avanzaba a toda velocidad. Su actitud era completamente distinta a cuando habían entrado al restaurante coreano. Aunque Yeo-rok llevaba bien puesto el cinturón de seguridad, no podía evitar pensar que podrían tener un accidente en cualquier momento. El auto, que había estado corriendo sin dirección clara, se detuvo brevemente al encontrarse con una luz roja. Ji-ho, visiblemente nervioso, tamborileaba el volante con los dedos. Yeo-rok se atrevió a hablar con cautela.


- ¿Señor Ji-ho, ha pasado algo?

- ¿Eh? Ah… ah…


Parecía a punto de revelarle algo importante, pero enseguida se contuvo.


- No es nada. Jajaja…


Incluso forzó una risa. Yeo-rok lo miró extrañada, sin entender por qué se comportaba así. Sin embargo, no parecía dispuesto a contar nada, y el tampoco tenía fuerzas para insistir, así que apartó la mirada. A lo lejos, vio una gran rueda de la fortuna. Bajo ella, se encontraba la entrada de un parque de diversiones. Le pareció escuchar en su mente historias que Do-won le había contado sobre ese lugar.


Entonces, Yeo-rok percibió un aroma dulce. No era un perfume común, sino una fragancia densa, profunda: feromonas. Era como un escalofrío en la piel. En ese momento, dentro del auto solo estaba Ji-ho, un beta. Además, el estaba embarazado, lo que hacía que el cuerpo de un omega rechazara naturalmente las feromonas ajenas, especialmente de alfas. Pero esta fragancia... le resultaba increíblemente dulce. No sabía por qué.


Fue entonces cuando vio a alguien familiar entrando al parque. Aunque había carriles y una acera de por medio, su presencia era lo suficientemente imponente como para captar toda su atención.


Cabello negro como la noche, hombros anchos, cuerpo musculoso pero esbelto y alargado. Era exactamente como Do-won. Yeo-rok pensó que debía estar alucinando. Se frotó los ojos con el dorso de la mano. No había forma de que él, que estaba en una cama de hospital, estuviera ahí. Y sin embargo... ese aroma tan dulce seguía intensificándose.


Volvió a mirar por la ventana. Aquel hombre, tan familiar, estaba vestido de blanco, de pie como un ángel en medio del lugar. Aunque la distancia era considerable, estaba segura: esa figura... se parecía a Do-won. Sabía que era imposible, quizá solo era una ilusión, pero sintió que no debía dejar pasar ese momento.


- Señor Ji-ho… por favor, detenga el coche.

- ¿Eh? ¿Por qué?

- Necesito ir a un lugar urgentemente. Se lo ruego.


Le suplicó con las manos juntas, con toda su alma. Ji-ho, sorprendido, finalmente detuvo el coche en el arcén. Yeo-rok bajó apresuradamente y corrió hacia el parque.


- ¿Qué le pasa de repente…? Oh…


Ji-ho abrió los ojos sorprendido. Luego, también alcanzó a ver al hombre que Yeo-rok había visto y, al reconocerlo, suspiró aliviado.



***



Yeo-rok, que había entrado corriendo al parque de diversiones, no podía dejar de correr.


La última vez había venido de noche, así que no lo notó, pero en los juegos del parque había flores pintadas por todas partes. Colores vivos que parecían florecer. Frente a ese espectáculo, Yeo-rok sintió de repente una inquietud.


Tal vez, pensó, lo que vio hace un momento no fue más que una ilusión, como cuando confundió un dibujo de Do-won con flores. Su corazón, que hasta hace poco rebosaba de esperanza, se desplomó de golpe. Sintió que su temperatura corporal bajaba. Pero antes de darse cuenta, ya había llegado frente a la rueda de la fortuna. Verla desde la ventana del hospital no era lo mismo que estar tan cerca. Estaba fuera de servicio desde hacía mucho tiempo, con un aspecto viejo y desgastado, pero esos colores desvaídos le daban un encanto especial. Aun así, la realidad se sentía cruelmente fría. No había ni rastro de la silueta de Do-won.


