SEGUNDA MITAD - Capítulo 1 - 2

 1. Saque inicial


Quedaba poco más de un minuto del tiempo añadido.

Al comprobar el marcador, Jerim contuvo la respiración. En momentos como ese, precipitarse por la ansiedad solo empeoraba las cosas. Lo más importante era mantener la calma, enfriar la cabeza y tomar decisiones rápidas y precisas.

En cuanto el balón rodó hasta sus pies, atravesó las piernas de los defensores rivales que lo rodeaban y se lanzó hacia adelante. Fingió que intentaría superar a su marcador con un regate, amagó con un movimiento de piernas y dejó correr el balón. Por suerte, los defensores mordieron el engaño.

La pelota rodó exactamente hacia donde había querido enviarla: cerca de un compañero. Con el final del partido cada vez más cerca y aprovechando el contraataque, los jugadores del Sefton reunieron las últimas fuerzas que les quedaban y salieron disparados hacia el campo rival.

—¿Es que estás ciego? ¡Deja de quedarte parado y síguelo!

Mientras dejaba atrás el grito de Aaron, el delantero del Tavarona, dirigido a sus compañeros, Jerim también continuó corriendo, esquivando a los jugadores rivales.

El compañero que había recibido el pase se la devolvió de inmediato al verlo lanzarse al ataque.

Al cruzar la línea del medio campo, Jerim levantó la vista.

¿Seguir corriendo y disparar él mismo? ¿O pasar el balón?

No tardó mucho en decidir.

Como toda la defensa rival se había concentrado en él, delante de Lehman solo quedaban un defensor y el portero.

No estaba en fuera de juego.

Lehman era perfectamente capaz de superar a un solo defensor y, además, estaba mucho más cerca del arco que él.

Era una posición demasiado buena como para seguir dudando.

—¡Corre!

Gritó la orden al mismo tiempo que golpeaba el balón con la pierna derecha, viendo la expresión insegura de Lehman, que parecía debatirse entre si recibiría o no el pase.

Para entonces, los jugadores rivales ya lo habían alcanzado y luchaban cuerpo a cuerpo con él.

El empujón hizo que perdiera el equilibrio.

Pero ya no importaba.

El balón había abandonado su pie.

La pelota cruzó el campo en una larga diagonal y cayó justo delante de Lehman, como si alguien se la hubiera entregado directamente.

Ahora, lo único que Jerim podía hacer era rezar.

Por favor.

Cinco años después, por fin había vuelto a disputar una final de la Liga de Campeones.

Era la primera desde que llevaba el brazalete de capitán del Sefton.

En el tiempo añadido de la segunda parte, con el marcador 3-2 en contra, necesitaban un gol, aunque solo fuera para forzar la prórroga.

Un gol que igualara el marcador frente al Tavarona.

"Si llegamos a la prórroga, todavía tenemos posibilidades."

La plantilla del Tavarona era bastante mayor que la del Sefton.

Salvo ese maldito monstruo de Aaron, que parecía no cansarse nunca y que, gracias a un físico inhumano, acababa de firmar un hat-trick en la final de la Champions, el resto de sus jugadores terminaría acusando el desgaste en el tiempo extra.

De hecho, el tercer gol de Aaron había llegado precisamente porque el mediocampo ya no podía seguir el ritmo. Bajó él mismo hasta la línea del medio campo para recibir el balón y recorrió todo el terreno de juego él solo hasta marcar.

"Maldito bastardo."

Corría como un perro rabioso.

No era por nada que desde pequeño siempre había sido absurdamente bueno jugando al fútbol.

Lehman... por favor.

Durante aquellos diez segundos eternos, Jerim invocó a todos los dioses que conocía.

"Si nos hacéis campeones de Europa esta vez, prometo celebrar el cumpleaños de Buda, Navidad y hasta el Ramadán. Durante el Ramadán ayunaré de verdad. Lo prometo."

Mientras hacía aquella absurda súplica, se mordía el labio con fuerza.

Entonces...

¡Clang!

Un sonido pesado y metálico resonó en el estadio.

Era muy distinto al ruido que hacía el balón al enredarse en la red tras un gol.

No necesitó girarse para saber qué había ocurrido.

El balón había golpeado el poste.

Unos segundos después, sonó el silbato final.

Jerim contempló el marcador sin poder reaccionar.

TBR 3 - SFT 2

El marcador no había cambiado.

El tiempo añadido también había terminado.

Lentamente levantó la vista.

Frente a la marea color vino de los aficionados del Tavarona que celebraban eufóricos, los seguidores del Sefton empezaban a abandonar el estadio uno tras otro.

Confeti dorado y pancartas de apoyo al Sefton quedaban abandonados entre los asientos vacíos.

En las gradas y sobre el césped solo se escuchaban los gritos de celebración en español.

Los jugadores del Tavarona celebraban abrazados formando un círculo.

Los del Sefton, en cambio, estaban desperdigados por el campo.

Algunos se habían dejado caer sobre el césped con el rostro hundido entre las rodillas.

Otros golpeaban la hierba con rabia.

El más afectado era el joven delantero que había fallado la ocasión definitiva, completamente derrumbado.

—Jerry... tenemos que prepararnos para la ceremonia de entrega...

William, el defensa central y vicecapitán del equipo, le dio unas palmaditas en el hombro.

Solo al escuchar aquella voz apagada comprendió de verdad que acababa de perder, por segunda vez en su vida, una final de la Liga de Campeones.

Sus rodillas cedieron al instante.

Con ello, el sueño de levantar la Orejona antes de cumplir los treinta años volvía a alejarse.

Solo le quedaba una oportunidad para conseguirlo.

Y eso contando la edad internacional.

Aunque el Sefton alcanzara otra final la temporada siguiente, Jerim ya tendría veintinueve años.

Sin mencionar lo improbable que era disputar dos finales consecutivas después de haber esperado cinco años para volver a una.

Y aun suponiendo que la fortuna sonriera...

Seguía existiendo Aaron.

El Tavarona levantaba prácticamente la Champions temporada tras temporada.

Solo en los años en que Aaron estaba lesionado o atravesaba un mal momento otro club conseguía el título.

Pero el Sefton jamás había sido uno de esos afortunados.

Y, además...

"Joder... otra vez segundo..."

Sentado sobre el césped, Jerim se secó el sudor de la frente con un suspiro.

Subcampeón de liga.

Subcampeón de la Champions.

Dos segundos puestos en una sola temporada.

Y, otra vez, segundo en una final de la Liga de Campeones.

"Seguro que vuelven a burlarse de mí."

Ni siquiera hacía falta verlo para saberlo.

¿Qué apodo nuevo se inventarían esta vez?

Estaba acostumbrado a que, cuando jugaba bien, lo llamaran "héroe nacional", y cuando jugaba mal, "guerrero del kimchi".

Pero aquellos motes cambiaban cada día.

Sabía que muchos eran cariñosos.

Sin embargo, odiaba todos los que derivaban de "Jerry" para compararlo con un ratón.

A nadie le gustaban las burlas malintencionadas.

Aunque...

¿Qué podía hacer?

Ya habían perdido.

También hacía tiempo que se había acostumbrado a convertirse en objeto de burla en su país.

Si cobraba el sueldo que cobraba, era justo soportar ese tipo de cosas.

La mayoría de quienes lo insultaban no eran más que gente mediocre descargando sus frustraciones.

—En fin... Will. Yo estoy bien. Ve a ver a Lehman antes de que le dé algo. A este paso le va a dar un golpe de calor.

Justo cuando intentaba levantarse pensando que seguir tirado allí no cambiaría nada y que también debía mostrar respeto por el campeón, unas piernas musculosas, firmes como las de un caballo, aparecieron frente a él.

Las mallas no eran del color del uniforme del Sefton.

—Jerim... ¿No me digas que estás llorando?

Conocía esa voz.

En todos los clubes por los que había pasado en el extranjero, solo una persona pronunciaba su nombre con tanta claridad.

También conocía aquella enorme mano extendida para ayudarlo a levantarse.

Los tatuajes que cubrían todo su brazo, en cambio, eran nuevos.

Diez años atrás no estaban allí.

—No necesito tu ayuda. Lárgate de aquí, hijo de puta.

Y, apartando aquella mano de un manotazo, Jerim se levantó de un salto con el rostro completamente sereno.


Ese rival era su exnovio.

Y no uno con el que hubiera terminado bien.

Sino uno con el que había roto de la peor manera imaginable.

* "Fichar como agente libre": cuando un jugador cambia de club al finalizar su contrato, sin que el nuevo equipo tenga que pagar una tarifa de traspaso al anterior.


***

Transmisión

—¡No puedo creer que haya fallado eso! ¡Era más difícil fallarlo que meterlo! ¡Y el pase de Ban Jerim había sido una auténtica maravilla!

—Qué pena. Con esto, el Tavarona vuelve a levantar la Orejona esta temporada. Una vez más consolidan su posición como el mejor club del mundo.

—Espero que Ban Jerim no se desanime demasiado. El Sefton siempre termina entre los cuatro primeros de la Premier League, y esta temporada también hicieron una campaña excelente. Fueron subcampeones, ¿verdad? Tendrán otra oportunidad el año que viene.

—Exacto. Además, Ban Jerim solo tiene veintiocho años; veintinueve según la edad coreana. No puede decirse que sea joven para un futbolista, pero tampoco es viejo. Todavía le quedan oportunidades. Así que... ¿eh? ¿Aaron Reyes se está acercando a él?

—Ahora que lo mencionas, ambos coincidieron en las categorías juveniles del Tavarona. Supongo que le alegró volver a ver a un viejo amigo.

—¡Qué bonita amistad! Reyes ha salido del grupo de compañeros que están celebrando para consolar a Ban Jerim y... ¡Eh!

