SEGUNDA MITAD -Capítulo 7
7.B
Tras escuchar la situación, el entrenador Verdi reunió de inmediato a los jugadores para una reunión de emergencia. Uno a uno, aún sin haberse secado el pelo, fueron entrando a la sala. Al enterarse de lo que le ocurría a Jerim, todos mostraron rostros sombríos. La expresión del entrenador no era muy distinta.
—…Si dices que quieres ir, no puedo detenerte. Es un asunto de tus padres. Pero también es cierto que si tú faltas, la pérdida para el equipo será enorme, así que no puedo simplemente decirte que vayas sin más…
Frente a él, Jerim bajó la cabeza como un culpable. Quizá habría sido más fácil si el entrenador le hubiera dicho claramente que no fuera. Aquella respuesta ambigua solo le dejaba una sensación incómoda.
Aun así, entendía que el entrenador, cuya responsabilidad era llevar al equipo a la victoria, también debía sentirse igual de conflictuado. Jerim soltó un profundo suspiro. El entrenador Verdi le dio un par de palmadas en la espalda.
—Piénsalo y dime hoy qué vas a hacer.
—…Sí, gracias.
—Jerim, puedes salir. Los demás quédense un momento. Hablemos de qué hacer si él no juega.
Al cerrar la puerta de la sala, el murmullo de sus compañeros se filtró desde el otro lado. Sus voces, llenas de desconcierto, parecían pesarle sobre la espalda. Se quedó un momento quieto frente a la puerta. Era lógico: estaban a un día del partido y la alineación y la táctica podían cambiar por completo.
Le costó echar a andar de nuevo. El camino de vuelta al vestuario se le hizo interminable. Culpa, responsabilidad y preocupación se mezclaban y se adherían a sus pies como pesas. Ya no sabía si lo que sentía era por su madre, por el equipo, o por ambos.
Ni siquiera ducharse logró despejar su mente. Se sentó en el banco del vestuario con el pelo aún goteando, perdido en sus pensamientos.
‘¿Debería ir a Corea… o no?’
¿Y si iba y el equipo perdía? Claro, había excusas plausibles: jugaban de visitante, el rival era complicado. Incluso los aficionados, aunque esperaban ganar, no lo criticarían demasiado si perdían. Lamentarían que la racha de ocho victorias consecutivas se rompiera contra el rival…
Pero aun con excusas, perder un derbi afectaría inevitablemente la moral del equipo. Y una moral que cae después de estar en su punto más alto podría influir en los partidos siguientes, en un calendario que seguiría siendo exigente hasta inicios del próximo año.
Pensar que todo eso podía ser consecuencia de su ausencia hizo que su decisión empezara a inclinarse. Incluso si tomaba un avión ahora mismo, para cuando llegara a Corea la operación de su madre ya habría terminado. Su ausencia afectaría enormemente al equipo, pero su presencia no cambiaría el resultado de la cirugía.
‘Vaya mañana o vaya ahora… la situación allá no cambiará…’
Su mente, fría y lógica, llegó a esa conclusión. Pero…
¿Y si realmente le pasaba algo a su madre mientras tanto?
En el momento en que imaginó el peor escenario, un sudor frío le recorrió el cuerpo. Estaba respirando profundamente para calmarse, con las manos temblorosas entrelazadas, cuando sintió una presencia en el vestuario vacío. Algo suave cayó sobre su cabeza.
Alzó la mirada. Una sombra lo cubría por completo.
—¿Aún no te vas? ¿Qué haces dejando que se te enfríe el cuerpo? Ni siquiera te secaste el pelo.
—……
Un brazo lleno de tatuajes —ya bastante familiar— se extendió hacia él y comenzó a frotarle la cabeza. Más exactamente, estaba usando una toalla para secarle el cabello.
En otras circunstancias lo habría apartado por lo incómodo del gesto, pero ahora no tenía fuerzas ni ánimo. Se quedó quieto, mirando al vacío, mientras Aaron le secaba el pelo.
—¿Qué vas a hacer?
—…No lo sé.
Le pareció muy propio de él ir directo al grano sin rodeos, incluso en una situación así. Ese carácter impulsivo que antes le irritaba, hoy no le resultaba tan desagradable.
—Pensé que ni lo dudarías y dirías que ibas. Me sorprendes. ¿Qué te preocupa?
Tal vez porque se conocían desde pequeños, o porque era el único compañero de su misma edad, Jerim terminó confesando algo que no habría dicho delante de otros:
—Incluso con el equipo titular es un rival difícil. Si encima falto yo y perdemos…
—¿Crees que se van a venir arriba solo porque faltes tú? ¿Y yo qué? Me estás subestimando, Jerim.
Aaron lo interrumpió con una sonrisa ladeada.
—Claro, sin ti todos tendrán que esforzarse más. ¿Y qué? No es un torneo eliminatorio. Aunque perdamos esta vez, podemos ganar en el siguiente partido en casa. Entiendo que es un derbi y te sientes más responsable, pero…
Entonces tomó la mano de Jerim y la llevó a su pecho.
La palma de Jerim quedó apoyada justo sobre su corazón. El latido, firme y constante, se transmitía claramente. Poco a poco, su propio pulso, alterado por la ansiedad, empezó a acompasarse con ese ritmo.
Sintiendo un cosquilleo extraño, Jerim intentó apartar la mano, pero Aaron le sujetaba la muñeca con firmeza.
Aaron sonrió, con una expresión tan arrogante como atractiva.
—Solo confía en mí y ve.
Qué tipo tan insoportable… pero… increíble.
No podía negarlo. Esa seguridad absurda, esa habilidad para hacer que uno terminara creyéndole… Jerim empujó ligeramente su pecho.
—Si vas a decirme que confíe en ti, no deberías ni mencionar la posibilidad de perder.
Luego agarró el escudo del club en su uniforme y murmuró:
—Quiero celebrar en su estadio. Así que prométeme que ganarán.
—De verdad que tu carácter… Está bien.
Aaron soltó una risa baja al ver el brillo decidido en sus ojos.
—Si pierden, no te la dejo pasar. Voy a publicar tus momentos vergonzosos en redes.
—¿Qué momentos exactamente…? Bueno, da igual. No pasará.
Jerim recordaba varios: cuando se ponía celoso hasta de un perro callejero, cuando decía cosas absurdas como “soy tu novio, ¿no puedes dejar de ducharte con otros?”, o aquella vez que le sangró la nariz la primera vez…
Pensándolo bien, eran cosas que jamás podría contar a otros, así que abandonó la amenaza.
Aaron levantó la mirada con confianza.
—Como sabes, siempre cumplo mis promesas.
Dicho por alguien que incluso dejó el equipo donde había estado casi veinte años por cumplir una promesa… resultaba difícil no creerle.
Finalmente, Jerim habló con ligereza:
—Sí, demasiado bien… Confío en ti.
—Vete ya. Yo hablaré con el entrenador Verdi por ti.
Aaron se levantó de un salto y prácticamente lo levantó también. Jerim configuró el aeropuerto en su app de navegación y salió corriendo, pero antes de abrir la puerta se giró un momento.
—…Aaron, gracias.
—No hay de qué.
Respondió igual que aquella vez que lo cuidó estando borracho: de forma simple, pero dejando algo que le removía el pecho.
Jerim, todavía sintiendo el latido de antes en su mano, se llevó la palma al pecho y aceleró el paso.
Cuando tomó el vuelo más rápido hacia Corea desde el aeropuerto, la operación de su madre ya había terminado. A pesar de que era la segunda vez y lo habían asustado diciendo que el pronóstico no era bueno, por suerte la cirugía concluyó sin problemas.
Su madre, aún bajo los efectos de la anestesia general, abrió los ojos con dificultad y recibió a Jerim.
—¿Por qué viniste…? ¿Y el partido…?
Lo primero que dijo al ver a su hijo mayor, que había volado desde Inglaterra sin parar, fue eso. Jerim se sentó en la silla junto a la cama y forzó una sonrisa en su voz. Cubrió con la palma de su mano los ojos arrugados de su madre.
—Señora, si vas a decir cosas que me revuelven el estómago nada más despertar, mejor sigue durmiendo.
—No era para tanto, por eso viniste… Volar largas distancias tan seguido no es bueno para el cuerpo.
—¿Cómo que no era para tanto? A partir de ahora vas a hacerte chequeos mensuales sin falta. Ya hice que me envíen todos los resultados, así que ni se te ocurra saltártelos.
Reprimiendo a duras penas la rabia que le hervía por dentro, habló con aparente calma. ¿Lo decía sin saber que, de haber llegado un poco más tarde al hospital, tal vez esta vez no habría vuelto a abrir los ojos? ¿O lo sabía y aun así lo decía?