- Ha...


Definitivamente, había sido solo una ilusión. La decepción hizo que Yeo-rok bajara la cabeza. Las lágrimas que ya se habían acumulado en sus grandes ojos comenzaron a deslizarse sin cesar.


- Snif... Actor... snif... snif...


Durante el día, en la habitación del hospital, apenas podía llorar por las visitas y las rondas del médico. Por eso, en las noches, le tomaba la mano a Do-won dormido y lloraba de añoranza una y otra vez. Pero ahora estaba solo. Podía llorar con libertad. De sus grandes ojos brotaron lágrimas incontenibles. El pecho le dolía terriblemente.


- No puede ser que todo termine así, ¿verdad...?


Después de abrigar esperanza y chocar con la dura realidad, el dolor era desgarrador. ¿Qué sentido tenía seguir vivo? Giró la cabeza y, más allá de la cerca, vio un río. Las olas parecían extenderle la mano. Un impulso oscuro se apoderó de todo su ser. Como si estuviera hechizado, trepó la cerca. Justo cuando estaba a punto de cruzarla, sintió un calor intenso en su vientre.


- Ah...


Fue como si el bebé en su interior resistiera con su propia temperatura. Gracias a eso, Yeo-rok recuperó la conciencia de golpe. No estaba solo. Una oleada de culpa la abrumó por su pensamiento irresponsable. Sintió como si le hubieran dejado un hematoma en el pecho.


- Perdóname... bebé...


Se sintió más pequeño que nunca por haber tenido un pensamiento tan cruel. Sus suspiros se volvieron más profundos.


- No volveré a pensar así... de verdad lo siento...


Cuando estaba a punto de bajarse de la cerca con el corazón pesado, sintió una presencia que se acercaba con urgencia. Y entonces, unos brazos familiares y ardientes la envolvieron por completo.


- ¿Eh?


Yeo-rok, sorprendido, giró la cabeza. Antes de que pudiera reconocer a la persona, una mano sujetó suavemente su nuca y unos labios cubrieron los suyos. Era un beso cálido, húmedo y dulce. Cerró los ojos conmovida. A pesar de la confusión y el desconcierto, sintió una añoranza indescriptible. En su corazón, que se ahogaba en la desesperación, empezaron a brotar asombro, confusión... y esperanza. Una lengua suave se abrió paso entre sus labios y, al mismo tiempo, unos brazos firmes la estrecharon. El calor y el aroma familiar se intensificaban, y las lágrimas volvieron a llenar los ojos de Yeo-rok. Abrió los ojos lentamente, pero su visión estaba borrosa por las lágrimas. Aun así, aunque no viera con claridad, sabía perfectamente quién era.


Él separó sus labios y, con manos suaves y afectuosas, secó con cuidado sus lágrimas. Solo entonces su rostro entró en el campo de visión de Yeo-rok.


- A... actor...


Cabello negro como el ébano, un perfil elegante, largas pestañas que ya no estaban cerradas ni sin enfoque. Los ojos verde azulado que lo miraban fijamente no dejaban lugar a dudas. No era otro que Do-won. Estaba allí, presente. No en la habitación del hospital. Yeo-rok, dudando si era un sueño, le tocó la mejilla. Estaba muy caliente.


- Yeorok…

- ¿De verdad... eres tú...?

- Sí, soy yo.


Esa voz dulce acarició sus oídos. Al oírla, sus ojos se llenaron nuevamente de lágrimas. Pero temiendo que incluso esa sensación fuera una ilusión, se puso de puntillas y buscó de nuevo sus labios. Él, amablemente, le rodeó la cintura con los brazos y se inclinó un poco hacia el. Sus labios húmedos se encontraron. Para su alivio, era un beso verdaderamente dulce.





Capítulo 153


Jiho observaba por la ventana del Audi con una expresión incrédula. El lugar al que se dirigía era el estacionamiento frente al parque de diversiones abandonado.