—...¿Lo apartó? ¿Lo acaba de apartar? Vaya... ha sido bastante agresivo.

—...¡Solo alguien muy cercano puede hacer algo así! Seguro que es una broma del tipo: "Oye, idiota, ¿qué haces aquí? ¡Vete a levantar la copa con los tuyos!". ¡Y con esto damos por terminada la retransmisión de Sport Channel!

***

El ratón gruñón de hoy jajajaja

(foto)

Gruñón al 100 %.

Jajajajajaja, ay, Jerry~~

No lo juzguen por una captura congelada. Ya bastante destrozado debe estar después de perder la final de la Champions...

Pero igual sí le apartó la mano jajaja.

Esa expresión me mata JAJAJAJA. No hay otra forma de describirla que "gruñona".


Los comentaristas entrando en pánico y cerrando la transmisión fue lo mejor.

"¡Oye, idiota! ¿Qué haces aquí? ¡Ve a levantar la Orejona!"

Menuda frase histórica dejaron. JAJAJAJA.

La verdad es que tiene razón. ¿Por qué vino a consolarlo? Mejor que estuviera celebrando con su equipo. Es como echarle gasolina al fuego.

Es que de jóvenes eran superamigos.

Pero después de aquel famoso Mundial dejaron de seguirse en redes jajaja.

Ya pasaron diez años desde eso. Seguro que hicieron las paces.

Si hubieran hecho las paces volverían a seguirse, ¿no?

Hay gente que hasta dice que Jerim dejó de ir a la gala del Balón de Oro solo para no verle la cara a Aaron. Sí, claro, seguro que ya se reconciliaron.


Vaya... ¿cuánto tenía que odiarlo para reaccionar así?

Nunca había visto a Jerry comportarse de esa manera.

Una vez lo vi meterse por accidente en la fiesta del vestuario de otro equipo, pero esto... jajaja.

Parece que le dijo algo mientras le apartaba la mano, pero como se estaba tapando la boca no se entiende. ¿Lo habrá insultado?

Si de verdad lo insultó, vaya carácter tiene. Encima que iba a ayudarlo...

Ya llegaron los detectives. Aunque hubiera hablado en español tampoco lo entenderían.


Jerim debería hacerse un exorcismo o algo.

Tiene la maldición del segundo puesto.

¡Exorcismo! ¡Exorcismo!

Es porque su nombre lleva el carácter "Jae". Que se cambie el nombre.

¿Tú sabes leer? ¿Dónde ves "Jae" en Ban Jerim?

¡Es Je-rim, no Jae-rim, pedazo de ignorante!


Al menos cayeron pronto en las otras copas...

Si también hubiera sido subcampeón allí...

Qué horror.

"El ratoncito subcampeón." (juego de palabras con Cenicienta/콩쥐 y "콩", que significa eterno segundo).

Eres malísimo.

JAJAJAJA ¿qué clase de enfermo eres?


Una pena, la verdad.

Ese pase fue increíble.

Salir de la presión de tres rivales y dar un pase así no lo hace cualquiera.

Lehman Fritz todavía es joven, pero su definición... uff.

También hay que recordar que es su primera temporada en la liga. Siempre ha tenido buenas condiciones.

Totalmente. Cuando termine el periodo de adaptación seguro mejora. Para ser su primer año ya llegar a una final de Champions no está nada mal.

Pues Jerry llegó con 18 años y desde su primera temporada ya era una estrella...

Es que Jerry es un caso especial. Genios como él o Aaron son la excepción.

Aunque estés adaptándote, ese tipo de goles regalados hay que meterlos. Hasta yo lo hacía jajaja.


Si el Sefton quiere ganar la Champions el año que viene...

Tiene que fichar este verano a un delantero veterano listo para rendir desde el primer día.

A Fritz deberían dejarlo entrar como suplente para que gane experiencia.

Sí, necesita acumular experiencia. En los momentos decisivos no todo es calidad; también cuenta la fortaleza mental.

Jerim tendría que haber disparado él. Si mete golazos desde fuera del área...

Si seguía conduciendo ya no iba a tener ángulo. La decisión de pasar fue la correcta.


Sinceramente, con esta plantilla y ese fondo de armario...

Jerim los llevó a la final él solo.

Tampoco es que toda la plantilla sea mala. El mediocampo y la defensa están muy bien. El problema es el ataque.

¿Qué equipo tiene ataque, medio y defensa perfectos? Con tener dos de las tres líneas fuertes ya eres un gran equipo.

Sí, pero por lo menos los delanteros deberían dejar de escupir las asistencias. Jerim les pone pases de gol y ellos los desperdician.


Dato:

Si de verdad fueran tan malos, ni siquiera habrían llegado a la final de la Champions.

Dejen ya de inflar a Ban Jerim, patrioteros.

Y que los fans de jugadores individuales también se callen. Cansan con sus peleas.

¡Exacto!

Totalmente de acuerdo. Aquí también hay muchos aficionados del Sefton. Ya estamos bastante cabreados con el subcampeonato.


Aaron Reyes vs. Lehman Fritz

¿No es un hecho que Aaron está varios niveles por encima?

Ni siquiera es una comparación seria.

Fritz tiene mucho potencial, eso sí, pero Aaron... es otra liga.

Oigan, Aaron tiene tres Balones de Oro con solo 27 años. Tiene la misma edad que Jerim (según la edad coreana) y Jerim ni uno.

Eso es porque Jerim representa a Corea. Si se hubiera nacionalizado español de joven, estaría jugando en el Tavarona y ya habría ganado un Balón de Oro.

Sí, pero entonces en Corea lo llamarían traidor a la patria. Bastantes apodos malos tiene ya.

Si yo pudiera ganar un Mundial y un Balón de Oro... acepto que me llamen traidor con gusto. Jajaja.


Si Aaron viniera al Sefton...

Sería la plantilla de los sueños.

¿No está estancada su renovación con el Tavarona? Que fiche por el Sefton.

Sí, claro. Eso jamás va a pasar.

Tavarona = Aaron Reyes.

¿Cómo se atreven a querer robarnos el pilar del equipo?

Es canterano, capitán de la selección española... no tiene ningún motivo para irse.

¿El mejor jugador del equipo que gana la Champions casi todos los años? Ni loco. Solo está retrasando la renovación para negociar un mejor sueldo.

Jajaja, ¿eso lo escribieron hace un mes? Pues...

¡SE HIZO OFICIAL! ¡AARON AL SEFTON! ¡"HERE WE GO"!

(Enlace a la noticia.)

¿¡QUÉ!?

¡Encima llega libre! Va a recibir una cantidad absurda de insultos.

¿Estoy soñando?

¿De repente? ¿Su niño interior le susurró que el Sefton era su destino?

Increíble... ¡de verdad ha pasado!

Espera... ¿qué? ¿¡QUÉ!? ¿¡DE VERDAD QUÉ!?


2. Otra vez

Incluso dentro del coche que se dirigía al aeropuerto, Jerim no podía despegar el teléfono de la mano.

Normalmente sufría mucho mareo, así que, salvo cuando conducía él mismo, en cuanto se subía a un coche se ponía un antifaz y se quedaba dormido.

Pero hoy la angustia era más fuerte que el mareo.

Deslizaba el dedo por la pantalla leyendo noticia tras noticia con una expresión casi hipnótica, como si estuviera a punto de ser absorbido por aquel pequeño rectángulo de cristal.

"Aaron Reyes explica su repentino fichaje: 'No hay ningún motivo en particular... simplemente sentí que había llegado un punto de inflexión en mi vida.'"

—¿Pero qué demonios significa esa estupidez...? —murmuró Jerim.

¿Acaso se había cansado de ganar la liga todos los años, de ser Pichichi, de ganar Balones de Oro y levantar la Champions como quien desayuna? ¿Ahora necesitaba emociones nuevas?

Pasó a la siguiente noticia.

"Tavarona, devastado. En España los aficionados suplican a Reyes que no se marche."

La portada mostraba a un niño con la camiseta del Tavarona llorando desconsoladamente.

Lo curioso era que aquella foto había sido tomada cuando el equipo celebraba su segunda Champions consecutiva.

Pero ya estaba acostumbrado a que la prensa coreana, inglesa o española utilizara fotografías fuera de contexto para atraer clics, así que la ignoró.

El contenido, sin embargo, era interesante.

Hasta habían incluido capturas de publicaciones en redes sociales escritas en español, de modo que podía hacerse una idea bastante clara de cómo estaba reaccionando la afición local.

—"Trai... dor... Hijo de... puta... Desagradecido... ¿Cómo has podido...?"

Hacía tiempo que no leía tanto español seguido.

Había salido con varias personas hispanohablantes y en el club también tenía bastantes compañeros que hablaban español, así que el idioma no le suponía ningún problema.

Lo difícil era descifrar publicaciones de internet llenas de jerga y expresiones callejeras.

Cuando por fin terminó de leerlas todas, frunció el ceño.

—Pero... si quieren insultar a alguien, insulten solo a ese desgraciado. ¿Qué culpa tiene mi equipo?

"Club de mierda."

Aquellas palabras le dolieron.

Más concretamente, los comentarios decían:

"¿Cómo puedes dejar el mejor club del mundo para irte a un equipo de mierda como ese?"

—Joder... es que manda narices.

¿Qué clase de "equipo de mierda" termina todos los años entre los cuatro primeros de la Premier, acaba segundo en la liga y además llega a la final de la Champions?

Claro, era cierto que el Sefton estaba un escalón por debajo del Tavarona.

En el Sefton no había ningún ganador del Balón de Oro (Jerim solo había sido nominado varias veces), ni era un equipo que diera por hecho ganar la liga cada temporada.