En cualquier caso, le resultaba desesperante. Pero no podía desquitarse con su madre, postrada en la cama, así que simplemente contuvo sus emociones a punto de estallar y fingió estar de buen humor.
—También hablé con tu médico hace un rato. Ni sueñes con ocultar tu estado de salud otra vez.
—Ay, qué exagerado… Por cierto, me cuesta mucho mantener los ojos abiertos.
Al verla parpadear, Jea, que estaba a su lado, intervino rápidamente.
—Mamá, es porque aún no se te pasa la anestesia. Pero dicen que no te duermas, que te mantengas despierta.
—Sí, sí… Jea, tú también te asustaste, ¿no? ¿Y el trabajo…?
—¿De verdad eso es lo importante ahora?
Jea, con los ojos enrojecidos, estalló. Jerim le puso una mano en el hombro para calmarla. Ella apretó los labios y giró la cabeza, mientras su madre movía los ojos con cierta incomodidad. Fue entonces cuando preguntó por el menor.
—¿También vino Jehee…? Ven aquí. Quiero ver la cara de mi pequeño después de tanto tiempo.
—¡Mamá…!
Jehee, que hasta ese momento había estado ahí como un saco de papas, moviendo solo los ojos, finalmente rompió en lágrimas y se lanzó a los brazos de su madre. Hasta hacía poco, verlo riéndose con el celular mientras ella estaba así le había provocado ganas de darle un golpe, pero al verlo comportarse de forma tan afectuosa, se le pasó el enojo.
Incluso Jea, que hasta hace un momento lo miraba como si quisiera matarlo, dejó escapar un suspiro que no se sabía si era de alivio o risa. Luego pinchó a Jerim en el costado.
—Oye, ven un momento.
Jerim siguió a Jea hacia la sala para acompañantes junto a la habitación individual. Había una mesa, un sofá, una cafetera, un dispensador de agua e incluso una cama; parecía más un dormitorio común. Cerraron bien la puerta para que no se filtraran sus voces y continuaron hablando.
—En serio, ¿cómo viniste tan rápido? Cuando te llamé estaba en shock y llorando, pero no pensé que vendrías de verdad…
—Oye, el club no es tan estricto. Si dicen que tu madre se desplomó, claro que te dejan venir.
—Aun así… ¿no era hoy un partido importantísimo? Vi en internet que la reacción era brutal… incluso con la noticia de que no jugarías…
—Te dije que no buscaras noticias sobre mí.
Mientras Jerim estaba encerrado en el avión durante 14 horas, la noticia de que el capitán del Sefton no jugaría el derbi ya se había difundido por todo el mundo.
Y, como era de esperar, surgieron todo tipo de rumores: que se había peleado con un desconocido y terminó hospitalizado, que desapareció porque su pareja secreta lo dejó, que se rompió una costilla tras una borrachera la noche anterior…
Al bajar del avión y ver que ya existía toda una novela caótica protagonizada por él, Jerim soltó una risa incrédula. Gracias a la rápida acción de la agencia y el club, los rumores se desmintieron antes de que aterrizara, pero los comentarios maliciosos seguían ahí. Y Jea, claro, los había leído.
Ya acostumbrado a este tipo de situaciones, se frotó el entrecejo con hastío. Jea lo miró con cautela.
—¿Estás bien?
—¿Qué hay que no esté bien? Igual vamos a ganar el partido.
Más que dolor, era solo fastidio. Todo seguía el mismo patrón de siempre: en cuanto se anunció oficialmente que había viajado por la enfermedad de su madre, los comentarios se suavizaron. Nada nuevo.
Además, el partido… bueno, lo ganarían. Si perdían después de que él dijera eso con tanta seguridad, probablemente querría morirse de la vergüenza, así que seguro lucharían con todo. No poder celebrar en el estadio de Molden era una pena, pero imaginar a Aron aplastando al rival le levantaba el ánimo.
Sí, al final lo único importante era que el equipo ganara. Recuperando su expresión habitual, Jerim chasqueó los dedos frente a Jea, que parecía cargar con todo el peso del mundo.
—Mamá está bien, yo estoy bien, todo está bien, así que relaja esa cara. Ah, ¿necesitas algo? La otra vez dijiste que estabas pensando en comprarte un coche para ir al trabajo, ¿no? Si ya viste alguno, ya que estoy aquí yo te lo…
“te lo compro”, no pudo terminar, porque Jehee irrumpió de repente. Se dejó caer junto a Jerim con los ojos brillantes.
—¡Hyung, entonces yo! ¡Yo también! ¡Cómprame una moto!
—¿De verdad vienes a ver a mamá enferma y lo primero que haces es pedirle eso a tu hermano?
Antes de que Jerim respondiera, Jea lo reprendió con dureza.
—¿Y qué? Dijeron que todo está bien. Siempre estás con tus sermones…
Jehee se rascó la oreja, ignorando por completo a su hermana. Ante esa actitud, Jerim lo agarró del cuello con firmeza.
—Ban Jehee, habla con respeto. No le faltes a tu hermana.
Asustado, Jehee abandonó su actitud insolente al instante. Al ver a su hermano menor, más pequeño y seis años menor, temblando sin poder replicar, el corazón de Jerim se ablandó y aflojó la mano.
—Te doy mi tarjeta, así que sal a comprar algo de comida que no huela fuerte. Luego vemos el partido de Molden mientras comemos.
—…¿Puedo quedarme con esta tarjeta?
—La moto está prohibida. Cualquier cosa de más de un millón de wones me la reportas. Voy a revisar los movimientos, así que no hagas tonterías.
—¡Sí! ¡Gracias! ¡Ya vuelvo!
Con lo que quería en mano, Jehee salió disparado. Viéndolo irse sin siquiera cerrar bien la puerta, Jerim chasqueó la lengua.
—¿Cuándo va a madurar ese idiota? Ni después del servicio militar cambia.
—No se puede hacer nada. Papá y mamá lo consienten demasiado… Si hubiera vivido contigo, al menos tendría algo de conciencia.
—…
Cuando sus padres se divorciaron y Jerim se fue a España al comenzar la secundaria, Jea estaba en tercer año de secundaria y Jehee en cuarto de primaria. A diferencia de Jea, que ya tenía cierta madurez, Jehee creció lejos de su madre y su hermano mayor antes siquiera de entrar en la adolescencia, así que en casa no tenía a nadie ante quien medir su comportamiento.
Antes del divorcio, sus padres ya estaban tan ocupados —incluso con trabajos extra para apoyar la carrera de Jerim— que apenas podían dedicarle atención al menor. Quizá por ese sentimiento de culpa, hasta el día de hoy eran especialmente indulgentes con Jehee. Todos esos factores, combinados, habían influido negativamente en la formación de su carácter.
Al final, que el menor hubiera crecido con una personalidad tan inmadura era, en cierta medida, culpa de Jerim. Si sus padres no hubieran vivido tan ocupados por él, si no se hubieran divorciado para mudarse a España, seguramente Jehee habría recibido su parte justa de atención y dedicación.
Sin notar el cambio en el rostro de Jerim, que se había oscurecido, Jea siguió murmurando como si hablara sola:
—Especialmente mamá… por culpa de ese sentimiento de culpa, ni siquiera es capaz de regañarlo como debería… Y encima él ni siquiera le tiene tanto cariño, porque apenas ha vivido con ella.
Cada palabra de su hermana se clavaba como una daga. De pronto, Jerim recordó el momento en que sus padres se divorciaron. Entonces, él y Jea habían escuchado toda la pelea desde su habitación. Por suerte, Jehee estaba dormido.
‘¿Solo Jerim es tu hijo? ¿Jea y Jehee no te importan? No son niños pequeños, han nacido y crecido en Corea, solo hablan coreano y ya tienen sus amigos. ¿Y quieres llevártelos a todos a España solo por Jerim?’
‘¿Crees que esta es una oportunidad cualquiera? ¡El Tavarona nos está llamando! Dicen que si vamos, cubrirán nuestra vida y la educación de los niños. ¿Cómo puedes dejar pasar algo así siendo padres?’
‘¿Y crees que ir allí lo convierte en profesional? Aún es juvenil. ¿Vas a arrastrar a toda la familia a un país desconocido solo por unos años en una cantera? Por favor, entra en razón… Jerim no es tu único hijo.’
‘…’
‘¿Y si va y no logra adaptarse? ¿Qué harás entonces? ¿No te preocupa que tu ambición como madre pueda arruinar a un niño que ya lo está haciendo bien?’