- Ugh, ese bastardo de Joo Dowon. Esto es de otro mundo - murmuró con voz baja mientras recordaba lo que había pasado durante la comida en el restaurante coreano con Yeo-rok. El, que solía comer con tanto apetito, apenas había probado bocado, lo que lo tenía bastante preocupado. Fue entonces cuando recibió una llamada de un número desconocido. Pensando que sería algún cliente, salió de la sala y contestó distraídamente. La voz que escuchó por el auricular le robó el aliento.


[Cuánto tiempo, ¿no?]


‘¿Joo… Joo Dowon?’


Ji-ho, que apenas una hora antes lo había visto inconsciente en la cama del hospital, quedó boquiabierto al escuchar su voz tan vívidamente. Al principio pensó que alguien estaba haciéndose pasar por él como una broma, pero luego pensó que nadie estaría tan loco como para hacer algo así.


‘¿Has despertado? ¿Puedes hablar por teléfono así?’

[Se siente como si hubiera despertado de un largo sueño. Es extraño… pero no está mal.]


Dowon hablaba como si hubiese luchado en la frontera de la inconsciencia y regresado con vida, transmitiendo una vitalidad renovada.


‘Voy a decirle a Ye-orok que despertaste, ahora mismo.’

[No. Yo se lo diré. Tú no digas nada.]


La voz de Do-won fue tajante.


[En realidad, cuando desperté, no vi a Yeo-rok y me puse nervioso. Parece que dejó su teléfono también. Así que te llamé a ti, por si acaso.]


Jiho recordó a Do-won parpadeando antes de que él saliera de la habitación. Parece que ese fue el primer indicio de que estaba despertando.


‘Yeorok lo ha pasado realmente mal.’

[Lo sé.]

‘……’

[¿Dónde está lo que te pedí el día que planeaba acabar con Kang Chan-woo?]

´Lo dejé en el cajón del buró junto a la cama del hospital, cuando pasé hace un rato.´

[Entendido. También, prepárame rápido los documentos que te pedí aquella vez. Y trae a Yeo-rok sano y salvo. Si le pasa algo en el camino… prepárate para acabar como yo.]


Ante la amenaza de Do-won, Jiho condujo aún con más precisión y rapidez de lo habitual. Si hubiera sido otro quien dijera eso, se habría reído. Pero este loco era perfectamente capaz de hacerlo. Además, resultaba desconcertante que alguien que había estado en coma durante un mes y medio hablara como si simplemente se hubiera despertado de una siesta.


Desde que transformó los rasgos de Yeo-rok, Ji-ho ya sospechaba que ese nivel de "alfa dominante" era verdaderamente extraordinario.


- ¿Y si este cabrón estuvo fingiendo estar inconsciente todo este tiempo…?


La duda cruzó su mente, pero la desechó enseguida. Recordó cómo Yeo-rok había llorado desconsoladamente mientras él estaba en estado vegetativo. No, definitivamente no era una farsa. Además, el hecho de que Do-won recibiera una flecha de ballesta en lugar de Yeo-rok era una prueba irrefutable de cuánto lo amaba. Le amaba de verdad, con locura.


Fuera como fuera, que Dowon hubiera recuperado la conciencia era un verdadero alivio. Jiho sintió cómo sus ojos se humedecían sin razón aparente. Entonces llamó a Joo-bin para informarle de que Do-won había despertado. Al otro lado de la línea, estallaron los sollozos. Ji-ho se esforzó por consolarlo como pudo.



***



Do-won y Yeo-rok se besaban sin aliento, absorbiendo el uno al otro con desesperación. El calor compartido al abrazarse, el roce de su piel entrelazada… todo era profundamente reconfortante. Mientras se saboreaban así, con intensidad y ternura, poco a poco los labios de Do-won se separaron. Yeo-rok también aceptó la pausa y bajó cuidadosamente los talones del esfuerzo de haberse puesto de puntillas. Con los labios aún húmedos, susurró:


- Do… Do-won-ssi…


El simple hecho de pronunciar su nombre hizo que su corazón se agitara aún más. Todo esto parecía un sueño, una ilusión. Con el pecho lleno de emoción, lo abrazó aún con más fuerza. Era una dicha imposible de poner en palabras, como una flor floreciendo que envolvía todo su cuerpo. Se sentía vivo, y el sentimiento de gratitud la desbordaba. Entonces, los labios de Do-won rozaron su nuca y succionaron con fuerza.