Aunque tampoco tenía mucho sentido compararlos, ya que jugaban en ligas distintas.

Y además...

El que había dejado tirado al club que lo formó desde niño sin dejar ni un euro de traspaso, marchándose gratis en cuanto terminó su contrato, había sido Aaron.

¿Por qué demonios insultaban al Sefton?

¿Acaso habían ido a rogarle que fichara?

Bueno...

Probablemente sí.

Pero cualquier club del mundo habría hecho exactamente lo mismo si un jugador de ese nivel quedaba libre.

El Sefton simplemente había ganado la carrera.

"Aunque, pensándolo bien... es normal que los aficionados estén furiosos."

Desde el punto de vista de los seguidores del Tavarona, aquello era imperdonable.

Ningún aficionado soporta que una estrella se marche gratis.

Y menos cuando es un canterano del propio club.

Si lo hubieran vendido, la cifra del traspaso habría sido astronómica.

Era lógico que estuvieran rabiosos.

—Así que, si vais a insultar a alguien... insultad solo a Aaron.

Desde luego, había tratado fatal al club que lo había criado.

Siempre había sido un desgraciado sin ningún sentimiento de pertenencia.

Era increíble la cantidad de problemas que podía causar una sola persona.

Resoplando con fuerza, Jerim siguió bajando por las noticias...

Hasta que de repente se quedó completamente rígido.

"¡Voy para Corea! Aaron Reyes se incorporará al Sefton desde la gira de pretemporada en Corea."

—Ugh...

—¿Qué pasa? ¿Te encuentras mal?

Chang-sik, su representante, que iba conduciendo, giró la cabeza alarmado hacia el asiento del copiloto.

Jerim hizo crujir el cuello antes de responder con desgana.

—No... Es solo que me da asco.

—¿Qué cosa? ¿Que venga Reyes? ¿O el amuleto que te dio tu madre?

—Las dos.

Infló las mejillas mientras soltaba un largo suspiro.

Aquella mañana su madre le había quitado de repente la cartera y había cosido en el forro interior un amuleto para protegerlo del ahopsu (la supuesta mala suerte de los años terminados en nueve).

Odiaba tanto el amuleto como el fichaje de Aaron.

"¿Un amuleto? ¿En serio?"

Jerim no creía en supersticiones de ningún tipo.

Para él, aquellas cosas solo servían para tirar el dinero.

Pero su madre le había dicho que lo había conseguido personalmente de una chamana muy famosa, así que tampoco había tenido corazón para negarse.

"Hijo... dice que tienes que tener mucho cuidado durante la segunda mitad del año. No por tu cuerpo, sino por tu corazón. Según la chamana, una mala relación del pasado volverá para complicarte la vida. Así que lleva siempre este amuleto contigo, ¿de acuerdo?"

Y, para colmo...

Aquello había coincidido exactamente con el inesperado fichaje de Aaron.

Solo por eso, la credibilidad de la predicción había aumentado un poquito en su cabeza.

Al final había salido de casa con la cartera.

Al ver su expresión, Chang-sik chasqueó la lengua.

—De todas formas, dicen que esa chamana es de verdad muy buena. Llevar el amuleto tampoco te hace ningún daño.

—Ya me molesta bastante saber que mi cartera lleva esa cosa horrible cosida dentro. En serio... ¿qué voy a hacer con la señora Hwang?

—El dramático eres tú. Deja ya de leer noticias. ¿Para qué sigues? Ya ha fichado.

—Es que por mucho que lo lea... sigo sin creérmelo.

—Pues cuando lleguemos al aeropuerto y le veas la cara, entonces sí te lo creerás.

—Aaah...

Jerim giró el cojín cervical hacia delante y apoyó la barbilla sobre él.

Las palabras de Chang-sik le habían dado justo donde dolía.

En ese momento se dirigían al aeropuerto de Incheon para recibir a sus compañeros, al entrenador y al cuerpo técnico, que estaban a punto de aterrizar.

Y, por supuesto...

En la lista de pasajeros también estaba Aaron Reyes.

"¿Qué tanta prisa tenía?"

Había cerrado el fichaje sin ningún tipo de filtración, y ya iba a incorporarse desde la primera gira de pretemporada.

Después de terminar la temporada incluso había disputado la Eurocopa.

Podría haberse tomado unos días más de descanso antes de venir.

Como si hubiera pensado exactamente lo mismo, Chang-sik volvió a sacar el tema.

—No seas tan duro con él. Aunque España cayera en cuartos de la Euro, Reyes casi no ha tenido vacaciones.

...

—Incorporarse desde la primera gira de pretemporada... Parece que quiera demostrar su lealtad desde el primer día.

—...Me da igual. No me hace ninguna gracia.

En realidad, la pretemporada había comenzado dos días antes.

Pero a Jerim le habían permitido unirse al equipo directamente cuando llegaran a Corea.

El entrenador Verdi había considerado absurdo hacerle viajar primero a Inglaterra para volver inmediatamente a Corea con el resto del equipo.

A cambio, tendría que esperarlos en el aeropuerto para atender a la prensa y a los aficionados.

Después de todo, aquella gira por Corea se había organizado prácticamente por él.

Era también la primera visita desde que se había convertido en capitán del Sefton.

Como queriendo recordárselo, Chang-sik recalcó cada palabra.

—Esta gira es importante. No la fastidies. ¿Entendido?

—Lo sé.

Con la cara enterrada en el cojín, Jerim respondió arrastrando las palabras.

Chang-sik golpeó el volante con gesto desesperado.

—¡No me refiero a eso! ¡No te pelees con Reyes!

—¿Qué te crees, que soy un niño? ¿Piensas que voy a agarrarlo del cuello nada más verlo?

—Viéndote ahora mismo... no me sorprendería.

—No lo haré. No tengo ganas de que vuelvan a tirarme huevos.

Jerim soltó una pequeña carcajada al recordar el frío impacto de aquel huevo crudo que, lanzado con la precisión de un lanzador zurdo de las Grandes Ligas, había ido directo a estrellarse contra su cara.

"Quien me lanzó aquel huevo debería haberse dedicado al béisbol amateur."

Era un talento demasiado bueno como para desperdiciarlo.

El protagonista de aquella famosa lluvia de huevos se estaba riendo ahora, pero Chang-sik, que solo había visto aquello desde la distancia, fue quien terminó estremeciéndose.

—...Oye, tú ni menciones la palabra "huevo". Solo de recordarlo se me pone la piel de gallina.

Aunque lo expresara de esa manera, era una muestra de preocupación.

Jerim le quitó la almohada cervical y se la colocó alrededor del cuello a Chang-sik antes de empezar a masajearle los hombros.

—Era una broma, hombre. Aunque de verdad acabara peleándome con él en medio del aeropuerto, ¿tú crees que los coreanos me tirarían huevos a mí? Se los tirarían a él.

—Bueno... eso sí.

Diez años atrás era un joven futbolista al que su propio país había recibido a huevazos después de cometer un error decisivo en un Mundial.

Ahora era uno de los mejores futbolistas de toda Asia.

Ya nadie se atrevería a lanzarle un huevo solo por cometer un error.

Si alguien lo hiciera, acabaría detenido y con toda su información personal circulando por internet.

Mirándolo de otro modo, aquello había sido un entrenamiento anticipado.

Los huevos que recibió aquel día se transformaron después en otra clase de abucheos que lo acompañaban partido tras partido.

Siempre que jugaba como visitante, en cuanto marcaba un gol o sufría una falta, todo el estadio estallaba en silbidos e insultos.

En ocasiones incluso le lanzaban basura desde las gradas.

Era algo que todos los futbolistas acababan experimentando.

Jugadores jóvenes como Lehman, por ejemplo, muchas veces se venían abajo por culpa de la presión y no conseguían rendir a su verdadero nivel.

Pero Jerim ya había recibido un "regalo" mucho más impactante desde el principio.

Después de aquello, todos los abucheos que escuchó durante su carrera en la Premier League apenas conseguían inmutarlo.

Había desarrollado una fortaleza mental extraordinaria.

Lo único que ni siquiera esa fortaleza conseguía aceptar era el fichaje de Aaron Reyes.

"¿Pero por qué demonios, de repente?"

Podría haberse quedado renovando con el Tavarona.

¿Qué clase de loco espera hasta terminar el contrato para venir a mi equipo?

Seguro que ha venido para cobrar un sueldo descomunal.

Lo normal cuando un jugador llega libre es que, como el club no paga traspaso, le compense ofreciéndole un salario mucho más alto.

Y Aaron no era precisamente un jugador que fuera a conformarse con un sueldo mediocre.

Lo más probable era que acabara cobrando incluso más que él, el mejor pagado del club hasta ese momento.

"A ver... ¿cuánto cobraba yo exactamente?"

Hizo un cálculo rápido.

Un sueldo base de 320.000 libras semanales, más primas por partidos y victorias...

Cuanto más pensaba en ello, más empezaba a preocuparse por las finanzas del Sefton.

Si ya era una barbaridad lo que cobraba él, añadir además el contrato de Aaron...

¿Podría permitírselo realmente el club?

Sus compañeros solían bromear diciéndole que, cuando se retirara, comprara el Sefton y se convirtiera en el presidente.

Así de mucho quería al club.

Y Chang-sik, que conocía perfectamente ese rasgo suyo, aprovechó para tocarle la fibra sensible.

Y también su enorme sentido de la responsabilidad.

—En cualquier caso, ahora eres el capitán. Lo del Mundial fue hace diez años. Así que deja el rencor a un lado...

—No hace falta que me lo repitas. Ya pensaba hacerlo.

Jerim cortó la charla antes de que se convirtiera en otro sermón.