‘…A Jerim le irá bien allí. Yo voy a convertir a mi hijo en un futbolista de clase mundial, pase lo que pase.’
‘¡De verdad tú…!’
‘Basta. Si no quieres ir, quédate en Corea con Jea y Jehee. Yo me iré a España con Jerim… divorciémonos.’
En el momento en que su madre pronunció la palabra “divorcio”, Jerim no pudo ni siquiera mirar el rostro de Jea.
Y ni siquiera ahora.
—…Sé que es una petición descarada, pero… aunque sea tú, cuida más de mamá. Mientras yo no esté…
Jerim habló casi balbuceando, enterrando el rostro entre las manos. Por más vergüenza y culpa que sintiera, no tenía a nadie más a quien pedirle algo así.
Desde pequeño, había sentido como si se ahogara bajo el amor y la devoción unilateral que su madre volcaba sobre él. A veces incluso había deseado que ella no existiera. También le frustraba verla ocultar su dolor, incapaz de decir que estaba enferma.
Pero, por más contradictorios que fueran sus sentimientos, no podía negar que su madre siempre estaba presente en su mente. Al fin y al cabo, si no había dejado el fútbol hasta ahora, era en gran parte porque quería devolverle todo lo que ella había hecho por él. De una forma u otra, no podía concebir su vida sin ella.
Por eso eligió perderse el derbi, y aun sintiéndose terriblemente culpable con sus hermanos, se atrevió a hacer esa petición. Incluso sabiendo que Jea apenas llevaba dos años reconciliada con su madre.
Los sentimientos de Jea hacia su madre eran aún más complejos que los suyos. Aunque por fuera pareciera que habían reparado su relación, en realidad no era algo tan simple. Para Jerim, era imposible siquiera imaginar con qué sentimientos su hermana trataba a una madre que, en cierto modo, la había abandonado.
Tras un breve silencio, Jea respondió con tono algo seco:
—Aunque no me lo pidieras, ya estoy pendiente. Pero, al final, a mamá lo que más le gusta es que tú te ocupes de ella. Aunque siempre diga que no lo hagas… eres su favorito entre los tres.
—…Lo siento. Contigo, desde hace tiempo…
Cada sílaba le costaba respirar. El ambiente entre ambos era pesado, impropio de un reencuentro entre hermanos. En un hospital ya de por sí frío, aquella conversación lo hacía aún más asfixiante. Fue Jea quien intentó cambiar el ambiente.
Se recostó hacia atrás en el sofá y sacó un cigarrillo y un encendedor, pero se detuvo al recordar que estaba en una zona libre de humo. Maldijo en voz baja y, resignada, tomó un caramelo de la cesta, lo desenvolvió y murmuró:
—Da igual. Tener un hermano que gana tanto dinero tampoco está mal. Cómprame el coche con todos los extras.
Eso era fácil comparado con lo que Jerim le había pedido. Él asintió rápidamente.
—Ya que estamos, ve al trabajo en un deportivo. Te lo compro.
—¿Estás loco? ¡Ni hablar!
Jerim puso una cara de genuina confusión. Jea empezó a hablar de cosas como “crear incomodidad”, “acoso laboral” y otros términos serios, pero por más que explicara, a él le resultaba difícil entender la cultura laboral coreana, tan distinta de la de un club de fútbol en Inglaterra.
En ese momento, Jehee regresó de su encargo. Justo era hora de que comenzara la transmisión del partido contra Moulden. Al volver a la habitación, vieron que su madre ya había puesto el canal. Por primera vez en su vida, Jerim se sentó frente al televisor con su familia para ver un partido de su propio equipo.
Mientras pasaban los anuncios, los tres hermanos pelaban manzanas. Como extra, disfrutaron del espectáculo de Jea golpeando a Jehee con un pepino por haber traído solo verduras crudas sin olor, como zanahorias y apio.
A mitad de los anuncios, apareció el video de presentación de las alineaciones. Cuando la cara de William, llevando el brazalete de capitán en lugar de Jerim, llenó la pantalla, Jea, que mordisqueaba un trozo de pepino, se estremeció.
—Oppa, dijiste que eres amigo de Carter, ¿no? Dile que por favor se afeite esa barba.
—No me hace caso.
—¿Cómo puede tener esa barba con una cara tan linda…?
—Eso digo yo.
Ya de por sí tenía un rostro juvenil al que la barba no le quedaba nada bien, pero insistía en dejársela crecer. Últimamente la llevaba aún más larga, hasta el punto de atársela al comer. Cada vez que lo veía, Jerim sentía ganas de ir a la cocina, coger unas tijeras y cortarle ese “nido” de un tajo.
Mientras los hermanos criticaban al unísono, el video terminó mostrando a Lehmann y luego a Aaron. Jerim sonrió al ver que Lehmann era titular.
‘Cumplió su sueño.’
Siempre había querido jugar como titular en un derbi. Aunque la oportunidad hubiera surgido por la ausencia de Jerim, era fruto de su esfuerzo. Un buen chico. Muy distinto de su propio hermano menor…
Jerim frunció el ceño al sentir a Jehee colgándose de su brazo.
—Hyung, ¿me consigues el autógrafo de Reyes?
—No.
—¿Por qué no?
Podría conseguir cientos o miles de autógrafos de otros, pero el de Aaron le incomodaba. Sabía perfectamente la reacción arrogante que tendría si se lo pedía. Al rechazarlo sin piedad, su madre, que observaba a sus hijos desde la cama, intervino:
—Podrías conseguirle uno… ¿O es que todavía no se han reconciliado?
En la época en que Jerim y Aaron eran inseparables como locos, su madre vivía con ellos en España. No sabía que su hijo salía con otro hombre, pero sí que eran muy cercanos.
Aaron solía ir con frecuencia al restaurante que su madre manejaba, e incluso se quedaba a dormir en su casa a menudo. A Jerim le inquietaba dejarlo solo los fines de semana cuando salía, ya que Aaron casi nunca regresaba a su casa familiar. En aquel entonces, estaba tan obsesionado que ni siquiera podía dormir pensando en lo solo que se quedaría en la residencia esperando a su novio.
Gracias a eso, su madre y Aaron se conocían bastante bien. Ella siempre le agradecía al amigo que su hijo había hecho en un país tan lejano, y le tenía mucho aprecio. Claro, únicamente como amigo de su hijo.
Y, por supuesto, también sabía que después de llevarse tan bien, ambos habían tenido una gran pelea y habían cortado la relación. Jerim nunca le contó los detalles, pero ella lo había deducido por sí sola. Para evitar que se preocupara innecesariamente, él cortó el tema rápidamente.
—Ya hicimos las paces hace tiempo. Es solo que me da orgullo pedirle algo así.
—¿Qué orgullo puede haber entre amigos? Además, parecía un chico muy bueno y puro.
—…¿Perdón? ¿Quién?
¿No estaban hablando de Aaron? ¿Había cambiado el tema sin que se diera cuenta? Jerim preguntó confundido. Su madre aclaró:
—Aaron. Recuerdo cuando vino a comprar tteokbokki a nuestro restaurante. En ese momento no sabía que era él… pero qué chico tan adorable.
Al recordarlo, sus mejillas, antes pálidas, se tiñeron de rojo. Incluso Jea, que hasta entonces masticaba pepino distraídamente, reaccionó sorprendida.
—¿Tteokbokki? ¿Reyes fue al restaurante de mamá a comprar eso?
—Sí, hace tiempo. Dijo que la persona que le gustaba era coreana y quería comer tteokbokki. Sabía que no estaba en el menú, pero quería ayudarla a superar la nostalgia, y me pidió muy educadamente que lo hiciera, sin importar el precio.
—¿Le gustaba una coreana? Qué inesperado… Ah, ¿por eso se llevaba bien contigo, oppa? ¿Porque eras del mismo país?
—¡Podría ser!
Mientras madre e hija charlaban animadamente, Jerim bajó la cabeza.
Unos meses después de mudarse a España, cuando sufría mucho de nostalgia, había mencionado al pasar que quería comer tteokbokki.
Lo había dicho sin pensarlo, simplemente porque le apetecía ese sabor picante de comida callejera coreana. Además, podía pedirle a su madre que lo preparara cualquier fin de semana, así que fue más un capricho durante el duro entrenamiento.
Pero esa noche, Aaron apareció con tteokbokki para llevar. Jerim se sorprendió primero de que hubiera salido sin permiso en tan poco tiempo, y luego, al probarlo, se sorprendió aún más. Ese sabor tenía claramente el toque de su madre.
‘¿De dónde sacaste esto…?’
‘¿No es esto el tteokbokki?’