- ¡Ah!

- El aroma de Yeo-rok-ssi… ahora es más intenso. Mucho más dulce…


Do-won contempló el cuello blanco de Yeo-rok con una mirada húmeda. Sus ojos seguían siendo los mismos. Yeo-rok sintió que iba a romper a llorar otra vez, pero se contuvo como pudo.


- ¿Cuándo… cuándo despertaste?

- Empecé a recuperar la conciencia ayer. Podía sentir tu voz… y tus feromonas.

- ¿Eh? Pero esta mañana el doctor dijo que aún faltaba para que recuperaras la conciencia…

- Sí. No podía mover el cuerpo. Yo también pensé que estaba soñando. Pero cuando Ji-ho hyung vino, sentí con tanta claridad el aire, tus feromonas, que supe que no era un sueño. Y después de que ustedes salieron de la habitación, abrí los ojos.

- ¡Entonces debiste llamarme de inmediato! Ah…


Yeo-rok se interrumpió a sí mismo. Recordó que había dejado el teléfono en la habitación del hospital. Encogió los hombros un instante, pero pronto abrió los ojos de par en par.


- ¿Pero está bien que estés aquí afuera? ¡Tienes que volver al hospital y ver al doctor de inmediato! ¿De verdad puedes moverte así?


El sabía que al despertar de un coma, el cuerpo normalmente tardaba mucho en recuperarse. Había cuidado del cuerpo de Do-won todos los días, limpiándolo, previniendo úlceras y otras complicaciones, dándole masajes… pero ahora, él parecía una persona completamente normal, como si solo hubiera dormido una noche. Incluso llevaba ropa común, no la de paciente.


- También me preocupaba al levantarme de la cama, pero estoy mejor de lo que esperaba. Supongo que si hubiera estado más tiempo inconsciente, habría sido diferente. Veré al médico luego. Por ahora, solo quiero estar contigo así.


Dowon, abrazándolo con fuerza, insistió con terquedad.


- Pensé en esperar en la habitación, pero me moría por verte. No pude resistirme, así que salí. Sentía tu aroma con tanta fuerza que seguí caminando hasta llegar a este parque. Y cuando te vi en peligro… lo primero que hice fue besarte.


¿Y qué tenía que ver el peligro con un beso? Yeo-rok se quedó momentáneamente perpleja.


- De todos modos… de verdad tu aroma es muchísimo más fuerte ahora. Menos mal que los otros no pueden detectarlo por el embarazo. Si no… habría sido peligroso.


Do-won negó con la cabeza, como asombrado. Su voz y expresión eran tan reales que Yeorok ya no podía dudar: esto estaba ocurriendo de verdad. Conmovido, sus ojos se humedecieron otra vez.


- De verdad es un alivio. Estaba tan preocupada por la flecha que te atravesó el pecho…

- Antes, si hubiera sido otro momento, habría agradecido a Kang Chanwoo por dispararme, porque quería morir.

- ¡No digas cosas tan horribles!

- Es una historia vieja. Ahora tengo a Yeo-rok-ssi y a nuestra princesa. Jamás pensaría así.


Do-won negó enérgicamente, para no ser malinterpretado, y frunció un poco los labios.


- ¿Kang Chanwoo sigue vivo?


Ante su pregunta, Yeo-rok dudó un instante y negó con la cabeza.


- Después de hacerte eso, tuvo un paro cardíaco en el lugar y murió. Más tarde dijeron que ya estaba en estado crítico por pérdida de sangre.


Además, Kang Jitae y Han Mija habían sido procesados, no solo por usar sustancias nocivas en cosméticos, sino también por evasión de impuestos y nexos con organizaciones criminales. Kang Chanbeom fue declarado prófugo por atacar a la periodista Choi Hajin, pero no había ni rastro de él. Y tras el incendio en X-Hall, también quedó claro que el incendio del hospital había sido obra de Chanwoo. Solo recordar eso hacía temblar a Yeo-rok de rabia.