Quizá porque Chang-sik llevaba siendo su representante desde que era un adolescente, junto con Kang Juhan —su antiguo entrenador de categorías inferiores y actual director de la agencia—, ambos seguían tratándolo como cuando tenía dieciséis años.

—Como capitán del club, debo dejar a un lado mis sentimientos personales y respetar a todos los compañeros. ¿Eso ibas a decir, no? Tranquilo, lo tengo clarísimo.

Era una frase que se había repetido cientos de veces desde que supo del fichaje de Aaron.

Podía odiarlo.

Pero no pensaba comportarse como un niño peleándose con un compañero por algo ocurrido diez años atrás.

El fútbol era un deporte de equipo.

No importaba lo buenos que fueran los jugadores individualmente.

Si el grupo no funcionaba unido, el techo del equipo estaba limitado.

Y, en cuanto aparecían rumores de mal ambiente en el vestuario...

Cada derrota terminaba atribuyéndose a esos conflictos.

Si alguien fallaba un pase, enseguida empezaban los rumores de que lo había hecho a propósito.

Que ya no quería seguir en el club.

Que estaba pensando en marcharse.

Y si dos compañeros llegaban a discutir de verdad, el ambiente del vestuario se volvía insoportable y la moral de todos caía en picado.

Así era imposible ganar.

Además...

Él era el capitán.

Probablemente el mayor reconocimiento que el club podía darle antes de retirarse.

No quería manchar ese brazalete peleándose con un compañero.

Por eso llevaba días haciendo entrenamiento mental.

Se imaginaba posando entre los flashes de las cámaras mientras sonreía junto a Aaron y estrechaba su mano como diciendo:

"¡Nos llevamos estupendamente! Lo de apartarle la mano después de la final fue solo un malentendido."

También imaginaba abrazándolo con una sonrisa falsa que gritaba:

"¡Qué alegría volver a verte!"

Incluso se imaginó diciéndole al entrenador y a los demás:

"Fuimos compañeros en las categorías inferiores. Yo me encargaré de ayudarlo hasta que se adapte al equipo."

...

—Joder... eso ya sí que no.

—¿Te estás mareando? Ya te dije que dejaras el móvil y durmieras.

Al verlo hacer una arcada solo de imaginar semejante escena, Chang-sik chasqueó la lengua.

Jerim no tuvo valor para admitir que lo que realmente le daba náuseas era pensar en convivir con Aaron hasta el día de su retirada.

Solo asintió.

"¿De verdad voy a poder hacerlo?"

Era una duda completamente razonable.

Intentando apartarla de su cabeza, empezó a convencerse a sí mismo en voz baja.

—Nos... llevaremos bien. De verdad. Seguir aferrándome a algo que pasó hace diez años solo me haría parecer un inmaduro.

En aquella época ambos eran adolescentes.

Había sido una historia ridícula propia de dos críos.

Y, además...

Por la manera en que Aaron le había tendido la mano después de la final, parecía que él ya había olvidado todo aquello hacía mucho tiempo.

Ser el único que seguía mostrando rechazo por algo tan antiguo también hería su orgullo.

Aaron ni siquiera parecía darle importancia a la existencia de Ban Jerim.

Por eso había podido fichar tranquilamente por el Sefton.

Pues bien.

Él haría exactamente lo mismo.

Pensarlo como una competición de orgullo le hizo sentirse mucho más tranquilo.

Destapó una botella de agua con gas y se la bebió de un trago.

Era una bebida de un patrocinador para la gira por Corea; de hecho, él mismo había grabado el anuncio.

Sabía fatal.

Aun así, se la terminó de un solo trago.

Chang-sik le pasó un pañuelo.

—Eso es... así está mejor. Pero entonces... ¿por qué se te nota tanto que no soportas al tipo?

—Una cosa es haber tomado una decisión y otra muy distinta dejar de odiarlo.

—Bueno... también es verdad que por su culpa recibiste muchísimas críticas. Lo entiendo.

—...No lo odio por eso.

Chang-sik abrió mucho los ojos.

—¿Eh? Entonces ¿por qué? ¿No era porque marcó aquel gol en el Mundial?

—¿De verdad crees que soy tan infantil?

Aquel contraataque de España que nació de su error.

Y el gol que Aaron marcó sin ninguna compasión.

Había sido un fallo dolorosísimo.

Pero...

¿De verdad alguien iba a guardar rencor durante diez años solo por eso?

El culpable había sido él mismo, por desconcentrarse en su debut mundialista y perder el balón.

Y Aaron simplemente había hecho lo que debía hacer un delantero.

Si un atacante no marca cuando el rival le regala una ocasión así...

Eso sí que sería extraño.

Jerim añadió con total indiferencia:

—Es más. Si ese día no hubiera marcado ese gol... me habría enfadado todavía más. En cuanto terminara el partido le habría roto las piernas para que no volviera a jugar al fútbol nunca.

—...Jerim, si algún día vas a cometer un acto de violencia, avísame antes. Así me cambio de representado.

—¿Cambiarme? Si tú sin mí no eres nadie.

Sonrió con descaro.

Después de todo...

¿Había en Corea, o incluso en toda Asia, un deportista que generara más dinero que él?

Chang-sik puso una expresión de absoluto desprecio.

Pero enseguida terminó soltando una risa resignada.

—...Qué arrogante eres... pero queda genial. Di esa frase en tu próximo anuncio.

—¿Mientras bebo ginseng?

—Hablando en serio... sigo preocupado. ¿Seguro que no vas a montar ningún escándalo?

Jerim sacó pecho inmediatamente.

—¡Era una hipótesis! ¡Como no le rompí las piernas, aquí estamos! ¿Cuándo me has visto montar un escándalo de verdad?

—Bueno... algún escándalo amoroso sí has tenido. Aunque tampoco fue para tanto. Eso sí... llevas unos años demasiado tranquilo.

—Porque hace bastante que no salgo con nadie. Qué pereza...

—Eso sí que suena odioso. ¿Ahora presumes de guapo? ¿Te da pereza tener pareja? ¿Con tu edad?

—Bueno... tengo una cara de la que se puede presumir, ¿no? El problema es que todo el mundo parece estar demasiado de acuerdo.

Ignoró la mirada que prácticamente le decía "qué tipo más insufrible".

Se cruzó de brazos, se acomodó en el asiento y cerró los ojos.

—En fin. No te preocupes. Me las arreglaré. Voy a dormir un poco. Despiértame cuando lleguemos.

—Vale. Confío en ti. Si tú metes la pata, tanto el jefe como yo nos arruinamos. Y tu madre vuelve a desmayarse.

—Madre mía... cuánta gente llevo sobre los hombros. Mi madre, el señor Chang-sik, el director Kang...

Mientras se masajeaba los hombros, sintiéndolos cada vez más pesados, Chang-sik le dio un ligero puñetazo amistoso en el brazo.

—Qué exagerado eres. Si al final siempre consigues soportarlo todo.

—...Sí. Tendré que seguir soportándolo todo.

Hasta aquel sencillo gesto de ánimo de un viejo amigo parecía convertirse en un peso más sobre sus hombros.

El inesperado fichaje de Aaron.

La gira por Corea que tanto lo presionaba.

La última etapa de sus veinte años.

Y una temporada de la que dependía el destino del club.

Tenía que soportarlo todo.

Una vez más.

Acostumbrado desde niño a vivir bajo una presión constante, Jerim ordenó todos aquellos pensamientos en un rincón de su mente y, obligándose a relajarse, terminó quedándose dormido.

***

—¡Jugador Ban Jerim! En esta visita a Corea también jugará contra futbolistas de la K League. ¿Con qué actitud afronta...?

—¿Había oído algo de antemano sobre el traspaso de Reyes?

—¡Hyung! ¡Hyuuung! ¡Me compré una camiseta con tu nombre! ¡Te quiero! ¡Aaaaaah!

Qué caos.

Jerim saludaba con la mano de forma casi automática mientras avanzaba entre la multitud. Rodeado por más de una decena de enormes guardaespaldas, abrirse paso no era difícil.

Aun así, siempre que alguien lograba colarse entre los guardias para extenderle un bolígrafo o una camiseta, él se detenía a firmar. Le daba pena ignorar una camiseta de 150.000 wones con el apellido "BAN" estampado en la espalda. Encima, siempre estaban agotadas; conseguir una debía de haber sido bastante difícil.

—Muchas gracias. Seguiré esforzándome esta temporada, así que continúen apoyándome. Y ustedes, periodistas, guarden las preguntas para más tarde.

La entrevista individual había terminado nada más llegar al aeropuerto. Lo único que quedaba era una breve rueda de prensa grupal en el hotel, cuando todos los jugadores estuvieran presentes.

En la entrevista individual solo habían invitado a unos pocos periodistas y todas las preguntas se habían acordado de antemano, así que no había recibido ninguna incómoda. Eso significaba que, en la conferencia grupal, era muy probable que aparecieran preguntas difíciles... como la del traspaso de Aaron Reyes.

Al menos tenía una esperanza: que toda la atención se centrara en Aaron y apenas le preguntaran nada.

Por favor. ¿Cómo iba a saber yo si ese tipo se iba a marchar o no? Hace diez años que dejé de seguirlo en redes sociales.

Justo cuando rezaba para que así fuera, las puertas de llegadas se abrieron y comenzaron a salir rostros familiares.

—¡Jerry! ¿Cómo has estado?

—¡Jefe!

Al frente venía el entrenador Verdi. Como siempre en los eventos importantes, el veterano técnico italiano vestía un impecable traje. Sonrió ampliamente y abrazó a Jerim. El intenso olor de su perfume venía incluido.