‘Sí, pero… ¿por qué de repente…?’
‘…Dijiste que querías comerlo. Vi un restaurante coreano cuando salí…’
‘¿Saliste por casualidad… sin permiso?’
‘…Sí…’
Fue entonces cuando lo comprendió: que Aaron lo había comprado en el restaurante de su madre… y que le gustaba.
Aunque ya lo sospechaba, aquello lo confirmó. Incluso siendo joven, sabía que nadie haría algo así por un simple amigo.
Pero no sabía que Aaron había dicho algo como eso… Él nunca lo presumió, y Jerim tampoco preguntó por vergüenza. Además, apenas dieron un par de bocados en la residencia, el olor se extendió y ambos terminaron castigados, así que no era momento para hablar. Solo ahora, tantos años después, tenía la oportunidad de preguntar.
—…¿De verdad dijo eso? ¿Que la persona que le gustaba quería comerlo?
Incluso para preguntar algo tan simple, dudó. Aaron no estaba allí, y su madre ni siquiera imaginaba que esa persona era su propio hijo. Aun así, el cuello de Jerim se calentó mientras fingía indiferencia.
—Claro que sí. ¿No es adorable?
Sí, lo era. Terriblemente adorable… Tanto que se había enamorado sin remedio. Nunca había conocido a alguien así, alguien que lo quisiera tanto y a quien él quisiera tanto. Aunque ahora todo eso ya no sirviera de nada.
Al no recibir respuesta, su madre siguió preguntando:
—Ah, por cierto, tú sabes quién era esa chica coreana que le gustaba a Aaron, ¿verdad? ¿Quién era?
¿Chica? Era su hijo mayor. Empezaron así y en Navidad terminaron besándose y saliendo juntos.
…Pero si decía eso, el corazón delicado de su madre no lo soportaría. Jerim evitó la mirada, girando el tenedor entre sus dedos.
—Eh… probablemente alguien de la iglesia… No lo sé bien… Ah, ¡el partido! ¡Empieza el partido!
Por suerte, el saque inicial comenzó justo en ese momento. El balón se elevó y los comentaristas empezaron la narración. Su familia, salvo él, perdió enseguida el interés en la conversación.
«Hoy la alineación de Sefton ha cambiado un poco. Fritz es titular y también el esquema. Parece que el entrenador Verdi ha tenido que pensar mucho para cubrir la ausencia de Ban Jerim.»
«Normalmente el juego de Sefton gira en torno a Jerim. Sin su eje en el mediocampo, será interesante ver cómo enfrentan a un rival fuerte como Moulden.»
«Por la formación, parece que quieren ser ofensivos con Reyes y Fritz. Reyes tiene buena conexión, así que quizá reparta juego y deje el gol en manos de Fritz.»
Tal como decían, Aaron jugaba un poco más retrasado de lo habitual, moviéndose incansablemente desde la defensa hasta el área rival, alternando posiciones con Lehmann. Jerim chasqueó la lengua al verlo. Eso debía exigirle muchísimo físicamente.
Y junto a esa admiración, surgió otra vez el agradecimiento. Era evidente que Aaron estaba sacrificando sus oportunidades de gol por el equipo. Para un delantero, cuyo valor se mide por goles, no era una decisión menor.
Cualquier jugador que aspirara a ser máximo goleador en la Premier se habría quejado de algo así, incluso por un solo partido.
Mientras Jerim seguía el balón con la mirada, llegó el primer gol. El autor fue Lehmann.
Se levantó de un salto y gritó:
—¡Bien!
‘Así que el entrenamiento especial con Aaron dio frutos.’
Pero antes de que terminaran los comentarios…
«Fritz está en buena forma pese a ser titular tras tiempo. Y su conexión con Reyes es mejor de lo esperado.»
«Además, Reyes está jugando de forma muy altruista hoy… incluso cedió una ocasión clara a Fritz.»
«Es sorprendente. Incluso en entrevistas está más tranquilo últimamente… ¡Ah! ¡Gol del empate de Moulden!»
Antes de que terminaran de hablar del gol, Moulden empató. Jerim volvió a sentarse, desinflado.
Claro… no iba a ser tan fácil.
Tal como se esperaba, el partido continuó a un nivel casi de pelea campal. Uno marcaba y el otro respondía de inmediato con otro gol; como buen derbi, incluso hubo momentos de agarrones de cuello en medio del juego, y hasta los entrenadores se enfrentaron entre sí, terminando ambos con tarjetas amarillas. Si Jerim hubiera sido un simple espectador, probablemente habría disfrutado todo eso riéndose.
De hecho, Jea y Jehee miraban con los ojos brillantes, dejando incluso de lado la comida que estaban comiendo para concentrarse. Pero Jerim no era un espectador cualquiera; en circunstancias normales, él habría sido uno de los que estarían ahí dentro, agarrando del cuello a alguien.
Su expresión, naturalmente, se fue ensombreciendo con cada segundo que pasaba. “Malditos de Molden… ¿creen que nuestro equipo es débil solo porque no está el capitán?”
‘¿Esos idiotas están luchando o qué?’
En la pantalla, Marshal, a quien le habían agarrado de la manga y lanzado al suelo, sostenía su uniforme, ahora convertido en una camiseta sin mangas, frente al árbitro, suplicando con ojos llorosos que mirara lo que había pasado. El jugador de Molden que había roto la camiseta también se quejaba, con una expresión llena de injusticia.
El árbitro, con una mirada completamente harta, levantó de manera desganada una tarjeta amarilla para el jugador de Molden y mandó a Marshal a cambiarse de uniforme. Era como si estuviera espantando a una paloma que le había ensuciado la cabeza. Se notaba que estaba exhausto, tanto física como mentalmente, intentando mediar en la pelea constante entre ambos equipos.
La primera mitad terminó en ese caos total, con un marcador de 3 a 3 entre Sefton y Molden. Seis goles solo en el primer tiempo; para los espectadores, sin duda fue un espectáculo emocionante. Para Jerim, en cambio, era como si la sangre se le secara en tiempo real.
El segundo tiempo, tras los 15 minutos de descanso, siguió una dinámica muy similar. El partido era tan brusco que no habría sido extraño que alguien fuera expulsado, y Jerim no dejaba de morderse las uñas.
“Por favor, que no haya expulsiones… chicos, por favor, ¿no saben controlar las tarjetas?”
Sin contar las tarjetas de los entrenadores, ya había tres jugadores amonestados. Molden, que tenía más tarjetas, incluso hizo un cambio urgente para evitar problemas de expulsión por acumulación.
Entonces, el sonido agudo del silbato hizo que el corazón de Jerim se desplomara.
—¡No!
El sancionado era Aron. Ya tenía una tarjeta del primer tiempo, así que otra significaría expulsión inmediata. Jerim se arrastró de rodillas hasta el televisor, agarrando el borde como si fuera un objeto sagrado, observando atentamente la escena.
Un jugador de Molden rodaba por el suelo exageradamente, quejándose de dolor, mientras Aron lo miraba con total desprecio. Era el mismo tipo que en la primera mitad había hecho una actuación exagerada para provocar la tarjeta de Aron.
‘Mira nada más… a este paso va a rodar hasta salir del campo. ¿Qué se cree, un balón?’
Jerim lo maldecía con la mirada. No era precisamente espíritu deportivo, pero considerando que el otro equipo jugaba sucio también, no sentía culpa alguna.
Apenas el árbitro se acercó, Aron corrió rápidamente, levantó al jugador del suelo con fuerza y, aprovechando su desconcierto, lo agarró por la cabeza y lo metió contra su pecho, como si fueran amantes cariñosos…
≪Oh… qué escena tan emotiva. ¿Estará Reyes disculpándose?≫
≪Parece que intenta demostrar que el rival está bien… Holt, que está siendo abrazado como un bebé, se resiste con fuerza.≫
≪Por cómo se mueve, parece que ya no le duele nada.≫
Por suerte, el árbitro solo les dio una advertencia verbal a ambos. Esta vez, parecía haber notado la actuación del jugador de Molden.
≪Jaja, aunque haga jugadas altruistas, su carácter no cambia. Y Holt hoy está exagerando demasiado con las caídas.≫
≪¡Tú no hagas eso! ¡Tú tampoco! Parece que el árbitro les está regañando.≫
≪Sí, el árbitro se ve muy cansado. De momento, Reyes ha logrado evitar la expulsión.≫
≪Si Reyes también fuera expulsado en ausencia de Ban Jerim… eso sería desastroso para Sefton.≫
“¡Estos comentaristas… dejen de decir cosas de mala suerte!”, murmuró Jerim, apartándose del televisor.