Él decía que lo amaba… pero ahora estaba segura de que no había nada de sincero en sus palabras.


- Qué pena… debería haberlo hecho sufrir más…

- No digas eso. No quiero que te lastimen más, Do-won-ssi.


Yeo-rok negó con la cabeza. La imagen de Do-won siendo alcanzado por la ballesta de Chan-woo aún la atormentaba como una pesadilla. Se tocó la mejilla, preguntándose si todo esto no sería solo un sueño. Do-won, que lo observaba con intensidad, frunció el ceño.


- Yeo-rok-ssi… ¿por qué estás tan delgado? ¿No comías por mi culpa?

- No podía comer nada que no fuera la comida que tú me hacías.

- ¿Ves? Aunque suene mal decirlo de mí mismo, he probado todos los lugares famosos, pero nada se compara con mi comida. Por eso, si dejo de actuar, estaba pensando en abrir un restaurante.

- ¿Qué? ¿Vas a dejar de actuar?


Yeo-rok sintió que el corazón se le hundía. Entonces, como queriendo calmarlo, los ojos de Do-won se curvaron con dulzura.


- Digo, si me vetan.

- No creo que eso pase…


Recordando lo que Jiho le había dicho hace poco sobre cómo todos en la industria esperaban el regreso de Do-won, Yeorok estaba aún más seguro de que eso no ocurriría. Dowon también sonrió, como si diera por hecho que así sería. Cerró los ojos en silencio, como si quisiera sentir el flujo del aire, y luego los abrió con una expresión desconcertada.


- Cuando desperté hace un rato, no podía oír ni ver nada. Fue extraño.

- ¿Eh?


Los ojos de Yeo-rok se agrandaron. Do-won soltó los brazos con los que la había estado abrazando y dio unos pasos hacia atrás. Luego levantó la vista al cielo y miró a su alrededor.


- Antes, solo cuando estaba contigo dejaba de sentir alucinaciones y visiones. Pero ahora, incluso estando lejos de ti, no siento nada.

- ¿De… de verdad?

- Sí. Es curioso.


Dowon sonrió como si saboreara una libertad recién alcanzada.


Durante el tiempo que estuvo acostado, hubo momentos breves en los que su conciencia regresaba parcialmente. Pero como no podía mover ni un dedo, solo podía sentir lo que pasaba. Yeorok siempre lloraba, sujetaba su mano con fuerza y exhalaba ese dulce aroma de sus feromonas. Un día, sintió que alguien se acercaba. No era Yeo-rok, sino otra presencia.


- Beret…


Era Joo-bin.


- Despierta ya… Quiero verte.


Su voz, amortiguada como si viniera desde debajo del agua, sonaba triste.


- Incluso el Do-won que fue al cielo no querría verte tan pronto. En realidad, después de echarte de casa, Do-won empeoró rápidamente y se arrepintió. Creo que estuvo demasiado enfermo durante mucho tiempo y te trató mal por eso. Me dijo que lo sentía y que quería dejarte su identidad antes de morir. Sé que no debí hacerlo, pero sentí un deseo egoísta de convertirte en actor, Beret. Por eso pensé que, en cierto modo, estaba bien.


La voz de Joo-bin, confesando todo, era profundamente melancólica.


- Después, cuando me mostraste el diario de Do-won y me preguntaste si en verdad se había disculpado, te dije que vivir con su identidad sería mejor que tener una nueva. Pero en realidad Do-won sí te había pedido perdón. Me asusté al ver que sus verdaderos sentimientos eran distintos a lo que yo creía. Temí que rechazaras vivir como él… Al final, mi egoísmo te llevó… a esto. Lo siento. De verdad lo siento mucho.


Do-won siempre había pensado que Joo-bin había hecho algo terrible a su hijo. Pero por su actitud y sus lágrimas, pudo sentir que la muerte de Do-won había sido natural. 