Tras él fueron apareciendo los demás compañeros. Habían venido casi todos los titulares. Parecían haber descansado bien durante las vacaciones; su piel lucía saludable, aunque sus expresiones no eran precisamente alegres.

Probablemente seguían afectados por haber perdido la final de la Champions League y tener que viajar inmediatamente a Corea.

Desde que se confirmó la gira habían bromeado diciendo que pisarían la tierra natal de Jerim levantando la "Orejona". Además, varios compañeros europeos habían sido eliminados pronto de la Eurocopa o ni siquiera habían sido convocados por lesión, así que el ánimo general no era el mejor.

Especialmente Lehmann. Parecía alguien que acabara de asistir a un funeral. Apenas tenía veintidós años, pero incluso su piel se veía apagada. Era comprensible. Con la llegada de Aaron, perdería definitivamente el puesto de titular.

Sin decir palabra, Jerim le revolvió el pelo. Luego, cuando se acercó su mejor amigo, lo rodeó por los hombros y le susurró:

—Will, sonríe a las cámaras.

Si todos entraban con cara de funeral, cualquier polémica podía estallar. Era mejor prevenir.

Aunque había sonado como un matón extorsionando a alguien, William obedeció.

Después de posar sonriente estrechando la mano del barbudo, los disparos de las cámaras aumentaron de repente.

Todavía sujetando la mano de William, Jerim giró la cabeza hacia donde apuntaban todos los objetivos.

Allí estaba.

Un hombre alto, de casi un metro noventa y cinco, increíblemente atractivo, con una bolsa deportiva colgada despreocupadamente del hombro.

Naturalmente, era muy distinto al muchacho que recordaba de hacía diez años.

Ya no quedaba rastro del adolescente de entonces.

Vestía una camiseta de manga corta con el logo de la corona dorada del Sefton, dejando al descubierto unos brazos cubiertos de tatuajes negros.

"Ya parecía peligroso de por sí... ¿y encima se hace tantos tatuajes?"

En cuanto Jerim frunció el ceño, aquellos ojos color ámbar, que observaban el aeropuerto con curiosidad, se clavaron en él.

Sus ojos se abrieron apenas un instante antes de recuperar una expresión impasible. Pero la intensidad de su mirada seguía fija sobre Jerim, como si quisiera atravesarlo.

Con esos ojos no me extraña que le llamen "el Lobo". Qué suerte... A mí me dicen "el Ratón".

Aquella envidia absurda se transformó rápidamente en orgullo herido.

"¿En serio este descarado acaba de fichar por el equipo y ya está retando al capitán con la mirada?"

Jerim levantó la barbilla y le sostuvo la mirada con la misma inmadurez.

Sin darse cuenta, apretó con fuerza la mano de William.

—Suéltame. Tengo que irme.

—No te vayas...

—¿Qué demonios dices?

—Es que pareces un osito de peluche. Me tranquiliza sujetarte.

—¿Un osito? ¿Me estás llamando gordo? Qué grosero eres.

William apartó la mano de un tirón.

La mano de Jerim quedó suspendida en el aire...

Y, de pronto, alguien la atrapó.

Aaron.

La sujetó con tanta fuerza que parecía decidido a no permitir que volviera a soltarse.

—Jerim. Cuánto tiempo. ¿Cómo has estado?

Sonreía mientras hablaba en español, aunque el énfasis que puso en "cuánto tiempo" dejaba claro el tono burlón.

Jerim levantó lentamente la vista y lo miró fijamente.

"Ah... De verdad que no quería pelearme."

Pero Aaron había sido el primero en buscar pelea.

¿Por qué demonios estaba provocándolo nada más verlo?

Él tenía mil motivos para odiarlo.

Aaron, en cambio...

No.

Sí tenía uno.

Cuando ambos dejaron las categorías inferiores del Tavarona, habían terminado peleándose.

No era precisamente un recuerdo agradable para ninguno.

Después del Mundial, cuando Jerim dejó de seguirlo en redes sociales, Aaron hizo exactamente lo mismo.

Y hacía apenas un par de meses, cuando Aaron intentó darle la mano tras diez años sin verse, Jerim se la apartó insultándolo.

Era normal que Aaron tampoco le tuviera aprecio.

Pero aun así...

¿Tenía que comportarse así delante de todo el mundo? ¿Y encima con el capitán de su nuevo equipo?

Qué mocoso insolente.

Jerim sabía que, entre futbolistas acostumbrados a competir desde pequeños, había situaciones en las que convenía dejar claras las jerarquías.

Durante un instante pensó en ignorarlo.

Pero cambió de idea.

Se había prometido no comportarse como un niño.

Además, si volvía a rechazarle la mano delante de todas aquellas cámaras, quién sabía qué titulares aparecerían.

Los flashes ya explotaban como si fueran fuegos artificiales desde el mismo instante en que Aaron le había tomado la mano.

—Sí, yo he estado muy bien. ¿Y tú?

Sonrió dulcemente mientras le devolvía el apretón con exactamente la misma fuerza.

Respondió en inglés a propósito.

"Ya que ahora juegas en Inglaterra, habla inglés, idiota."

Aaron entendió perfectamente.

Con la mano libre le cubrió ligeramente la boca y susurró:

—Yo igual que siempre. Ganando la liga cada temporada, levantando la Champions... y de vez en cuando algún Balón de Oro.

—Menuda charla más larga. Ya que estás, presume también de que España ganó el último Mundial.

—Eso sería demasiado presumido delante de ti. Me sentiría mal.

—Vaya. ¿Ahora resulta que tienes conciencia? Ah... Qué pena lo de caer en cuartos de la Eurocopa.

—Fue mala suerte. Igual que fue una pena que Corea no ganara la Copa Asiática el año pasado.

"Maldito..."

Jerim tuvo que contenerse para no responder con una sarta de insultos.

Desde fuera, los periodistas solo veían a dos viejos conocidos riendo y charlando amistosamente tras diez años sin verse.

No quería romper esa ilusión.

Aaron parecía pensar lo mismo.

Sin inmutarse por los flashes, de pronto lo abrazó.

Era evidente que estaba posando para las cámaras.

—Llevémonos bien otra vez, Jerim.

—...Claro. Bienvenido al Sefton. Y bienvenido a Corea.

Jerim le dio unas fuertes palmadas en la espalda y alzó la voz para que todos lo oyeran.

Era la mejor forma de acabar de una vez con los rumores de mala relación que habían resurgido tras el fichaje de Aaron.

Levantó la mano que seguían estrechando y la agitó ostensiblemente antes de alejarse rápidamente.

Solo cuando subió al autobús de cristales tintados pudo escapar por fin de las miles de miradas que lo seguían.

—Ahora que volvemos a ser compañeros de equipo, tendremos que volver a llevarnos bien. Otra vez. ¿No es así, capitán?

Mientras respondía con frases cortas, Aarón repitió varias veces la palabra «otra vez», cambiando cada vez la forma de decirla en español.

Como era propio de alguien que en el pasado le había enseñado la pronunciación con paciencia, habló durante todo el tiempo en un español impecable. Pero cuando llegó a la palabra «capitán», la pronunció deliberadamente en inglés, alargando con picardía la comisura de los ojos, logrando irritar a Jerim a la perfección.

Jerim prácticamente le arrebató el micrófono de las manos y sonrió con rigidez.

—Ja, ja, ¡claro! Como llevamos muchos años jugando en ligas diferentes, casi no habíamos tenido oportunidad de mantener el contacto. Pero ahora ha llegado el momento de volver a ser compañeros de batalla. De verdad, me alegra muchísimo...

Intentar ocultar sus verdaderos sentimientos con puras palabras vacías era imposible. Al final, dejó la frase inconclusa con un suspiro y apretó los dientes.

No pasó mucho tiempo desde que terminó la entrevista cuando comenzaron a aparecer, uno tras otro, titulares como:

«Un apretón de manos blanquecino: la batalla de fuerza entre Ban Jerim y Reyes»

«¿Diez años de enemistad? ¿Continuará o llegará a su fin? Se enciende la alarma en Sefton»


Chang-sik hyung

¿Estás loco??

¿Ese bastardo está trastornado?

¡Joder! ¿Y tú por qué le apretaste la mano con tanta fuerza?

¿No decías que lo tenías todo bajo control?


Mientras se sujetaba la frente dolorida leyendo los artículos en internet, los mensajes de Chang-sik seguían llegando sin parar.

Desde el punto de vista de Jerim era tremendamente injusto. El que había soltado la bomba en la entrevista había sido Aarón. ¿Por qué tenía que salir él también perjudicado?

Pero, viendo las fotografías, era cierto que había sujetado la mano de Aarón como si estuviera aplastando un bloque de tofu.

Como mestizo de ascendencia latina y nórdica, la piel de Aarón era un poco más morena que la de un europeo promedio, por lo que los nudillos completamente blancos resaltaban aún más.

En cambio, la mano de Jerim, cuya piel era sorprendentemente blanca para alguien que hacía tanto deporte, solo mostraba las venas azules marcadas.

Los dos se habían estrujado la mano mutuamente con la misma fuerza, como si exprimieran un trapo mojado, pero solo uno parecía estar sufriendo. Hasta eso le parecía injusto.

Sin embargo, sabía perfectamente cuál sería la respuesta de Chang-sik si intentaba explicarle todo con detalle y ponerse a quejarse, así que simplemente escribió:

Perdón...

Era su manera de consolarlo, sabiendo que a esas alturas estaría rompiéndose la espalda intentando controlar el desastre mediático.



—¡Jerry! Te dije que recogieras la llave.

William le lanzó un pequeño sobre rectangular.

Por el tono irritado de su voz, parecía que llevaba rato hablándole y Jerim no se había dado cuenta.