Su familia lo miraba con compasión, pero él estaba tan concentrado que ni se dio cuenta.
—¡Ah, mierda! ¡Den penalti! ¡William, protesta! ¡Lehman, tírate! ¡Ruédete!
Ni siquiera se dio cuenta de que su madre, en la cama, estaba escuchando perfectamente todo.
A diferencia del primer tiempo, lleno de goles, en el segundo ninguno de los dos equipos lograba anotar. El desgaste físico por tanto enfrentamiento era evidente.
‘Bueno… es en casa del rival, empatar tampoco está mal… aunque joder.’
A medida que el partido se acercaba a su final, el ánimo de Jerim se agitaba. Había confiado bastante en la seguridad con la que Aron había dicho que ganarían.
Mientras debatía consigo mismo si un empate era aceptable o no, el partido entró en sus últimos diez minutos. Jerim empezaba a resignarse y hasta pensaba en qué tipo de vergüenza podría publicar de Aron en redes sociales.
Entonces, desde el lado derecho fuera del área, en el half-space, el balón fue disparado con una curva impresionante. El golpe con el empeine interno del pie derecho de Aron fue perfecto. El arquero de Molden se lanzó de inmediato, pero el balón rozó la punta de sus dedos y se coló en el ángulo más estrecho de la portería.
Un golazo perfecto, sin necesidad siquiera de revisar fuera de juego.
El estadio quedó en silencio por un instante, como si alguien hubiera echado agua fría. Pero en cuanto el balón dejó de moverse dentro de la red, los aficionados de Sefton estallaron en un rugido ensordecedor.
Aron se arrodilló y se deslizó sobre el césped, dejando dos líneas marcadas con sus rodillas en el verde brillante… directamente frente a la grada del equipo local.
Siempre fue experto en provocar a los rivales. Cuando un aficionado de Molden en primera fila le hizo un gesto ofensivo, la cámara cambió rápidamente de ángulo.
≪¡Aron Reyes celebra frente a la afición local! Jaja, parecía que se había calmado desde que llegó a Sefton, pero sigue siendo el mismo.≫
≪Bueno, no es una falta grave de respeto… más bien es como decir “¿les molesta?”. Pero… ¿qué es esa pose? No es su celebración característica.≫
La cámara mostró mejor su postura. Su celebración habitual era persignarse, besar su dedo meñique y alzar la mano hacia el cielo.
Pero esta vez fue distinta.
Al ver el gesto de sus manos, Jerim abrió la boca sin darse cuenta. Era un movimiento demasiado familiar para él.
≪¡La letra b! Está formando una “b” con ambas manos. ¿No es esa la celebración característica de Ban Jerim?≫
≪El jugador Ban Jerim no jugó hoy por problemas de salud de sus padres. Parece que quiso dedicar este gol a su capitán, que seguramente debe estar muy afectado. ¡Aaron Reyes está mostrando una compañerismo realmente conmovedor!≫
Con los abucheos e insultos cayendo como música de fondo, Aaron cumplió su sueño de mostrar su celebración característica en el estadio del Molden como visitante. Jerim observó la escena, atónito. La emoción exagerada la expresó en su lugar Jehee, que estaba a su lado.
—Guau, esto es una locura… joder, de verdad es increíblemente genial… ¿no, hyung?
—…Sí.
No podía responder otra cosa. Porque, sinceramente, aparte de pensar que era jodidamente, absurdamente increíble, no se le ocurría nada más.
Después de eso, hasta que se consumieron tanto el tiempo reglamentario restante como los impresionantes 8 minutos de añadido, ninguno de los dos equipos volvió a marcar. Sefton logró una victoria ajustada por un gol en el derbi. Aunque la diferencia en el marcador fue pequeña, considerando que anotaron cuatro goles y que jugaban como visitantes, fue una hazaña enorme.
De verdad… ganaron. Cumplieron la promesa. No sabía si esa sensación de flotar era por la alegría, por el aturdimiento, o porque no podía creer lo increíblemente genial que empezaba a parecerle Aaron. Desde la transmisión, los comentaristas no dejaban de mencionar el nombre de Jerim, que miraba la pantalla absorto desde fuera.
≪Ban Jerim, ¿estará viendo este partido? ¡Sefton rompe la mala racha y se lleva la victoria en el estadio del Molden!≫
≪Esperemos que lo esté viendo. Con esto, Molden rompe su racha de victorias, y Sefton mantiene firmemente su racha de 8 triunfos consecutivos en la liga. Vaya, esta temporada también parece que la lucha por el título entre ambos equipos será feroz.≫
≪Y ahora mismo otros equipos del Big 4 también vienen con buen ritmo. En cualquier caso, ¡el ganador del primer partido del Derby de Compsher es Sefton, Sefton!≫
Hasta que la transmisión terminó y empezó a sonar la música que anunciaba el final del partido, Jerim no pudo apartar la mirada de la pantalla, completamente embriagado por la euforia.
***
Partido histórico, explosión total de dopamina
Creo que ahora mismo se me derritió el cerebro
⤷ Yo también… ni puedo escribir bien ahora mismo ㅜㅜ hasta olvidé el coreano
⤷ Iba a no verlo porque Jerim no jugaba, pero como era buena hora lo dejé puesto… si no lo veía creo que me moríaㅠ
⤷ Fui a verlo al cine en transmisión en grupo y wow… la mejor decisión de mi vida, top 1
⤷⤷ ¿No había fans de Molden en el cine? ¿Cómo estaba el ambiente?
⤷⤷ Por ese lado parecía un velorio jaja. Yo me quité la camiseta y me fui rápido por miedo a que me buscaran bronca
Desde el primer tiempo estaba tan nervioso que ni miré el celular,
y al final terminé rompiendo la ropa y deslizándome de rodillas en la sala
⤷ ¿¿En la sala…?? ¿No te raspaste las rodillas???
⤷ OP: estoy en el hospital ahora, pero no me arrepiento. Solo me preocupa tener que volver a comprar la camiseta de Jerim que rompí
⤷ Eso sí que es amor verdadero;; jajaja
Después del 3-3 en el primer tiempo, en el segundo no caían goles y se puso aburrido, la verdad…
JAJAJAJAJAJA Aaron, estás loco
⤷ ¿Por qué? ¿Por el gol decisivo? ¿O la propuesta?
⤷ Obvio la propuesta
¿Por qué ver programas de citas tipo “Transfer Love”?
Si nuestro prócer juega fútbol increíble y encima arma un reality romántico él solo
⤷ Pero hoy no jugó…
⤷ Igual recibió una propuesta pública en el campo, así que contemos como que sí estuvo
⤷ Real, con toda su historia hasta podrían ir a ese programa… pero terminarían volviendo entre ellos mismos
Mejores amigos en la adolescencia → pelea brutal → reencuentro tras 10 años → otra pelea → matrimonio
Esto ya lo he visto en algún lado… hmm
⤷ Siguiendo clichés al pie de la letra
¿Aaron y Jerim también van por la ruta clásica?
Casarse con tu amigo de la escuela
⤷ Ah… la ruta que solo recorren los verdaderos de clase mundial…
⤷ Pero en este caso ambos son “ese amigo” ^^
⤷⤷ Aún mejor ◠‿◠b
El capitán de la selección española tiene otra clase hasta para confesarse públicamente
Uf… sinceramente, si yo fuera Jerim también me enamoraría
⤷ ¿Por qué usas a Jerim de excusa? Tú eres quien se enamoró de Aaron
⤷ OP: tch, por eso odio a los niños perceptivos…
⤷ Jajaja, pero Aaron también es súper popular entre los hombres, ten confianza
⤷ ¿Popular en ese sentido…?
⤷⤷ Sí, en España lleva 10 años siendo el número 1 en “deportista con el que quieres acostarte” sin importar género
¿Por qué en el extranjero hacen encuestas tan raras?
¿Jerim no salió también primero en “jugador con el que te gustaría tener una cita”? ¿Quién hace estas cosas?
⤷ En Europa los futbolistas tienen muchísima influencia, incluso más que celebridades
⤷ Desde revistas basura hasta medios serios, todos aman esas encuestas rarísimas jajaja
Pero a ver, ¿de qué sirve ser número 1 en eso si dicen que es impotente?
⤷ JAJAJAJA eso es puro rumor, joder
⤷ Dicen que volvió con Delgado, así que impotente no será jajaja, supongo
⤷ ¿Eso no es también rumor??? Sospechoso…
⤷ Con esa cara y ese cuerpo sería muy triste que fuera impotente… mejor digamos que es gay
⤷⤷ Disimuladamente estás diciendo tu deseo
Ban Jerim tiene un tipo ideal súper constante
Siempre pensé que era difícil ser tan consistente…
Pero si hasta un hombre encaja en su ideal, entonces también lo conquista
⤷ ¿No será que Jerim fue el que lo conquistó…?