No sabía con certeza por qué se habían desvanecido las visiones y las voces que lo atormentaban, incluso después de años de tratamientos psiquiátricos. Tal vez fue porque supo que Joo-bin no había hecho daño real a su hijo. O tal vez porque salvó a ese omega frente a él, alejándolo de las sombras de la muerte.


Do-won pensaba que probablemente era eso. Siempre que tocaba a Yeo-rok, todo mejoraba. Tal vez porque Yeo-rok era su salvador. Quizás, por proteger a su salvador, se le había perdonado parte del karma, y así pudo librarse de sus visiones y evitar la muerte. Aunque era una suposición casi forzada, quería creerlo con todo su corazón.


- Oh, ¿aquí hay cerezos? Mira, están empezando a florecer.


Yeo-rok, de pronto, levantó la cabeza y miró hacia un árbol. En sus largas ramas, los capullos blancos comenzaban a abrirse poco a poco.


Do-won miró a Yeo-rok con dulzura. Aunque le dolía ver lo delgado y demacrado que estaba, se prometió a sí mismo que lo alimentaría bien para que recuperara su fuerza. Con cuidado, se arrodilló sobre una rodilla y tomó la mano de Yeo-rok. Luego sacó un pequeño estuche blanco del bolsillo de su pantalón y lo abrió. Dentro había un anillo dorado con un diamante blanco elegantemente incrustado. Do-won lo colocó con firmeza en el cuarto dedo de Yeo-rok.


- La verdad… no soy una persona pura ni buena. Soy un tipo bastante malo.

- No es cierto. Me salvaste la vida.


Para Yeo-rok, él era alguien por quien solo podía sentir gratitud.


- Gracias por decir eso. Aunque no sea suficiente… ¿te casarías conmigo?

- Ah…


Los ojos de Yeo-rok temblaron intensamente.


- Puedes rechazarme si quieres. Pero aun así, siempre te llamaré "mi amor" por el resto de mi vida.

- ¿Qué es eso…? Qué absurdo…


Aunque le ofrecía una opción, la forma de Do-won seguía siendo forzosa. Sin poder evitarlo, Yeo-rok esbozó una suave sonrisa.


- Sí… está bien. Por favor, sé el padre de una princesita que se parezca a ti.

- ¡No, que no se parezca a mí!


Do-won se estremeció al imaginar a una niña con su carácter. Yeo-rok sonrió con ternura mientras acariciaba el anillo que Dowon le había puesto. Sus grandes ojos, humedecidos, se tornaron suaves y radiantes de felicidad.


- Gracias por volver a mí, Do-won-ssi.

- Soy yo quien debería agradecerte. Ya estoy de vuelta.


Do-won sonrió también y se puso de pie para abrazar a Yeo-rok una vez más. Yeorok le devolvió el abrazo con fuerza. 


Do-won pensó: Si alguna vez vuelve a pasarle algo a este omega frente a mí… sin dudarlo, me sacrificaré por él. Incluso si eso me lleva a la muerte…


Las manos de Do-won, que envolvían el cuerpo de Yeo-rok, comenzaron a volverse atrevidas, acariciándolo y recorriéndolo de forma lasciva.


- ¿Y si no vamos al hospital y mejor nos vamos directo al hotel?

- ¿Eh? ¡Despertaste después de mes y medio, por supuesto que tienes que ir al hospital! Tienes que hacerte exámenes.

- Es que… quiero pasar toda la noche follando contigo.

- N-no… no puede ser… B-bueno, entonces… primero al hospital… y después…


Yeo-rok, con las mejillas completamente rojas, apenas logró responder. Estaba tan avergonzado de sí mismo por haberlo dicho, que no sabía dónde meterse.


- Perfecto, así será. Ahh… Solo de pensar en cogerte, me tengo la polla durísima.


Do-won soltó una obscenidad con una sonrisa perversa.


- …


Yeo-rok se quedó sin palabras. Más allá del desconcierto, se sintió confundido por cómo su cuerpo reaccionaba ante ese lenguaje tan vulgar.


<Fin de "Una ducha de coqueteo vertiginosa">


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