Atrapó el sobre que iba directo a su entrecejo y utilizó una esquina para rascar juguetonamente la espesa barba de William.

—Qué malhumorado eres. Hasta así te ves adorable. Pero ¿por qué te dejaste crecer tanto la barba? Pareces un osito de peluche...

—¡No me llames oso de peluche! ¡Esta grasa desaparecerá en cuanto empiece la temporada!

—¿Cuándo dije yo que estabas gordo? ¿No tendrás un filtro raro en los oídos?

Jerim dio un pequeño salto, sinceramente indignado.

No entendía por qué ese día solo le ocurrían cosas desafortunadas e injustas.

«¿Será que Corea me trae mala suerte?»

Estaba a punto de decirle que él nunca había mencionado la palabra «gordo» y que, si eso era lo que había escuchado, era porque el propio William estaba acomplejado con su peso.

Pero entonces...

—Capitán, cuando termines de deshacer el equipaje, me gustaría que me dedicaras un rato.

Al mismo tiempo que una pesada presión caía sobre su hombro, una voz increíblemente grave y perezosa le rozó el oído.

Jerim tragó saliva.

Reconoció incluso los tatuajes del brazo que le rodeaba el pecho.

Ignorando como pudo aquella voz pegajosa que parecía adherirse a su oído, miró discretamente a su alrededor.

La única persona lo bastante cerca para escuchar la conversación era William.

Y William sabía perfectamente lo incómodo que Jerim se sentía con Aarón.

Incluso podría haber aprovechado para decir algo como:

«Si tienes algo que hablar, hazlo con William, que es el subcapitán.»

Justo cuando estaba decidido a pasarle el problema a otro...

El entrenador Verdi apareció de repente y, entre carcajadas, dio unas palmadas en la espalda de ambos.

—¡Vaya! ¡Se os ve muy unidos! Muy bien, muy bien.

Jerim quería preguntarle seriamente qué demonios había visto para pensar eso, después de la entrevista que acababan de protagonizar.

Antes de que pudiera reaccionar, el entrenador lo acercó discretamente y le susurró:

—Como viejo compañero suyo y además capitán, cuida bien de él. Parece que ese chico es bastante tímido.

—¿Perdón? ¿Quién?

—Él. En el avión no abrió la boca ni una sola vez. Cuando le pregunté, dijo que no hablaba muy bien inglés.

—¿Perdón? ¿Está hablando de... Aarón?

La voz de Jerim salió aguda por la incredulidad.

¿Quién era tímido?

¿Quién no hablaba inglés?

Cuando acababan de conocerse años atrás, ambos habían conversado mezclando dos idiomas.

Aarón hablaba un inglés torpe.

Jerim respondía con un español igualmente torpe.

Los dos se esforzaban desesperadamente por mantener conversaciones más largas y profundas, intentando aprender el idioma del otro.

Gracias a ese esfuerzo, cuando Jerim llegó a hablar español con total fluidez, Aarón también había alcanzado un nivel excelente de inglés.

Era exactamente como decía ese viejo consejo:

«Si quieres aprender rápido un idioma, búscate una pareja que lo hable.»

Claro que el idioma materno de Jerim no era el inglés.

Pero su madre, convencida por un entrenador que aseguraba que algún día jugaría sin falta en la Premier League, lo había obligado desde pequeño a estudiar inglés con la misma intensidad con la que entrenaba fútbol.

Aquella relación juvenil que comenzó con la intensidad de un fuego artificial terminó dejando a ambos un inesperado premio: dominar el segundo e incluso el tercer idioma.

Y después explotó de forma espectacular.

Con olor a pólvora.

Dejando solo cenizas.

Habían pasado ya diez años.

El tiempo suficiente para que incluso esas cenizas desaparecieran con el viento.

Al recordar sin querer aquel primer amor enterrado en el pasado, Jerim frunció apenas el ceño.

No quedaba ni un ápice de arrepentimiento ni deseos de volver con él.

Solo le daba un poco de vergüenza recordar lo inmaduros que habían sido.

Al ver su expresión, el entrenador Verdi aclaró aún más lo que acababa de decir.

—Sí, hablo de Aarón. Dice que no domina el inglés. Además, como es su primera vez en Inglaterra, está bastante perdido. Pero saber que aquí tiene a un viejo compañero de la cantera que incluso habla español lo tranquiliza mucho. Parece confiar bastante en ti.

—...¿Él dijo eso? ¿Que es tímido y que está perdido?

—Sí.

El entrenador asintió tranquilamente y dio unas palmadas de ánimo en el hombro de Aarón.

Este solo sonrió con los ojos entrecerrados e inclinó ligeramente la cabeza, como si quisiera decir:

«No entiendo de qué hablan, pero parece que me están animando, así que sonrío.»

Ver aquella actuación tan descarada hizo que a Jerim se le tensara la nuca.

Lo absurdo no era solo la interpretación de Aarón.

Lo peor era que todo lo que el entrenador acababa de describir sobre él era mentira.

«Hay que tener un mínimo de vergüenza.»

¿Tímido?

Ni de lejos.

Jerim había convivido con él durante toda la adolescencia y sabía perfectamente que ese adjetivo era el menos apropiado para describir a Aarón Reyes.

Puede que hubiera cambiado algo con los años.

Pero la esencia de una persona no cambia.

Alguien realmente tímido jamás abrazaría con tanta naturalidad a un exnovio al que no había visto en diez años.

Ni montaría semejante espectáculo en una entrevista.

Y un genio que había sido elogiado desde niño por absolutamente todo jamás se sentiría inseguro simplemente por cambiar de liga.

Aarón siempre había tenido una confianza casi arrogante en su propio talento.

Y lo cierto era que tenía motivos para ello.

Nadie conocía mejor ese talento que Jerim.

—Tú...

Estaba a punto de decirle que dejara de engañar al entrenador del equipo cuando Verdi soltó una sonora carcajada.

Las palabras murieron antes de salir.

—La entrevista de antes también habrá sido una de esas bromas pesadas entre viejos amigos.

—Entrenador, lo de la entrevista...

Quiso explicar que no había sido ninguna broma, sino un ataque completamente intencionado.

Pero Verdi lo interrumpió de inmediato y habló con rapidez, con ese fuerte acento italiano que hacía parecer su tono más severo.

—Puede que sus palabras se prestaran a malentendidos, pero al final dijo que quería volver a llevarse bien contigo. Y tiene razón. Debéis hacerlo. Vosotros dos vais a ser el eje de nuestro ataque. Aunque exista algún malestar entre vosotros, haced las paces. Un delantero y un centrocampista que no se entienden es algo que no puedo permitir.

No era una sugerencia.

Era una orden.

Y una orden que no admitía discusión.

En un equipo, la autoridad del entrenador era absoluta.

Verdi solía ser cercano y bromista con los jugadores.

Pero cuando hablaba así, nadie se atrevía a llevarle la contraria.

Jerim cerró la boca.

Su cambio de actitud pareció satisfacer al entrenador.

—Te lo repito una vez más. Cuida bien del nuevo. En ti siempre he confiado, Jerry.

—...Sí.

Con un entrenador que confiaba tanto en él, solo podía responder de esa manera.

Cargó con aquel enorme peso sobre los hombros y caminó arrastrando los pies hasta la habitación que le habían asignado.


Había dicho que hablarían cuando terminara de deshacer el equipaje.

Pero el equipaje había entrado detrás de él.

Aarón simplemente lo siguió hasta su habitación.

Jerim soltó un largo suspiro.

Que el entrenador le hubiera pedido que lo cuidara no significaba que tuviera que cargar con él todo el día.

Se quitó sin contemplaciones el brazo que seguía rodeándole los hombros.

—¿No dijiste que hablaríamos después de que deshiciera el equipaje? Entonces sal.

Quería preguntarle muchas cosas.

Por qué había mentido diciendo que no hablaba inglés.

Qué demonios pretendía con aquella entrevista.

Y, sobre todo, por qué había decidido fichar por ese equipo cuando ninguno de los dos conservaba buenos sentimientos hacia el otro.

Pero, al mismo tiempo, no quería preguntar nada.

No quería darle a entender que todavía le importaba.

Pensar que tendría que convivir con su ex durante varios años hizo que los recuerdos regresaran inevitablemente.

Cómo terminó todo.

Lo mucho que le dolió entonces.

Eran recuerdos que prefería no revivir.

«Estoy muerto de cansancio.»

Desde primera hora de la mañana no había tenido un solo descanso.

La entrevista con los periodistas le había drenado toda la energía.

Y, para colmo, todo el esfuerzo por evitar titulares escandalosos había sido inútil gracias a la puñalada de Aarón.

Podía imaginar perfectamente a su madre llamándolo en cuanto leyera las noticias.

Hacía apenas un año que se había recuperado de una operación de corazón, y él procuraba evitarle cualquier sobresalto.

Ya empezaba a dolerle la cabeza pensando en cómo iba a tranquilizarla esta vez.

Además...

Aunque preguntara todo eso, nada cambiaría.

Lo hecho, hecho estaba.

Sería una pérdida de tiempo.

Claro que también existía una pequeña parte de él que quería vengarse ignorándolo exactamente igual que Aarón lo había ignorado al final de su relación.

Pero la verdadera razón era otra.

Simplemente...

Era una pérdida de tiempo.

Dentro de poco sería la cena.

Después llegaría la noche.

Y al día siguiente volverían los entrenamientos.

Si quería descansar un poco, primero tenía que echar a Aarón de la habitación.

Con el cansancio acumulado, volvió a hacer un gesto con la mano hacia la puerta.

—¿Quieres salir de una vez? Si tienes algo que decir, hablamos en otro momento.

—¿Te vas a casar?