⤷⤷ Uno con rumores de impotencia vs uno con cuatro relaciones públicas… ¿quién crees que empezó?
⤷ En serio, aquí Jerim fue el maloㅠ
Pero entonces, ¿por qué dicen que lo de “hacer la celebración en su lugar” es una propuesta de matrimonio???
Recién empecé a ver fútbol… explíquenmelo a mí también
⤷ En realidad es común imitar la celebración de un compañero que metió el gol, sí. Pero Aaron nunca había hecho algo así… además, el gol lo metió él mismo… y encima Jerim ni siquiera estaba jugando…
⤷ + lo de arriba. Solo están exagerando entre fans porque ganaron jajaja
⤷ Supongo que porque en esa celebración se mezclaron consuelo para Jerim + respeto al capitán + cariño de amigo
⤷ Es como si tú hicieras algo increíble, sales a recibir un premio y de la nada dices “le dedico este premio a mi amigo X”, que ni siquiera está ahí, y le lanzas el trofeo. Es más o menos eso
⤷ OP: uff… ya veo… entonces sí parece propuesta
¿Jerim habrá visto el partido?
No sé de lo demás, pero al menos debería saber que “le propusieron matrimonio”…
⤷ Subió una historia elogiando a sus compañeros~ parece que lo vio desde el inicio jaja
⤷ Ojalá Aaron también publique algo prontoㅠㅠ ya que se siguen mutuamente, que interactúen más ahoraㅠㅠ
Ya dejen de hablar de Aaron y Jerim y hablemos del partido
Ganamos el derbi y están con lo de la “propuesta”, qué tontería
⤷ Váyase, señor, antes de que le rompamos el bastón
La verdad, como dijeron que Jerim no jugaba, pensé que perderían seguro
Si él hubiera jugado, ¿habrían ganado con más facilidad?
⤷ Probablemente no habríamos sufrido tanto en el primer tiempo
⤷ Sin Jerim, la calidad de los pases baja bastante… uff
⤷ Cuando estaban presionados, extrañé muchísimo esos pases filtrados detrás de la defensaㅜ
Ah~~ ¿quién pierde un derbi? jaja
Encima en su propia casa jaja qué vergüenza
⤷ ¿No tienes mala memoria o qué?
⤷ La temporada pasada Sefton perdió todos los derbis, ida y vuelta, eh
⤷ El de arriba habla tonterías, solo perdieron de visitante, en casa empataron
⤷ Si empatas en casa… es prácticamente perder, ¿no?
⤷ Entonces ustedes que sí perdieron en casa, ¿qué son? usa el cerebro
Habían dicho que el ganador del derbi se quedaba con Compshire
Así que Molden mejor no se meta más y desaparezca
⤷ Es que ahora mismo en su foro solo suben memes de pizzas quemadas
⤷ Déjalos, tienen que desahogar su humillación de alguna forma…
⤷ Parece que no sabes lo que significa “humillación”; ganaron por un gol y están así de felices, dan penaㅠ
⤷⤷ Sí, pero ustedes +0 puntos y nosotros +3
Ya dejen de pelear
Cualquiera diría que son ingleses de verdad viviendo en Compshire jajajaja
⤷ Literal jajaja, ni siquiera jugó Jerim y todos están demasiado metidos
⤷ Pero si Jerim está ahí, ¿no podemos ser ciudadanos honorarios de Sefton?
⤷ Jerim ahora mismo está en Corea…
Entonces que Corea se quede con Sefton
Total, ahí todos son del clan Ban
⤷ JAJAJAJAJA
⤷ Es verdad, los fans locales todos llevan “BAN” en la espalda
⤷ ¿La camiseta de Jerim sigue siendo la más vendida? Con Aaron pensé que cambiaría
⤷⤷ No, sigue igual. Aaron está segundo
¡¡¡OYE MIERDA AARON ESE LOCO SUBIÓ ALGO EN SUS REDES!!!
¡¡¡ES LA PRIMERA VEZ QUE INTERACTÚA CON JERIM DESDE QUE SE SIGUEN!!!
⤷ ¿Qué??
⤷ Pasa el link
⤷⤷ OP: (foto) qué descarado jaja míralo en captura
aaron.r ¿Lo viste? Te regalé un gol @banjerim
banjerim Entonces sube ese gol a mi nombre en las estadísticas
aaron.r Eso reclámalo tú mismo
william_carter cállense ya, otra vez empiezan
william_carter ¡Respondan en el chat grupal! @banjerim
***
—Ay, por favor, recupérate pronto. Ah, cierto, en noviembre no creo que pueda ir a Corea, así que cuídate bien.
A Jerim ya no le apetecía seguir escuchando, así que cambió de tema. Su madre, al verlo así, sonrió suavemente.
—Está bien… procuraré que no vuelva a pasar algo así. Ah, cierto. ¿Y tu amuleto? Dijiste que se rompió. ¿Quieres que te consiga otro?
—¿No estaba esa chamana en medio de una montaña? ¿Vas a ir con tu salud así…?
—Pero, hijo, hoy en día hasta los amuletos te los envían por correo certificado.
—¿Eso no es una estafa total?
Por muy avanzada que estuviera la época, eso de mandar amuletos por correo le parecía absurdo. Al ver su reacción, su madre se puso a defender con empeño a la chamana.
—Tú mismo dijiste que te había funcionado un poco. Es alguien realmente poderosa.
—Mmm…
Después de que el amuleto se rompiera, sí que ocurrieron cosas raras… no, más bien indecentes. ¿Qué efecto tenía ese amuleto? Ah, sí, que le advirtieron que tuviera cuidado porque una mala relación del pasado volvería a atormentarlo. Tras pensarlo un momento, Jerim negó con la cabeza.
—No, ya no lo necesito. No creo que llegue a ser una “mala relación del pasado”…
Mientras decía eso, su expresión estaba más relajada de lo habitual.
***
El lugar que Aaron eligió para la cena no fue otro que su propia casa. Jerim, que incluso había buscado un restaurante español, le preguntó varias veces si de verdad estaba bien con eso, pero Aaron respondió con cara de desconcierto.
«¿Comida española? ¿Te apetece? Entonces no hace falta ir a un restaurante. Podemos cocinar en casa.»
Se le había olvidado que Aaron cocinaba bastante bien. Aun así, no era lo mismo comer en un restaurante que hacerlo en casa. Además, el menú no lo había elegido porque él quisiera, sino pensando en Aaron.
Pero no pudo decirle sinceramente: «¿No extrañas la comida de tu país? Lo elegí por ti». Si lo decía, seguro que el capitán empezaría a decir, con esa cara perfecta tan irritante, que estaba conmovido porque pensaba tanto en él.
En su lugar, le pidió que le dijera si prefería otra cosa, pero Aaron cortó cualquier conversación diciendo que no le gustaba mucho comer fuera.
¿No eras tú el que dijo que te invitara? Yo también pensaba invitarte… así parece que soy yo el invitado.
—Ah…
Aunque ya había estacionado en el garaje, Jerim no se atrevía a entrar. La bolsa alargada que llevaba en la mano se balanceaba pesadamente cada vez que intentaba avanzar. Era una botella de vino blanco que había comprado para no llegar con las manos vacías.
Como no sabía mucho de vinos, le pidió al vendedor el más caro y delicioso para acompañar mariscos… y le recomendaron uno absurdamente caro. Aun así, como al final parecía que él estaba siendo el invitado, decidió llevar algo decente como cortesía.
Si me quedo aquí en el garaje…
No, tampoco podía. Además, hacía frío. Y sería un desperdicio del vino.
Al final entró. En cuanto abrió la puerta, el delicioso aroma lo envolvió, haciendo que su estómago, acostumbrado a tilapia y pechuga de pollo a la plancha, reaccionara al instante. Siguiendo el olor, llegó a la cocina.
La mesa ya estaba llena de platos apetitosos. En platos de madera había pan crujiente con ajo y tomates cherry, acompañados de cebollas tiernas doradas. También había frutas frescas, queso, jamón y salchichas bien presentados.
Además, había patas de pulpo, camarones y mariscos humeantes, preparados de distintas formas. Incluso vio un plato de bacalao con miel que solía comer cuando estaba en el FC Tabara.
A pesar de todo eso, Aaron seguía cocinando con un delantal puesto.
—Llegaste.
—Sí… pero, ¿por qué hiciste tanta comida?