La pregunta, completamente inesperada, le cayó por la espalda como un proyectil.

Jerim se giró por reflejo. Ni siquiera intentó ocultar la expresión de absoluto desconcierto que le cubría el rostro.

—¿Qué?

—Te pregunté si vas a casarte. Dijiste que pensabas hacerlo pronto. ¿Con quién, exactamente?

«¿De dónde habrá sacado semejante rumor?»

Como estaba acostumbrado a que, con solo conversar amistosamente con una mujer en un lugar público, aparecieran titulares como «Ban Jerim, a punto de casarse. La afortunada es una hermosa civil», pensó que sería otro malentendido de ese estilo.

Pero enseguida recordó la broma que él mismo había hecho durante la entrevista.

"Ya estoy en edad de casarme."

"Las ganas no me faltan."

Seguramente, al pasar por el traductor, aquello había acabado sonando como si realmente estuviera a punto de casarse. Incluso como si estuviera desesperado por hacerlo.

Una interpretación completamente absurda.

Solo había sido una broma para animar el ambiente. Jerim ni siquiera soñaba con casarse.

Ni hablar de matrimonio.

Incluso las relaciones que había empezado alguna vez por no soportar la soledad terminaban haciéndole comprender que simplemente no estaban hechas para él.

Quizá, después de retirarse del fútbol, cuando pudiera dejar de vivir únicamente para ese deporte y tuviera espacio para otras cosas, se plantearía volver a salir con alguien o incluso casarse.

Pero ahora no.

Lo que había aprendido durante aquella relación adolescente con Aarón era que pocas cosas desgastaban tanto la mente como enamorarse.

Y para alguien cuyo rendimiento dependía enormemente de su estado mental, cuidar su estabilidad emocional era una necesidad absoluta.

Por eso había terminado alejándose del amor.

Y precisamente al hombre que le había enseñado esa verdad casi filosófica, Jerim no sentía ninguna necesidad de aclararle el malentendido.

Que creyera lo que quisiera.

Volvió a girarse hacia la cama y agitó la mano despreocupadamente.

Aun así, el sentido de responsabilidad propio de un capitán hizo que siguiera recitando las indicaciones para el nuevo integrante.

—En vez de decir tonterías, ve a deshacer el equipaje y descansa. Pero no te duermas. La cena es a las seis...

—En Corea no está permitido el matrimonio entre personas del mismo sexo, ¿verdad?

Apenas había dado un paso cuando aquel comentario perezoso llegó desde su espalda.

Sonaba como una duda sincera.

Como si hubiera dado por hecho que Jerim iba a casarse con un hombre.

Jerim se quedó completamente inmóvil.

"¿Así que resulta que él fue quien me convirtió en gay?"

Jerim siempre se había considerado completamente heterosexual.

Era cierto que su primer romance había sido con un hombre.

Y no con cualquiera: uno diez centímetros más alto que él, de otra nacionalidad y otra raza.

Sí, el responsable de aquello había sido Aarón.

Pero se trataba de un caso excepcional.

Habían tenido apenas dieciséis años.

Vivían juntos en una residencia llena exclusivamente de chicos.

Y, al fin y al cabo, aquella edad era precisamente la época en la que la curiosidad y el deseo sexual estaban en su punto más alto.

Cuando un compañero atractivo y encantador se empeñaba en seducirte, era difícil que ni el cuerpo ni el corazón permanecieran indiferentes.

Además, ambos habían ascendido antes de tiempo al grupo de mayor edad dentro de las categorías juveniles.

Comían juntos.

Dormían juntos.

Estudiaban juntos.

Entrenaban juntos.

Desde que abrían los ojos hasta que los cerraban por la noche compartían absolutamente todo.

¿Cómo no iban a enamorarse?

Pero la conclusión era muy distinta.

Le parecía profundamente injusto que ahora asumieran que, por aquella única relación, naturalmente terminaría casándose con otro hombre.

Después de romper con Aarón, solo había salido con mujeres.

Ni siquiera era fácil definirlo como bisexual.

Nunca había sentido atracción sexual por ningún otro hombre.

Aarón simplemente había sido una excepción irrepetible.

Y, además...

"¿Y este imbécil por qué demonios sabe siquiera cómo está la legislación sobre matrimonio igualitario en mi país?"

Mientras protestaba para sus adentros, lo que salió de su boca fue mucho más simple.

No pensaba darle más carnaza a alguien que llevaba buscando pelea desde el aeropuerto.

—Sí, con una mujer. Así que deja de meterte.

—¿Cómo? Si a ti te encantan las pollas.

Aquella respuesta, acompañada de una risita burlona, consiguió que Jerim se girara de nuevo.

"No le des de comer. No le des de comer."

Su razón gritaba desesperadamente que lo ignorara.

Pero, cuando la ira ya había subido demasiado, su cuerpo reaccionaba antes que su cabeza.

Siempre había sido así.

Cuando un rival lo provocaba durante un partido, soportaba hasta que el árbitro dejaba de mirar... y entonces encontraba la forma de devolvérsela.

Esta vez ocurrió exactamente lo mismo.

Se apoyó contra la pared con una pierna flexionada y dibujó una sonrisa cargada de sarcasmo.

—¿Te estás describiendo a ti mismo? Porque tú sí que estás obsesionado con ellas.

—Claro. Los dos lo estamos. Por eso salimos juntos, ¿no?

Contestó con aquella sonrisa despreocupada, como si todo fuera un juego.

Los ojos de Jerim se afilaron aún más.

No solo nunca se quedaba callado.

Encima siempre encontraba la forma de devolver el golpe con intereses.

Era irritante.

Y, al mismo tiempo...

Extrañamente familiar.

Era evidente que Aarón estaba enfadado con él por algo.

Lo que Jerim no lograba comprender era el motivo.

¿Seguía resentido por la pelea de hacía diez años?

No parecía.

Su forma de mencionar el pasado era demasiado juguetona.

¿Entonces era por haberle apartado la mano en la última final?

Eso tenía todavía menos sentido.

Si realmente se hubiera sentido humillado por aquel rechazo, jamás habría fichado por Sefton.

Sabía perfectamente que su ex era el capitán del equipo.

Y, además...

Aquello había sido un incidente demasiado insignificante para justificar semejante hostilidad.

Sí, cualquiera se habría molestado.

Pero no tanto como para pasarse desde el aeropuerto mordiéndole los tobillos como un perro rabioso.

"¿Qué demonios le pasa?"

¿Qué era lo que lo tenía tan furioso como para que pareciera haber dedicado los últimos diez años no a jugar al fútbol, sino a perfeccionar el arte de decir las peores barbaridades posibles?

Jerim reflexionó unos segundos.

Luego soltó un suspiro.

"¿Y qué más da?"

No era maestro de guardería.

No tenía por qué averiguar por qué estaba enfadado.

Simplemente debía de odiarlo.

Pensándolo así, todo resultaba mucho más sencillo.

Sin darse cuenta, se revolvió el cabello cuidadosamente peinado y dejó escapar otro largo suspiro.

El flequillo se levantó con el aire y volvió a caer sobre su frente.

Lo apartó de nuevo con la mano y miró fijamente a Aarón con una sonrisa torcida.

—Desde que rompimos, no he vuelto a acostarme con ningún hombre. No me metas en el mismo saco que tú, pedazo de promiscuo.

"Joder... De verdad que no quería pelearme."

Aunque había soltado el insulto con absoluta naturalidad, por dentro suspiró.

Por desgracia, Jerim también poseía el talento de volverse increíblemente vulgar cuando alguien lo provocaba.

La conversación había terminado degenerando igualmente.

Quizá volverían a pelear como antes.

A decirse cosas que jamás deberían decirse.

Pero esta vez daba igual.

Entonces eran personas que se querían.

Por eso las peleas dolían.

Ahora solo sería una molestia.

No tendría ningún impacto emocional.

Bueno...

Perder sí que le fastidiaría.

Así que, primero, tendría que ganar.

Sin embargo, toda la hostilidad que había acumulado desapareció con la siguiente frase de Aarón.

—¿Fui el primero y también el último? Suena bastante romántico.

"¿Tiene un filtro en los oídos que elimina automáticamente los insultos?"

Era igual que William, que interpretaba cualquier comentario como si fuera una indirecta sobre su peso.

Ante una reacción tan absurda e inesperada, a Jerim se le evaporaron las ganas de seguir discutiendo.

Era como enfrentarse a un loco con un cuchillo.

A ese podía derrotarlo.

Pero si el loco, de repente, se quitaba toda la ropa y corría desnudo hacia ti...

Lo único que te quedaba era huir.

Girando el dedo junto a la sien, preguntó:

—¿Todavía no te has adaptado al cambio horario? ¿Quieres que llame al médico del equipo?

—Estoy perfectamente. Gracias por preocuparte.

"Entonces no será el jet lag... Será otro tipo de problema mental."

Recordó haber oído alguna vez que una lesión cerebral podía cambiar la personalidad.

Como Aarón cabeceaba el balón constantemente, quizá era mejor creer que tantos golpes le habían terminado dañando el cerebro.

Ignorando por completo su respuesta, Jerim asintió con desgana.

Ya ni siquiera tenía ganas de seguir discutiendo.

Se dio media vuelta otra vez.

Entonces Aarón volvió a hablar.

—Jerim. ¿Eso era todo lo que querías preguntarme? ¿Solo si me había adaptado al horario?

—¿Qué más tendría que preguntarte? Tu estado físico nos afecta a todo el equipo, así que es normal que me preocupe.

En otras palabras...

Fuera de cualquier asunto relacionado con el rendimiento en el campo, no había absolutamente nada que quisiera saber de él.

La verdad era que, si Aarón enfermaba o perdía la cabeza, personalmente no le importaba demasiado.

Pero, dejando a un lado sus sentimientos, era innegable que acababa de incorporarse al equipo un delantero capaz de cambiarlo todo.

"Antes de retirarme... tengo que levantar la Champions al menos una vez."

Ya había ganado la Premier League y las copas nacionales.

Si conseguía también la Liga de Campeones, podría retirarse sin ningún arrepentimiento.

Desde que llegó a Sefton habían conquistado la liga y la copa.

Pero la Champions siempre se les escapaba.

Entraban con facilidad al torneo.

Y, una vez tras otra, caían en cuartos de final.

La temporada pasada había sido diferente.

Cuando alcanzaron las semifinales, además iban líderes en la liga.

Había llegado a soñar con levantar dos trofeos el mismo año, aunque no lograran el triplete.

Pero terminaron segundos en ambas competiciones.

Fue un golpe durísimo para todo el equipo.

La Champions todavía podía aceptarla.

Lo que realmente dolió fue perder la liga.

En la última jornada, el equipo que iba segundo, dos puntos por detrás de Sefton, consiguió una victoria milagrosa y los adelantó en la clasificación.

Y para colmo...

Ese equipo era el eterno rival: Molden FC.

El ambiente en el club fue desastroso.

Por eso la llegada de Aarón Reyes, uno de los mejores delanteros del mundo, despertó tantas expectativas.

No solo entre los aficionados.

También entre los propios jugadores.

Todos sabían lo difícil que era encontrar un delantero que combinara definición, físico e inteligencia.

Leman era un gran futbolista.

Pero aún era joven y le faltaba ese golpe definitivo frente al arco.

Cuando Jerim supo que Aarón ficharía por Sefton, sintió que el cuerpo se le retorcía del rechazo.

Y, al mismo tiempo...

No pudo evitar pensar:

"Esta vez sí tenemos posibilidades."

Por eso había decidido no pelear con él.

Una decisión que se hizo añicos apenas un segundo después de volver a verlo.

"A partir de ahora sí que tenemos que dejar de discutir."

Recordar el valor que Aarón tenía para el equipo calmó poco a poco su ánimo.

Quería levantar la Champions antes de retirarse.

Y, si era posible...

Antes de cumplir los treinta años.

Respiró hondo.

—Oye... nosotros ya...

Justo cuando, tras un breve momento de autorreflexión, Jerim estaba a punto de proponer hacer las paces...

Aarón cruzó los brazos.

No supo si simplemente no había visto la mano que Jerim le tendía con cautela o si la estaba ignorando a propósito, pero su actitud dejaba claro que no tenía la menor intención de estrechársela.

Ese simple gesto removió un trauma que Jerim llevaba enterrado en lo más profundo.

Tragó saliva sin darse cuenta y retiró la mano rápidamente, procurando que nadie lo notara.

El Mundial celebrado excepcionalmente a finales de año.

Su debut con la selección absoluta.

Aquel error fatal.

Y la causa de todo aquello...

Los ojos color ámbar que de niño le parecían tan brillantes y hermosos como piedras preciosas lo observaban fijamente.

Al enfrentarse a ellos tan de cerca, Jerim se dio cuenta, por primera vez, de que el brillo de aquellos ojos era ligeramente más apagado que antes.

Muy ligeramente.

Y también comprendió cuál era la emoción que ahora habitaba en ellos.

Hostilidad.

—De verdad que no has cambiado nada. Eres tan insensible que das náuseas. ¿Cómo demonios consigues ser capitán con esa personalidad? Ese papel no pega contigo en absoluto.

El tono de Aarón era completamente distinto al de antes.

Hasta ese momento había sido burlón, sí, pero aún conservaba cierto aire juguetón.

Ahora no.

Ahora cada palabra estaba cargada únicamente de desprecio.

Las ganas de Jerim de declarar una tregua desaparecieron al instante.

El recuerdo que acababa de emerger del pasado, unido a la actitud descaradamente hipócrita de Aarón, le golpeó la cabeza como un martillo.

"¿Hacer las paces con este imbécil?"

"Debí de estar poseído por el espíritu de Buda durante unos segundos."

Metió las manos en los bolsillos del pantalón y respondió con un tono igual de áspero.

—Sí, claro. Arréglatelas solo. Tú tampoco has perdido esa cara tan dura.

—¿Mi cara es la dura? No. El que la tiene eres tú, Bunny.

—¿Quién demonios eres tú para decirme eso? Y como vuelvas a llamarme por ese apodo...

—Bunny. Bien, ¿y ahora qué vas a hacer?

Durante un instante sintió unas ganas irresistibles de estamparle un puñetazo en la cara.

Pero, si lo hacía, era evidente que dejaría una marca en aquel rostro absurdamente perfecto.

Y entonces él sería sancionado por agredir a un compañero.

"Entonces... ¿le pego en una parte que no se vea?"

Mientras observaba con atención los muslos y el abdomen de Aarón —zonas que quedarían cubiertas por el uniforme— empezó a aflojar los dedos.

Hacía tanto tiempo que no oía aquel apodo, "Bunny", que las puntas de sus dedos se habían curvado como patas de calamar seco.

El abdomen.

Las piernas.

Sí, eran las mejores opciones.

El problema era que, si calculaba mal la fuerza, podía lesionarlo de verdad.

Si existiera la garantía de que sanaría durante la pretemporada, lo golpearía cien veces sin pensarlo.

Pero...

¿Y si terminaba perdiéndose toda una temporada?

No solo se esfumaría cualquier posibilidad de ganar la Champions.

Además acabaría suspendido.

O peor aún.

En ese caso seguramente terminarían demandándolo.

Después de valorar todas las posibilidades, Jerim tragó su rabia en silencio.

Un impulso momentáneo podía costarle demasiado caro.

En lugar de golpearlo, respiró profundamente varias veces para contenerse.

—Ya está. Joder... Tengo esta edad y sigo comportándome como un crío... Escucha, no quiero seguir perdiendo el tiempo contigo. Ni siquiera me importas tanto. Así que limitemos nuestra relación a ser compañeros de equipo. ¿De acuerdo?

Aunque el entrenador les hubiera ordenado reconciliarse, eso era imposible.

Como mucho podrían limitarse a entrenar y jugar juntos, sin contacto fuera del trabajo.

Compañeros distantes.

Nada más.

Ni siquiera le apetecía hacer esa propuesta.

La soltó con la misma desgana con la que uno arroja una bolsa de basura.

Entonces...

—¡Ja!

Una risa cargada de incredulidad le perforó los oídos.

Al mismo tiempo, una mano lo empujó bruscamente del hombro.

¡Bang!

Su espalda chocó contra la pared.

Antes de que pudiera reaccionar, Aarón ya estaba frente a él, bloqueándole el paso.

La comisura de sus labios se curvó en una sonrisa burlona.

Sus ojos brillaban de forma amenazante.

—¿Compañeros de equipo? No me hagas reír. ¿Cómo podríamos ser "simplemente" compañeros?

—¿Y por qué no?

—Razones sobran. ¿Acaso tú les haces pajas a todos tus compañeros? ¿Los besas cuando te parecen monos?

—Sí. Lo hago. ¿Quién dice que solo lo hice contigo?

Era mentira.

Naturalmente jamás había hecho algo semejante con ninguno de sus compañeros de Sefton.

Solo imaginarlo le producía náuseas.

Pero quería ganar aquella discusión.

Y esa infantil necesidad de salir vencedor le permitió responder con absoluta seguridad.

En ese mismo instante sintió cómo la mano que le sujetaba el hombro aumentaba la presión hasta volverse casi insoportable.

Frente a él, Aarón apretaba los dientes con una expresión tan feroz que no habría sorprendido a nadie si lo hubiera matado allí mismo.

—...Dijiste que no habías vuelto a estar con ningún hombre aparte de mí.

—Dije que no había salido con ninguno. Nunca dije que no hubiera hecho otras cosas.

Desde que rompieron, Jerim no había vuelto a acostarse con ningún hombre.

Ni siquiera había vuelto a enamorarse de uno.

De hecho, para él el amor y el sexo eran inseparables.

Ni con las mujeres había mantenido jamás relaciones puramente sexuales.

Pero, si mentir servía para derrotar a Aarón en una discusión, no tenía ningún problema en hacerlo.

Al ver aquella mirada desafiante, Aarón respiró hondo varias veces para contenerse.

Después sonrió con sarcasmo.

—Joder... Y aun así eres tú quien me llama promiscuo. El verdadero trapo eres tú, ¿no?

Mientras pronunciaba la palabra trapo —el insulto que equivalía a decir "promiscuo"— levantó el índice y dio un par de golpecitos bajo la barbilla de Jerim.

Era un gesto lleno de desprecio.

Como si estuviera tratando con un cachorro.

Los ojos de Jerim se encendieron de inmediato.

—Jerim, ¿qué demonios te hace pensar que tienes derecho a hablarme así...? ¡Ugh!

No pensaba escuchar ni una palabra más.

Eligió el método más rápido para poner fin a aquella discusión.

El puño.

En el último instante su razón le gritó que no golpeara la cara, el abdomen ni las piernas.

Así que descargó toda su fuerza contra el hombro de Aarón.

¡BAM!

El golpe sonó tan fuerte que por un momento incluso le preocupó haberle roto un hueso.

Pero un solo puñetazo no era suficiente.

Aarón tenía una constitución demasiado sólida.

Además había controlado la fuerza.

No podía haberse roto.

Mientras fingía apartarlo, volvió a apretar deliberadamente el lugar donde lo había golpeado, casi como si quisiera triturárselo.

Ver cómo por fin se deformaba aquella arrogante expresión fue profundamente satisfactorio.




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