Jerim apenas pudo apartar la mirada de la mesa. Quería sentarse y comer con las manos sin importarle nada, pero se contuvo. Ya ni recordaba que había dudado si merecía ese trato.
Aaron llevó una paella a la mesa y sonrió de lado.
—Vienes invitado a cenar y lo primero que le dices al anfitrión es eso.
—Es que cocinaste como en un restaurante… gracias por invitarme. Toma esto.
Le entregó la bolsa. Aaron sacó la botella, la observó y comentó:
—Compraste algo bueno.
—Es carísimo, así que ni una gota se desperdicia. Y ni se te ocurra decírselo al entrenador.
—Vale, lo intentaré. Pero tú no deberías beber, ¿no?
—Una copa no pasa na—
—A mí sí me importa. ¿Otra vez vas a querer irte caminando a casa?
Aaron lo interrumpió y solo sacó una copa de vino. Frente a Jerim puso un vaso de agua.
Jerim no tuvo más remedio que ver cómo servían vino aromático para Aaron y agua para él.
—…Gracias por la comida… supongo.
—Si estás agradecido, dilo sin dudar.
—No sé. No molestes.
Aunque estaba algo fastidiado por no poder beber el vino que él mismo compró, en cuanto probó la comida, se le pasó todo.
Vaya… ¿qué es esto? ¿Planea ser chef cuando se retire?
Tras unos bocados, murmuró:
—Oye… la próxima vez, si quieres algo, dímelo.
—Este vino ya cuesta lo mismo que un buen reloj. Está bien así.
—No, me incomoda.
—Entonces regálame algo bueno en mi cumpleaños.
Aaron cortó un trozo de pulpo y lo dejó en el plato. Jerim lo tomó automáticamente.
Sin pensarlo, su cuerpo reaccionó antes que su mente. A pesar de haber estado separados diez años, aquel gesto le resultaba natural.
—Ah, cierto. Tu cumpleaños ya viene, ¿no? ¿Vas a hacer fiesta?
El cumpleaños de Aaron era el 31 de octubre, justo en Halloween. Ya lo habían invitado a una fiesta en un club privado, pero si Aaron organizaba algo, pensaba ir con él. Aunque la temporada iba bien, no le apetecía celebrar demasiado durante la liga.
Si no iba, Edson se pondría de mal humor, pero bueno… el simple hecho de no haberle dado la lata para que no hiciera fiesta ya contaba como un acto de misericordia por parte del capitán. Además, Edson había prometido que solo sería esta vez. Si no le dejaban divertirse nunca, era de los que se venían abajo anímicamente a medida que avanzaba la temporada, así que ese pequeño margen de indulgencia era necesario.
Aun así, pensando que sería mejor de cara a los fans asistir al cumpleaños de un compañero antes que a la fiesta en el club de Edson, se lo preguntó. Pero Aaron reaccionó de forma inesperadamente poco entusiasta.
—No sé, aunque haga algo, no creo que sea a lo grande. Edson ya me invitó primero a su fiesta… dice que celebremos ahí también mi cumpleaños.
—Ese tipo está loco. ¿También va a organizar tu cumpleaños? Parece que si no sale de fiesta se muere.
—Estaba feliz porque le diste permiso para la fiesta. ¿Por qué lo hiciste? Yo jamás permitiría que mis compañeros de selección salieran de fiesta antes de un partido. En Tabarona también era igual.
Aaron no parecía muy conforme. Aunque le gustaba divertirse, cuando se trataba de su trabajo se volvía extremadamente serio. Quizá por eso el entrenador de España le había dado el brazalete de capitán.
Y aunque no le gustaba la idea, no le dijo nada a Edson por respeto a la autoridad de Jerim como capitán del club.
Al disiparse el resentimiento acumulado durante diez años, esos aspectos más serios empezaban a hacerse evidentes. No era una buena señal. Jerim bebió un sorbo de agua y negó con la cabeza.
—¿No conoces lo de zanahoria y palo? A veces también hay que aflojar.
—Hmm… conmigo solo usas el palo, pero con los demás eres más indulgente.
—No jodas. Esta cena la había planeado como un premio para ti. Pero como te ofreciste a invitar tú, dejó de serlo.
No era nada especialmente gracioso, pero Aaron se rió como si lo fuera. Jerim apartó la mirada y le dio una patada ligera bajo la mesa.
—En fin, si haces aunque sea una fiesta pequeña, invítame. Te daré un buen regalo.
—Lo esperaré.
Salvo por el tema del vino al principio, el ambiente de la cena fue muy bueno. Tal vez gracias a la comida. A diferencia de lo habitual, Jerim comía sin parar, y Aaron lo observaba apoyando la barbilla en la mano.
—Comes bien. ¿Te gusta?
Con la boca llena, Jerim asintió y luego preguntó:
—¿Cuándo aprendiste a cocinar?
—Cuando empecé a sentirme aburrido… pensé que tener un hobby fuera del fútbol ayudaría. No sirvió mucho, pero bueno.
—Con ese nivel ya no es un hobby. Parece que sí te va bien.
Era evidente que había pasado por una etapa de monotonía. Jerim intentó responder de forma ligera, pero acabó diciendo algo de más.
—Seguro que a tus parejas les encantaba cuando cocinabas así.
—¿Parejas?
—Aparte de Delgado, habrás salido con más gente, ¿no?
…Mierda, ¿por qué sacar ese tema? Las palabras ya habían salido. Aaron parpadeó lentamente, sorprendido.
—Bueno… ¿y tú?
—¿Yo? Ni siquiera sé cocinar como para invitar a alguien.
—No eso. Después de lo nuestro… ¿con cuántos más estuviste?
—Ni idea. ¿Tú crees que me puse a contarlos?
Era la mejor forma de tapar su metida de pata. Además, era verdad. Aunque no había tenido tantas relaciones comparado con otros jugadores, muchas habían sido breves.
—…Debiste llevar una vida bastante desordenada. Con razón te llaman “fácil”.
Aaron lo dijo sin mirarlo siquiera. El ambiente se tensó de inmediato.
—¿Y tú qué? ¿Recuerdas todas tus relaciones de estos diez años? Ah, claro… ¿porque todos eran “tu cielo”?
Era una burla, pero Aaron respondió sin dudar:
—Solo te llamé así a ti.
—……
El silencio se instaló. Solo se oían los cubiertos. Jerim miró hacia abajo y frunció el ceño: Aaron estaba destrozando un trozo de bacalao en su plato.
—¿Por qué torturas al pescado?
—¿Y qué? Ya está muerto.
—¡Qué desperdicio!
Aaron suspiró largo, tomó la copa y bebió el vino de un trago. El aroma llegó hasta Jerim.
Ya habían terminado de comer y, viendo eso, no pudo resistirse.
—…No voy a insistir en irme caminando. Déjame probar un poco.
—No.
La negativa fue tajante. Jerim se enfadó y ambos empezaron a forcejear por la botella sobre la mesa.
—¡Solo un sorbo! ¡Yo la compré!
—Ya me la diste, es mía. Bebe agua.
—Qué tacaño.
—No sabes controlar lo que bebes.
—¡Una copa no pasa nada!
—Ya perdiste la confianza.
Jerim se levantó para quitársela, pero en el forcejeo la botella se inclinó peligrosamente… y el vino se derramó.
El líquido dorado empapó el pantalón de Aaron.
—…Ah.
—Mierda, era carísimo…
—¿Te preocupa el vino y no yo?
—No está caliente, tranquilo.
Jerim trajo servilletas y las puso sobre su pierna… y aprovechó para beber directamente de la botella lo que quedaba.
Aaron lo miró incrédulo.
El vino era excelente. Aroma suave, sabor afrutado… perfecto.
Aunque quiso terminarlo, se contuvo. Luego siguió limpiando.
—No se ve si ya quedó limpio… levántate y…
Antes de terminar, Aaron le sujetó la cara con ambas manos y lo apartó bruscamente hacia atrás.
—…No, mejor vete ya.
—¿Qué?
—Que lo dejes y te vayas. Yo me encargo de limpiar.
Aaron soltó las mejillas de Jerim y murmuró con prisa. Jerim, molesto, volvió a agarrar las servilletas.
—¿De qué hablas? ¿Me estás echando por derramar un poco de vino? Te dije que lo limpio.
—No es eso…
—Cállate y levanta el trasero. Oye, pero tienes los muslos bien duros…
Hasta hace un momento no lo había notado por la cantidad de papel, pero a medida que las servilletas mojadas se afinaban, empezó a sentir el músculo del muslo de Aaron. Jerim también era futbolista y tenía las piernas bien entrenadas, pero algo así era distinto. No en vano lo llamaban el mejor delantero del mundo.
Duros, calientes, con volumen… y además reaccionaban cada vez que movía la mano. La forma que tocaba era gruesa, cilíndrica…
En el muslo no debería haber un músculo así.
Al darse cuenta de lo que realmente estaba tocando, Jerim terminó la frase en un hilo de voz.
—…do.
Moviendo solo los ojos, miró de reojo el muslo de Aaron. Ahora que se fijaba, por encima del montón de servilletas blancas se alzaba claramente algo que cualquier hombre reconocería.
En realidad, lo que sobresalía bajo la tela del pantalón era una erección que no podía pegarse del todo al cuerpo, marcando su presencia de forma evidente. Y él mismo la había estado presionando con la mano sin darse cuenta…
Intentó apartarla con naturalidad, pero no le salió. Si retiraba la mano de golpe, se notaría demasiado. Incluso le temblaban un poco los dedos.
Cuando por fin escondió la mano en el bolsillo, Aaron, cubriéndose los ojos, susurró como suspirando:
—…Por eso te dije que pararas.
—Pero ¿qué es esto? ¿Por qué? ¿Qué pasa? No eres un adolescente…
Acababa de mojarse con vino frío, ¿y aun así se le levantaba? Ni siquiera había intención sexual, solo estaba limpiando…
Levantando el dedo, Jerim protestó, y Aaron respondió, indignado:
—Me estabas frotando directamente. ¿O ya olvidaste quién se excitaba solo con verme la cara?
—¡Eso fue porque tú me estabas rozando la cara en el muslo…!
Jerim se alteró, pero pronto se calmó. Sabía que discutir eso no llevaría a nada.
—Da igual… no tiene sentido discutir esto. Se ve fatal, así que haz que se baje de una vez.
—¿Y cómo quieres que baje sin hacer nada? Si sabes un método, dímelo.
—¿Te echo más vino encima?
—¿Para qué, para que huela mejor? Ni de broma.
—Entonces ve al baño.
—…No puedo moverme. Duele.
Intentó levantarse, pero se volvió a sentar. No estaba exagerando. Mientras se tocaba la cara, su excitación era evidente. Su cuello, sus orejas… estaban rojizos, algo completamente impropio de él.
‘Ah… qué tierno…’
El pensamiento cruzó por la mente de Jerim, que rápidamente se tapó la boca, incómodo.
Ver a Aaron así, sonrojado, era algo raro. Quizá por eso resultaba tan… llamativo.
Bajó la mirada para evitarlo, pero entonces lo que vio fue peor: el bulto en su muslo, claramente marcado.
Era tan evidente que parecía moverse bajo la tela. Jerim no pudo apartar la vista.
Y entonces se dio cuenta de algo más.
‘Este tipo… cambió de lado.’
Antes lo llevaba al otro lado. El recuerdo le vino a la mente sin querer.
También recordó cómo ambos se quejaban de lo incómodo que era acomodarlo dentro del uniforme, y cómo otros compañeros les decían que dejaran de quejarse.
Desde la primera vez que vio aquello de cerca, Jerim había dejado de bromear sobre el tema con Aaron.
Porque realmente era… grande.
Y porque, en algún momento, pensó que podrían acabar haciendo algo más serio con eso…
Aunque, al final, todo había fluido con naturalidad.
En realidad, más que nada, lo que recordaba era que Aaron, pese a su apariencia, se había puesto nervioso hasta el punto de sangrar por la nariz… y eso le había parecido tan gracioso y tierno que acabaron siguiendo adelante sin más.
‘Pensándolo bien… también en ese momento fue porque me pareció lindo que pasó todo.’
Wow… en serio, ¿qué hago con estos malditos ojos que tienen un gusto tan persistente? ¿Por qué cada vez que ese tipo actúa de una forma tan poco propia—avergonzado o dócil—me parece lindo? ¿Por qué, después de más de diez años, mis gustos siguen siendo exactamente los mismos? Ojalá pudiera cambiarlos al revés, así como él cambió la forma en que… guarda eso.
…Y si pudiera deshacerme también de esta parte baja del cuerpo absurdamente saludable, aún mejor.
Al final, tanto antes como ahora, el origen de todos los problemas eran estos malditos ojos y este maldito cuerpo. O una cosa o la otra, pero no ambas a la vez…
Jerim se cubrió el rostro caliente con la mano y murmuró:
—Mierda… en serio me voy a volver loco…
—El que debería volverse loco soy yo, ¿y tú dices eso…?
Aaron iba a responder con irritación, pero se quedó a medias. Miró fijamente a Jerim por un momento y luego le levantó la barbilla, inclinándole la cabeza.
—…Tienes la cara roja, ¿no?
Sus ojos dorados, aún cargados de excitación, brillaron con una especie de certeza. Jerim apartó su mano rápidamente.
—Es, es vergonzoso… claro que—
—Mentira.
Aaron lo interrumpió sin dudar y lo levantó por la cintura, sentándolo sobre la mesa. El cambio de altura fue repentino y Jerim se estremeció.
Aunque ya era sorprendente que lo alzara así, lo peor era que ahora no podía ocultar lo que pasaba abajo.
Intentó encorvarse, pero Aaron fue más rápido. Al ver la clara señal de excitación, sonrió de lado.
—Tú también estás así, Jerim.
—Suéltame…
Jerim intentó apartarlo, pero Aaron lo rodeó con ambos brazos y apoyó la barbilla en su abdomen.
—Yo me excité porque tú me tocaste… ¿y tú por qué?
—…Ni idea, joder. Mis gustos están arruinados…
—¿Yo soy el problema?
Sí, maldito. Tan irritado estaba que terminó golpeándole los labios con la mano.
El sonido seco resonó. Aaron frunció el ceño, pero enseguida tomó la mano de Jerim y besó la palma.
—Creo que ahora también te excitas pegándome. Vamos a comprobarlo.
—¡Deja de decir tonterías y suéltame!
Jerim intentó liberarse, pero Aaron le mordió suavemente la muñeca. El contacto le hizo estremecerse.
—Oye, yo no pienso seguir así contigo…
—Ya sé que no.
—¡Entonces suéltame! Dijimos que no cruzaríamos la línea.
—Pero… ¿no la cruzamos ya?
Jerim se quedó sin palabras. Aaron señaló la situación.
—Yo, excitado porque me tocaste… y tú, excitado viéndome así.
Dicho así, sonaba terrible. Y sin embargo… era cierto.
Aaron decidió no dejarle escapatoria. Con una mano bajó la cremallera de su pantalón y tiró de la tela hacia abajo.
El cuerpo de Jerim reaccionaba por completo, y verlo así lo dejó sin aliento.
Aaron lo sostuvo con firmeza, recorriéndolo con la mano mientras sus dedos exploraban con lentitud, provocando reacciones cada vez más evidentes.
—Dijiste que me darías un premio, ¿no?
—¡Ah…! Oye, basta…
Pero no se detuvo. La intensidad aumentó, provocando que Jerim se estremeciera y respirara con dificultad.
Aaron siguió acercándose, recorriendo su torso con los labios, mientras Jerim intentaba resistir.
Apenas lograba mantenerse erguido, luchando por no caer completamente sobre la mesa aún llena de comida.
Fue justo en ese momento, cuando de repente le invadió la sensación de “¿qué demonios estoy haciendo?” en medio de la cena. Aaron, que había estado mordisqueando su abdomen a su antojo, dejó un beso sonoro cerca de la boca del estómago de Jerim y se apartó.
Luego lo miró con una expresión extrañamente melancólica, y, mientras trataba de regular su respiración agitada, preguntó con un tono sorprendentemente cuidadoso, completamente fuera de lugar para la situación:
—Dímelo con sinceridad. Cuando viste que hice tu celebración… ¿no quisiste recompensarme?
Ah… este maldito zorro. No podía ser otra cosa: claramente sabía que cada vez que actuaba sumiso o dócil, lograba provocarlo. Su expresión y su tono eran tan precisos que golpeaban directamente los deseos de Jerim. Sabía que no debía caer, lo sabía perfectamente… pero…
—…Mierda…
Maldiciendo entre dientes, Jerim agarró a Aaron por la parte de atrás de la cabeza, tirando de su cabello para acercarlo a su altura. En el instante siguiente, bajó la cabeza y devoró con ansia esos labios que llevaba rato queriendo golpear.
Esa fue su respuesta.
El que decía que no podía moverse por el dolor, enseguida enderezó el cuerpo y respondió con igual intensidad al beso brusco.
<Continuará en el volumen 3>
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